Archivo diario: 17 agosto, 2015

Disney o el fin de la razón

¿Y esto es todo...?

¿Y esto es todo…?

La última de Pixar es la menos inocente de todas las suyas. La premisa es brillante, el desarrollo coherente y el final sostenido, por lo que la crítica la ha aplaudido como la obra de arte que es. Hay obras de arte, sin embargo, que transportan ideas funestas. Si en la Europa romántica no hubo mejor propaganda del suicidio que el Werther, en la era global no ha habido apostolado del animalismo como el de Disney. Y no me refiero a la pena que nos da la madre de Bambi, sino a la pena que nos da la opinión que el ser humano le merece al creador de Del revés, don Pete Docter, asesorado en esta cinta por dos psicólogos de Berkeley. Se confirma que la psicología guarda una relación más estrecha con el arte que con la ciencia.

Premisa argumental: cinco emociones básicas -Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco- dominan la mente de una niña de 11 años enfrentada a esos primeros traumas que comparecen en el quicio entre infancia y adolescencia. Uno esperó inútilmente al muñequito que encarnara el juicio incipiente, pero quia: cuando sale el tren del pensamiento, carece de maquinista. Y la capacidad de abstracción es presentada como un ámbito grotesco del que conviene desconfiar. Docter aducirá que a los 11 años no se tiene aún uso de razón; pero es que también reduce las conductas de los adultos al mecanismo estímulo-respuesta. No sorprende, en fin, que hasta perros y gatos se guíen por las cinco mismas emociones de la niña. Disney cierra el círculo: antes humanizaba a los bichos y ahora animaliza a los hombres, como ha visto Juaristi.

No hay lugar en Disney para la inteligencia. De ahí el éxito de la película, supongo. Que en una sociedad que sorbe lágrimas por Cecil triunfe el irracionalismo es lógico: ya hay activistas por el DNI canino (va a llegar antes que el catalán, con perdón) y los perros están a punto de ser permitidos en el AVE. Lo paradójico es que un templo de la razón como Berkeley expenda el conductismo animalista más grosero. Ya imagino a Monedero chillando ante una clase de monas gramscianas con derecho a voto.

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17 agosto, 2015 · 18:19

Rodrigo-Díaz: cantar de gesta

"No les puedo dejar solos..."

“No les puedo dejar solos…”

Ya le han estropeado las vacaciones a don Mariano. Si es que no les puedo dejar solos, habrá pensado esta mañana mientras marcaba rítmicamente el sendero gallego con sus botas -uno, dos, uno, dos- junto al marido de Ana Pastor (Ferreras no: me refiero a la autoridad portuaria de Marín). Pero tan difícil resulta batir la torpeza épica del ministro Fernández Díaz como pretender que la corrupción no persiga al PP hasta la misma jornada de reflexión. Se lo han ganado a pulso.

A quién se le ocurre recibir a Rato, ese Himalaya del cinismo pijo, ese Nagasaki de radiación mefítica para el partido, en el Ministerio del que dependen los agentes que llevan su investigación. Hombre, sí, más vale en el Ministerio que en el puti donde concedía audiencia Correa. O no, mira: si se trataba de contratar un servicio, cuanta más transparencia mejor.

Así las cosas, ¿cómo vamos a creer que Rodrigo, el pluriimputado, fue al despacho de su amigo Jorge, el jefe de la Policía, para tratar del fichaje de De Gea, según reza aproximadamente el comunicado de Interior que redactó algún Berlanga? No es que la mujer del César no deba recibir a corruptos en casa: es que la foto presenta a la legítima abrazando a la querida con el marido en Pontevedra. El pueblo de Roma se mosquea, claro.

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17 agosto, 2015 · 18:13

Balance interior de una quijotada

Ruidera, oasis de Castilla.

Ruidera, oasis de Castilla.

