
No hace falta haber leído los Escritos anticristianos de Voltaire para ser tomado por un racionalista respetable, como lo era el finado Jürgen Habermas. En célebre diálogo con Ratzinger vino a reconocer la insuficiencia moral de la razón democrática. Es decir, concedió que la democracia solo pervive bajo ciertas condiciones espirituales que ella no puede generar por sí misma. El pensador alemán, considerado el padre de la democracia deliberativa, era un optimista de la razón pero no se engañaba respecto de sus limitaciones epistémicas. Por eso no le importó conceder ante el futuro Benedicto XVI que la razón se vuelve cínica si no se beneficia de las intuiciones morales preestablecidas por la religión, del mismo modo que Ratzinger sostuvo que la religión necesita a la razón para no volverse fanática.







He encontrado en una novela de Pérez-Reverte que probablemente hubiese dejado de lado si no hubiese topado con una información que me picó la curiosidad algo relacionado con lo que se le debe al César: es ‘La piel del tambor’, y redobla una riposte al Mosén Millán de Ramón j Sender. Es algo larga y a mí me sobran las andanzas del trío calaveras del indiano, la folklórica y el boxeador sonado y hasta los foxtrots del banquerillo hortera y el arzobispo. Lo que sí hecho a faltar es que a las lecturas patrísticas del nuevo Mosén en su juventud no hubiera añadido su amiga aristócrata el folleto sobre astronomía que compuso el célebre paisano Isidoro para solaz del rey visigodo encaprichado con el tema. A lo mejor la hija de la aristócrata podría añadir algo sobre el jesuita padre Lemaître y sus astrofotografías donde se descubriría por el corrimiento al rojo que el universo se continúa expandiendo. Bueno, todo esto es muy particular y no tiene particular importancia en la historia del mosén que ha oído su particular ibis ad crucem y va a seguirlo. Admirable, Pérez-R.