Conversación en la catedral

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Obra cumplida.

El martes descubrimos obreros millonarios con ganas de trabajar. Se levantaron cantando porque iban a trabajar. Esos obreros no sirvieron: trabajaron. Con un honor absoluto, como le corresponde al honor. No había que hacerlo bien por el sueldo, o por el jefe. Ni siquiera por la afición. Su obra tenía que estar bien hecha por sí misma, por su mismo ser. Edificaron su partido como un acontecimiento sagrado: como se levantaron las catedrales.

El trabajo del Madrid en Europa consiste periódicamente en remontar, y esa tarifa caprichosa que pone por peaje la leyenda se pagó en los primeros 20 minutos. Fue Cristiano el capataz de la obra, amasada con el cemento palpitante de su voluntad, el grito nietzscheano del superhombre. Benzema, en su acostumbrado papel europeo -¡los papeles de Benzema!- abría vías de investigación cayendo a banda. Draxler abandonó cualquier parangón y el partido por vergüenza torera mientras Keylor guardaba las llaves del monumento con celo patrimonial.

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15 abril, 2016 · 18:40

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