Archivo diario: 1 febrero, 2016

Muckrakers. Orígenes del periodismo de denuncia

9788434414778

‘Muckrackers’, en Ariel.

Durante las primeras dos décadas del siglo XX en Estados Unidos nació, se desarrolló y murió un movimiento periodístico formado por hombres y mujeres que confundieron la pluma con un rastrillo, el periódico con un capazo de inmundicia, el mundo político-financiero con una parcela abonada y la denuncia con el único género urgente al que debía entregarse un reportero con sensibilidad social y talento expositivo. Fueron los muckrakers, cuyas piezas fijaron a golpe de escándalo el canon del periodismo de investigación, y propiciaron algunas reformas de esas que sí justifican la condición de garante de la democracia que tan gratuitamente se arrogan plumillas de sigla o tertulianos de show.

Vicente Campos entrega una antología imprescindible que no solo selecciona sino también aporta el contexto sociopolítico y el perfil biográfico de cada articulista. El lector acaba inmerso en una época fitzgeraldiana de magnates intocables, editores lunáticos y reporteros orgullosos, decididos a barrer la porquería de América desde la Olivetti.

Fue Roosevelt quien acuñó el término de muckrakers -“rastrilladores”- en un discurso de 1906 donde revuelve interesadamente el periodismo digno que señala a los corruptos con el sensacionalismo de los “daltónicos morales” que solo miran al suelo y nunca al cielo del sueño americano. Los muckrakers no eran activistas ni militantes ideológicos más allá de una vaga adscripción progresista: eran reformadores vocacionales de clase media o alta con acceso a los salones donde los capos de los trusts se repartían la nación comprando a los legisladores, adaptando las leyes a sus intereses empresariales, sometiendo a sus trabajadores a condiciones dickensianas y diseñando estafas para saquear al contribuyente.

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1 febrero, 2016 · 12:08

Sánchez, líder básico

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“Ya mismo estamos en Moncloa, amor”.

Después de todo, Sánchez es un líder elegido por las bases, y a ellas vuelve acorralado como el líder básico que es. La maniobra de don Pedro ‘el Prorrogado’ -tres meses más de agonía- resulta coherente con su estatura política. Tan básica que olvida la primera ley del darwinismo partidocrático, según la cual uno se hace militante con la vaga esperanza de sentarse un día en el comité, y una vez sentado no quiere saber nada de sus tiempos novicios de pegador de carteles. Pero si Sánchez ya ha partido el partido entre podemófobos y podemófilos, qué más le da ampliar el desgarro entre Dirección y bases.

A don Pedro no se le puede discutir la coherencia cristalina del desesperado. Cada uno de sus movimientos rompe un jarrón chino de la venerable casa socialista, pero se comprenden como los manoteos del náufrago. Si está rompiendo el PSOE, poco le dolerá parcelar España cediendo referendos como lindes a sus caseros de La Moncloa, para quienes el derecho de autodeterminación es un contrato de arrendamiento. Sánchez o el entreguismo: primero el partido, después el Consejo de Ministros y por último el Estado. Y Granada para el ISIS, como dice Gistau.

Con tal de evitar unas elecciones que lo desalojarían del cartel, don Sánchez va a acogerse a la militancia, aunque sólo un poquito, pues la consulta no es vinculante: lo justo para escenificar la división y envenenarle la campaña a su sucesora. “¡Los ciudadanos demandan democracia interna!”, pretextará don Luena. No: antes que eso los ciudadanos castigan la discordia. Un Pablo Iglesias lo fundó, otro lo heredó: más coherencia sanchista.

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1 febrero, 2016 · 11:38