
No hace falta haber leído los Escritos anticristianos de Voltaire para ser tomado por un racionalista respetable, como lo era el finado Jürgen Habermas. En célebre diálogo con Ratzinger vino a reconocer la insuficiencia moral de la razón democrática. Es decir, concedió que la democracia solo pervive bajo ciertas condiciones espirituales que ella no puede generar por sí misma. El pensador alemán, considerado el padre de la democracia deliberativa, era un optimista de la razón pero no se engañaba respecto de sus limitaciones epistémicas. Por eso no le importó conceder ante el futuro Benedicto XVI que la razón se vuelve cínica si no se beneficia de las intuiciones morales preestablecidas por la religión, del mismo modo que Ratzinger sostuvo que la religión necesita a la razón para no volverse fanática.