Nueve meses de invierno y tres de infierno, dicen por aquí. No sé si es la misma ola de calor de todos los veranos, pero padecerla sobre la llanura manchega desquiciaría a Alonso Quijano y a Mariano Rajoy. Por eso finalizamos nuestro viaje en Ruidera, que es el gran oasis de Castilla. El origen mítico de sus famosas lagunas se cuenta en el capítulo XXII de la segunda parte: en la cueva de Montesinos tenía el mago Merlín encerradas a quinientas personas, pero “se apiadó de Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de La Mancha las llaman las lagunas de Ruidera”.

Su paisaje es un bálsamo para mentes recalentadas. En algunos puntos el agua es tan turquesa como en Ibiza, con la ventaja de que aquí uno no necesita dejar de ser humano para gozarla. El silencio es total, solo roto por el canto de las aves y el extemporáneo quejío flamenco de unos gitanos en vena de domingueros. El olor a tomillo y a romero que perfuma la estepa es sustituido por la atmósfera fresca de un pantano, y las langostas y los saltamontes son relevados por libélulas y mariposas. Da gusto terminar aquí, flotando en el llanto legendario de las hijas de Ruidera. Se me ocurre que la fecundidad final de este paraje metaforiza el nivel de vida interior que uno ha logrado embalsar en esta semana de nomadismo, ajeno a toda noticia que no datase del XVII.

A la mañana siguiente, antes de volver a Madrid, me acerco a la cueva de Montesinos en pos de la última alucinación. Es una abertura abrupta en mitad del monte; una reja candada nos cierra el paso, pero aún es posible descender hasta la boca y aventurarse unos metros en su interior rezumante, calizo, espeso. Lagartos y polillas, pero ni sombra de los murciélagos que decoraron la estancia onírica del héroe en uno de los pasajes más inquietantes y modernos de la novela. De aquella cala en lo mágico en que contempló espíritus caminando por palacios de cristal saldrá don Quijote un poco más cerca de saber quién es realmente, al modo en que los viajes ácidos -cuentan- pasean al consumidor por su yo más íntimo e incomunicable. Por eso queríamos concluir aquí: porque el llano recorrido durante días prepara los anhelos reprimidos que nutrirán visiones en la cueva de Montesinos. Esta caverna es la Ítaca no tanto del caballero como del lector que ha procurado identificarse con las tierras, los hombres y los ánimos que explican su cuerda locura. Después de este lisérgico colofón ya solo quedan los sueños. Y los sueños, sueños son.

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17 agosto, 2015 · 17:50

La tabarra constitucional

Wilfredo el Velloso muriendo antes que pagar impuestos.

Wilfredo el Velloso muriendo antes que pagar impuestos.

Mientras usted se tiende felizmente al sol, un comité de sabios salido de un casting de Ferraz se quema las pestañas sobre legajos de jurisprudencia comparada para cerrar de una santa vez el mapa de España. Hay que agradecer al PSOE esta vigilia constituyente que afianza su hegemonía en la izquierda española, pues sus sabios trabajan mientras Iglesias Turrión huelga en su cabaña roussoniana. Pero ya dice ‘Kichi‘ que Podemos es un estado de ánimo, y no hay estado de ánimo que predisponga a nadie a redactar una Constitución.

Si un desfile militar, donde al menos pueden verse armas chungas y ropa vistosa, le parece a don Mariano un coñazo, podemos imaginar lo que le parece redactar constituciones. Y sin embargo dicen que ha aceptado abrir el melón del 78 -en realidad dijo lo de siempre: “Yo no me niego a hablar de una reforma”-, y hasta es posible que lo haga si revalida el cargo. ¿Aceptará en ese histórico trance el criterio de los sabios de Ferraz, que propugnan el reconocimiento de la “singularidad catalana”? Federalismo asimétrico, como inteligencia emocional o elegancia veraniega, es otro de esos oxímoron que cuajan exclusivamente por reiteración, no por congruencia. En romance, lo que se pretende es callar la boca así sea por un lustro a los del tabarrón identitario del nordeste con un periódico fajo salido de los bolsillos del resto de los españoles. Que ahí, en la pedestre aspiración de que la pela se quede en mi tribu y los del sur que se jodan, por pobres, es donde concluye toda la odisea diferencial del fenicio desembarcado y la peluda alcurnia de Wilfredo el Velloso.

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17 agosto, 2015 · 17:45