Protocolo contra el tedio

Sánchez cabreando a Montoro.

Sánchez cabreando a Montoro.

Seis horas de debate pedían a gritos la ruptura del protocolo, pero ayer en el Congreso nadie se atrevió a saltar sobre la tablet de Celia Villalobos como le sucedió en Berlín a Mario Draghi. Por cierto que la iconoclastia ya no es lo que era: los antisistema protestan con confeti y los republicanos regalan a su enemigo, con ademán de tímida disculpa, una serie de televisión.

Lo más parecido a un estallido social que tenemos aquí es lo que hay entre Rosa Díez e Irene Lozano, que cuando una se sienta en el escaño la otra sale del Hemiciclo, y cuando no hay más remedio que coincidir -al fin y al cabo integran el mismo grupo parlamentario-, se coloca entre ambas Gorriarán a modo de cortafuegos.

Otro duelo divertido enfrentaba a Coscubiela (ICV) con Rafael Hernando (PP), donde el primero ejercía de Savonarola acusando a todos los diputados del PP de ser evasores fiscales, y el segundo pedía las sales para no desmayarse de purita indignación. La coartada argumental del día la brindaba la última desfachatez de Rato, que sirvió a Pedro Sánchez para pedir la dimisión de Montoro desde la tribuna de oradores.

Hace bien Sánchez en pedir dimisiones con su voz bien temperada; no porque nadie del Gobierno o de su partido la vaya a escuchar, sino principalmente para oírla él mismo y convencerse de que sigue siendo el jefe del PSOE y sigue estando a favor del aborto. En el escaño le sorprendí el gesto de voltear el móvil cuando recibía un whatsapp, como si temiera que fuera de Rubalcaba, que no es la legítima. Su pregunta sobre política educativa iba dirigida a Rajoy, pero se permitió una colleja retórica a Wert que hizo blanco: «El señor Wert me llamó apóstol de la equidad, lo cual demuestra la manía que tienen ustedes por introducir la religión en el debate educativo…».

Se escucharon risitas incluso en la bancada azul. Pero don Mariano no se dejó impresionar y replicó que en España no ha funcionado más legislación educativa que la socialista, con los resultados desnudados por Pisa, que achacó al inmovilismo de la izquierda, para quien todo mal proviene del conservadurismo de la derecha. Si la educación en España no avanza es porque ni siquiera hay consenso sobre si se mueve o no; o sea, como en tiempos de Galileo.

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