Sin perdón

La cámara empatiza sin remedio, Évole.

La cámara empatiza sin remedio, Évole.

En periodismo todo lo que no sea atacar enaltece. El tratamiento de un tema nunca podrá ser tan decisivo como la propia elección de ese tema, porque en un régimen de opinión pública nada es tan valioso como la suspensión del anonimato, y nada tan despreciable como no hacer aprecio. Y dado que el periodismo, según suele recordar Arcadi Espada, inevitablemente canoniza todo lo que toca, debe escoger con mucho cuidado a quién da voz o sobre quién posa su foco santificante si se trata de periodismo televisivo, sintagma que quizá no siempre exprese un oxímoron.

Entrevistar a un etarra es reivindicarle como interlocutor: aprestarse a oír sus razones. Concederle razones, para empezar. Pero ¿y si ese etarra estuviera genuinamente arrepentido? Entonces al periodismo se le presentaría la oportunidad no ya de dar una exclusiva, sino de contribuir a fijar la historia de ETA en su abyecto canon, sin equidistancias, que es la batalla que hoy toca librar. Aun en este supuesto, la moralidad de la entrevista dependerá del grado de sinceridad que el periodismo sea capaz de tasar en su entrevistado. Sucede que el periodismo no se inventó para tasar sentimientos sino hechos.

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