Archivo diario: 5 agosto, 2015

Ruta Quijote III: ¡A los molinos!

"Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento..."

“Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento…”

Sobre el otero que domina la llanura sin límite se levanta el Santuario de la Virgen de Criptana, adonde seguramente peregrinó más de dos veces Sara Montiel, no tanto por virgen como por criptanense. La hija más ilustre para el skyline más inmortal e inmortalizado de Castilla: los diez molinos de viento que coronan el espinazo de la sierra, a cuya falda nace el luminoso barrio blanco de Albaicín, y bajando, bajando, se derrama el pueblo entero. Se sopesó conceder a Sara el título oficial de undécimo molino de Criptana, pero se optó finalmente por encerrar su legado en Culebro, nombre del molino que custodia el Museo Sara Montiel.

A los molinos por fin me dirigí una mañana fundente de junio, sudando la cuesta arriba y echando el bofe en el polvoriento ascenso. Hice una parada en el Pósito Real, almacén de grano del siglo XVI que ofrece una portada plateresca y unos muros de mampostería y sillar que ya no se estilan para almacenar grano ni cualquiera otra cosa. Solo esa añeja profesionalidad renacentista justifica la solidez del edificio, cuyo interior hace las veces de sala de exposiciones, aunque la estructura en madera original vale bastante más que los voluntariosos trabajos del diletantismo comarcal. Tiene, eso sí, una estancia dedicada a hallazgos arqueológicos donde se exhiben denarios de la época de Cicerón y curso legal en aquella Hispania, amén de vasijas, ánforas y hasta cuchillos de sílex de la edad de piedra. Y en otra habitación se muestra una pequeña réplica del retablo policromado de cinco cuerpos que dio lustre a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

-Es que se quemó en la guerra -me informa la encargada.

Hombre, hombre. Se quemó. Qué delicioso uso impersonal del verbo. Creo yo que va siendo hora de contar la historia no solo con sus predicados, sino también con sus sujetos. Lo digo porque cultivo hace años la afición de visitar iglesias de España -y de Italia cada vez que puedo-, y en todas las que fueron víctimas del comecurismo incendiario gastan ese coqueto “se quemó” folletos y letreros, guías y audioguías. Ya sabemos que no las quemó Franco, señora: puede usted decir quién fue, que no vamos a abrir un debate cainita ahora por eso. O quizá hay locos que lo siguen abriendo, yo qué sé, y por eso persiste el eufemismo.

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5 agosto, 2015 · 11:23

Que vienen los literales

Las manos de la literalidad tomando el rábano por las hojas.

Las manos de la literalidad hispánica tomando el rábano por las hojas.

Algunos alcazareños se me han cabreado tras leer el capítulo que a su pueblo dedica mi serie quijotesca. Sabía que ocurriría, porque conozco bien el localismo irreductible del español, impasible ante la destrucción programada de su nación pero capaz de levar milicias populares contra el temerario que les toque la cuna. La razón de que Cataluña no vaya a independizarse de España es que nadie, ni en Castelldefels ni en Rota, sabe muy bien de qué habla cuando habla de España. El enemigo es un puro espectro burocrático. Otro gallo cantaría si Mas dirigiera sus aspavientos contra La Puebla de Almoradiel, o contra Ribadesella, o contra Caravaca de la Cruz. Ahí sí iba a tener esa guerra con la que fantasea. Pero con palos y piedras.

Esta susceptibilidad disparatada en lo tocante a la patria chica se le revela a cualquiera que insinúe que Santa Coloma de Alcafrán no es la viva imagen del edén en su estación florida. En nuestra idiosincrasia jamás cuajó un patriotismo nacional homologable a Europa -ni espadón ni acomplejado-, porque su plaza sentimental estaba ocupada por un demencial instinto terruñero, herencia terca de reinos levíticos y taifas estancas. España es así, y si parece unirse en los mundiales es solo porque nos permite mandar una cámara a Fuentealbilla a ver cómo lo vive el paisanaje de Andrés.

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5 agosto, 2015 · 11:04