
Cuando llegué a este lugar de La Mancha llamado Urda, a las ocho en punto de la tarde del día de la tragedia, doblaban las campanas de la iglesia de San Juan Bautista, muy cerca de la plaza del ayuntamiento donde los vecinos guardaban un minuto de silencio. Me acordé entonces del verso de John Donne que dio título a la novela de Hemingway, Por quién doblan las campanas.






