Nietísimos de Franco

La primera parte de la palabra democracia hace referencia al censo electoral. El demos no es el pueblo en sentido social ni folclórico; es la comunidad política con derecho a decidir quién debe gobernarlo. En la democracia griega ni las mujeres ni los esclavos ni los idiotas estaban incluidos en esa comunidad decisoria, pero en las democracias modernas todos son bienvenidos a condición de que acrediten una misma nacionalidad. En las mejores democracias, como la danesa, un nacional puede perder su derecho a voto por vivir fuera del país. Pero en todo caso la nacionalidad es una categoría espacial, no temporal: acota a los pertenecientes por nacimiento o por voluntad reglada a un determinado lugar en el mundo, no a una determinada época de la historia. Este límite es el que pretende romper Pedro con el acelerador de partículas genealógicas conocido como ley de Nietos-Puente, una cacicada sursudanesa con nombre de árbitro de segunda que, en efecto, perseguía una ampliación arbitraria del censo en la esperanza de acarrear hasta las urnas a votantes no maleados por los seudomedios españoles. Este es el plan que acaba de frustrar el Supremo, para gran cabreo de Pedro. Y cuando Pedro se cabrea, Cándido sabe que tiene que quitarse la toga y ponerse la librea.

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14 octubre, 2026 · 19:08

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