Aceptar Rajoy como jardinero del consenso

DEBATE DE INVESTIDURA

Jardinero transversal del 78.

Que sea Mariano Rajoy quien llame a un tiempo nuevo puede resultar sarcástico. Pero fue el único sarcasmo que se permitió el candidato en un discurso medido, realista y conciliador que no pretendía pasar a los anales de la oratoria. Lo que nos preguntamos ahora es si ese tiempo nuevo en que la oposición suma más escaños que el Gobierno significa un prólogo o un epílogo. Dice Steiner que quizá estamos entrando en una época postracional: que si en el principio era la palabra, bien pudiera ser que en el final sea el ridículo.

Y del ridículo del año perdido -“todo tiene un límite”- quiso volver Rajoy agitando la campanilla al término del recreo. Recordó brevemente que él está ahí no sólo porque ha ganado dos elecciones sino porque el paso de los meses ha demostrado que encabeza la única alternativa de Gobierno. No quiso sacar pecho, pero todo lo que ha pasado lo supo prever en diciembre, aunque la genialidad estratégica se les atribuya a otros. Mientras hablaba, Pedro Sánchez cruzaba las manos sobre el regazo desde la tercera fila, sentado en una silla junto a su escudero Patxi López y oponiendo su broncínea tez a los flashes enloquecidos de los foteros. Antes había concentrado un tornado de cámaras al aparecer por el patio, pero allí donde Iglesias -siempre halagado por el interés de los objetivos- se había detenido a gozar su doble juego institucional y partisano, don Pedro se había limitado a murmurar: “El sábado será otro día”. Luego se abrió paso lanzando destellos californianos.

Rajoy envainó el filo y tendió la mano, más allá de que la esgrima tocaba hoy y de que las cuentas están ya claras, por una poderosa razón: debe cuidar a sus socios. Debe lograr que le dure este nuevo PSOE que renace tímidamente del fango como un tierno capullo de racionalidad. Debe regarlo cada día, con amor de jardinero no fiel sino transversal. ¿Será capaz de cambiar el decreto por el diálogo, el rodillo por la regadera? Ayer anunció que sí. Que negociará, escuchará, atenderá. Que contemplará el acuerdo no como un peaje incómodo sino como una exigencia de los tiempos. Incidió en la agenda social, que lo acerca a las fuerzas constitucionalistas de la oposición, invocando el Pacto de Toledo y convocando a los agentes sociales. Recordó que ya dedica seis de cada diez euros a gasto social -el famoso neoliberalismo pepero, oigan-, pero que se puede hacer más. Fijó un plazo de seis meses para alcanzar un pacto educativo que cuaje un nuevo estatuto del docente, una reforma universitaria, una mejora de la formación profesional y un plan contra el fracaso escolar. Y al decirlo tuvo la deferencia de citar a Ciudadanos, reconociéndole esa bandera. Rivera asentía en su escaño. Y Cifuentes cuchicheaba algo al oído de doña Elvira, que quizá no vio a Mariano tan colaborativo en casa a la hora del Madrid-Cultural Leonesa. En el centro de la tribuna de invitados atendía don Pío García-Escudero con ademán hierático, casi integrándose físicamente en el reloj, como un papamoscas senatorial.

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Participo en El Debate en TVE sobre el discurso de investidura de Rajoy

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27 octubre, 2016 · 14:55

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