Archivo de la etiqueta: con la Iglesia hemos topado

Oficio de pandemias

Cada tarde Fernando recoge los cartones del Mercadona en los que parece pernoctar y da una rueda de prensa sobre lasituación de la pandemia. A Fernando le gusta el mar, pero no puede escaparse a visitarlo tanto como quisiera y tiene que conformarse con surfear olas víricas; hasta la fecha ha cogido tres. También le gusta la montaña, pero los únicos picos que escala ahora son los de la curva epidemiológica. A pesar de la experiencia alpina acumulada en el último año, todavía no ha aprendido a distinguir los momentos en los que el terreno sube o baja, así que cuando pronostica una estabilización todos corremos al supermercado. Pero es que acertar no es su trabajo: él sale y comenta, pararrayos ceniciento a fuerza de concentrar en sí la cólera que merece quien ha decidido que siga saliendo y comentando.

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17 enero, 2021 · 20:15

La derecha que viene

Se llaman Tatiana, Claudia, Bosco y Emma. Son amigos, tienen 15 años, van a un colegio concertado y residen en Boadilla del Monte, municipio donde el PP gana por abrumadora mayoría.

Los padres de Tatiana abandonaron Cataluña cuando la deriva se les hizo irrespirable. «En el colegio la moda era ser indepe, como aquí ahora ser de Vox», dice Tatiana, que tiene familia en Vic y una idea muy precisa de lo que es la xenofobia. Es favorable a la inmigración -«Los españoles también emigraron»- y señala dos hipocresías: la del progresista que aplaude a los inmigrantes pero no los quiere en su barrio y la del reaccionario que denuncia que vienen a quitarle los trabajos que él no quiere hacer. Su castellano es impecable. Está a favor del matrimonio gay («Solo cuenta el amor»), de la eutanasia y de la monarquía: «Veo más capacitado a Felipe VI que a cualquier político».

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21 diciembre, 2020 · 10:09

Odiar a los pobres

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Otro amigo de los pobres.

La Fundéu, donde pasamos pocos pero doctos ratos juntos, ha elegido aporofobia como palabra del año. Es un compuesto griego que vale traducir por rechazo a los pobres y que acuñó Adela Cortina con benemérito propósito de denuncia. Yo se la escuché hace unos años a Jesús Caldera, que andaba por entonces regularizando inmigrantes en el gobierno de Zapatero. Pese a la novedad de su significante, su significado es tan antiguo como la xenofobia o aversión al extranjero, incluyendo al charnego de Tabarnia. Ahora bien, aporofobia, lo que se dice aporofobia, la experimentan todos los bolsillos. Es un recelo transversal que habita en el clasismo de los ricos tanto como en la esperanza de los pobres, que maldicen su condición, y cuyo mayor deseo es dejar de ser pobres. Porque la pobreza no le gusta a nadie salvo a los franciscanos y a los comunistas, dos vocaciones que tienden a desaparecer en cuanto llega la prosperidad. El hedonismo vacía las iglesias y las sedes de partido, pero el comunismo descubrió la manera de garantizarse la vigencia del negocio: fabricar pobres en cantidades industriales para luego correr a socorrerlos. Por eso Maduro es el empresario del año. Se empieza expropiando edificios y se acaba privatizando la democracia. Porque toda propiedad es un robo… menos cuando robas tú.

Esto del orgullo de mandar en la propia hambre, tan cantado por la mala literatura de lucha de clases escrita con buenos sentimientos burgueses, insulta la inteligencia de la famélica legión, que ni quiere ser legión sino individuo, ni quiere seguir famélica sino escalar de clase. Nada asquea tanto como ver a un próspero progresista recetar para los demás la fracasada ideología de la que él mismo se guardó muy cucamente para amasar su fortuna. Ese fariseo que prescribe la vida en Esparta mientras se queda a vivir en Atenas. Ese turista del ideal que lucha por doce causas en pijama, que debería ser el uniforme del tuitero concienciado. Pero hace falta odiar mucho a los pobres para querer salvarlos del capitalismo.

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El bueno (Tabarnia), el feo (Rafa Mayoral) y el malo (Jordi Pujol Ferrusola)

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30 diciembre, 2017 · 11:26

Bergoglio se confiesa

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No parece el Anticristo.

Entre los católicos españoles más ortodoxos corre un malicioso chascarrillo según el cual ya no urge rezar por la conversión de Rusia y las intenciones del Papa, como fue costumbre durante el siglo XX, sino por las intenciones de Putin y la conversión del Papa. Un pellizco de humor de sacristía por lo demás revelador de la inversión categorial con que va desenvolviéndose el siglo XXI. Hoy tenemos una China aperturista, unos EEUU en trance de aislamiento, una Rusia que llama a la cruzada y un Vaticano de izquierdas. El personal anda despistado, claro.

Pero a despecho de tanta atribución política como pesa sobre él, quizá este Papa -qué decepción- no sea más que un cristiano común, y un hombre más común todavía pese a su credencial divina por cuanto nada es tan humano como la contradicción. Hay varias en la entrevista de Bergoglio. Condena el liberalismo pero acepta que los intermediarios comerciales se ganen la vida con las comisiones propias de su oficio. Abusa del calor retórico de La Gente, pero rechaza la premisa fundamental con que opera el populismo: frente al conflicto abstracto entre pueblo y élite, Bergoglio prescribe diálogo y concreción, y además no ve la tele, que es el primer mandamiento de las tablas populistas. Es depositario de un mensaje secular de salvación, pero alerta contra los salvapatrias que florecen en las crisis. Y la contradicción mayor: es argentino pero hace autocrítica.

