
Los griegos llamaban apoteosis al proceso de conversión de un mortal en un dios. Hércules es el caso paradigmático, como los césares en Roma. Es una operación que ese animal religioso presuntuosamente publicitado como sapiens no sabe dejar de hacer, tampoco quienes habitamos las sociedades secularizadas del siglo XXI, si bien la calidad de nuestros dioses ha empeorado bastante desde las cosmogonías de Hesíodo. La última mortal en ser ascendida al olimpo atendía por María del Carmen Abascal, madrileña de 87 años muerta en el hospital dos semanas después de ser desahuciada. Su muerte no extingue el culto sino que lo inaugura. Santa súbita, canonización laica, altares de plástico, coros de canción protesta por liturgia responsorial.