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23 enero, 2017 · 14:15

La mora y la pijaflauta

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Cartel esperanzador en una piscina marroquí.

El oxímoron que resumirá la lucha más justa del siglo XXI es este: feminismo islamista. Porque será una cosa o será la otra. Un feminismo verdaderamente combativo es más necesario que nunca en las tierras de Alá, donde si la vida de una mujer aún se tasa en camellos -ya el plural resulta generoso-, el ejercicio de su libertad sexual directamente se mide en latigazos. Por eso escarnece la inteligencia esa pirueta argumental que están tratando de ejecutar las feministas de mucho progreso, bien radicadas en sociedades abiertas. Son las pijaflautas, pintoresca criatura mixta de frivolidad zoolander y moralismo huracanado que vende el burkini como una elección textil más o menos exótica y que, desde la hamaca del resort, clama contra la islamofobia mientras traiciona la sagrada solidaridad con sus oprimidas congéneres. Con semejantes aliadas occidentales nunca les faltarán piedras a los lapidadores orientales.

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27 agosto, 2016 · 16:03

¿Un Papa populista?

Pope Francis visits Lesvos

Epifanía de Francisco en Lesbos.

Hay un católico que recela en secreto del viaje de Francisco a Lesbos; y no porque las tres familias de allí rescatadas hayan resultado musulmanas, sino porque entiende mejor los motivos pastorales que los meramente «humanitarios», en expresión del propio Pontífice. Hay un liberal que lo acusa de peronismo jesuítico. Hay un progresista que lo aplaude casi sin matices. Y hay un populista que se apropia de lo que le sirve y lamenta que no rompa ya a bendecir la transexualidad episcopal, la marihuana recreativa y la lucha de clases. A mi juicio todos se equivocan.

La Iglesia cuenta por serenos siglos lo que el mundo vive como vertiginosos años, y en su historia se han dado ya todos los arquetipos: también el de papa revolucionario. En la indisimulada teatralidad de Francisco redescubrimos las viejas estrategias de la Contrarreforma, cuando desde el núcleo romano extendió Bernini la más genial propaganda del catolicismo, liderada por los jesuitas. Sólo que este Papa elige la pobreza en vez del barroco para comunicar un mismo mensaje de trascendencia. Cuando el liberal extraña los buenos tiempos de Wojtyla, en que el Vaticano se aliaba con la Casa Blanca para derribar el comunismo, olvida que el liberalismo estuvo tan condenado como el adulterio. Cuando el socialdemócrata se emociona con la caridad franciscana, no repara en que su ideología sólo es una secularización del Evangelio, no al revés. Y cuando el populista marxiano pide curas obreros, ignora que Jesucristo protagoniza tantas escenas que cabría calificar de populistas -curar enfermos, multiplicar panes y peces- como otras en las que llama al respeto institucional -¡y hasta fiscal!- reservando al César lo suyo o prohibiendo a sus favorecidos difundir quién los sanó, porque no había llegado su hora.

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18 abril, 2016 · 11:38

La homilía performativa de don Rouco

Acto performativo del lenguaje.

Acto performativo del lenguaje.

Y entonces el cardenal decidió añadir el sintagma de la discordia: “… y que la pueden causar”. Se refería a la guerra civil, no como concepto discutido y discutible sino como realidad producida y reproducible, y en el torpe deslizamiento semántico hacia este segundo adjetivo todo el sermón se le despeñó por la pendiente vertiginosa de la hipérbole. Y los españoles, pastoreados por el nuevo mester de clerecía que integran teletipistas astutos y tertulianos de ancha vestidura, corrieron a cumplir la infalible sentencia de Foxá: “Los españoles están condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote”.

Si Foxá no exageraba en un sentido literal, quizá Rouco tampoco en un sentido figurado, a jugar por las inflamadas reacciones a su polémico sintagma. ¿Hipérbole? No tan rápido, españoles. El filósofo del lenguaje John Langshaw Austin tipificó en su conocida teoría de los actos del habla una modalidad lingüística a la que llamó performativa, y a la que definió por su fascinante poder de causar aquello que nombra en el momento mismo en que lo nombra. Si un cura católico, explicaba Austin, pronuncia en las circunstancias apropiadas la frase “Yo te bautizo”, no simplemente estará pronunciando una fórmula ritual sino que estará introduciendo a una nueva oveja en el rebaño de Dios. El lenguaje performativo es por tanto la modalidad adecuada a toda liturgia, pero no solo a la religiosa sino también a la judicial –yo, Pablo Ruz, condeno al Barça a pagar tanto dinero escamoteado a la caja pública, por ejemplo–, o incluso a la afectiva: “Te perdono, Palomita, pero no me los vuelvas a poner”. Desde ese mismo instante, el Barça sería (no más que) un club condenado y Paloma una casquivana novia redimida por obra y gracia del puro lenguaje.

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2 abril, 2014 · 8:24