El ídolo caído, su iglesia intacta

Franco derrotado demasiados años después.

El general Franco derrotado también demasiado tarde.

Amaneció derribada la estatua iraquí de Jordi Pujol en Premià de Dalt y yo lo lamenté mucho recordando un comunicado impecable –¿la pluma de Espada?– de Libres e Iguales, que se manifestó en contra de la corrección artificial de la Historia. Había que dejar a Pujol en su pedestal para que los hombres no olvidaran la clase de becerro que un día adoraron. Pero ningún pueblo sometido al mito es capaz de resistir la exhibición frontal y cotidiana de la verdad, así que ahora la estatua languidece en un almacén municipal del mismo modo que otros almacenes estatales ocultan un Franco a caballo. Como si la obra de ambos próceres no caminara a plena luz del sol que alumbra por igual a antifranquistas con retardo y a pujolistas sin vergüenza criados a los pechos del tres por ciento, a la espera de que la Udef los ilumine del todo.

Estoy por asegurar que el autor del derribo fue un independentista canónico, un tierno brote de esos que el nacionalismo paternal ha ido cultivando bajo el estiércol fresco de su invernadero mediático. La historia de las religiones nos enseña que el mayor fervor acaba degenerando en la iconoclastia más violenta. El santo fue derribado de su peana –esa altísima peana que quería compensar su estatura, hoy un rasero más moral que físico– con gesto sacrílego, que es el negativo de la devoción, porque como saben en Montserrat no queda otra fe en Cataluña que el nacionalismo y Pujol es su profeta.

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1 comentario

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Una respuesta a “El ídolo caído, su iglesia intacta

  1. Sr. Bustos: su reflexión, como siempre, atinada, me ha traido a la memoria, a propósito de lo que usted dice sobre la historia de las religiones que “el mayor fervor acaba degenerando en la iconoclastia más violenta”, otra que hace Ortega en su “Rebelión de las masas” en la que dice que” en los motines que la escasez provocansuelenlas masas populares buscar el poan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías”.
    Justamente. Puede usted asegurar lo que “está” por asegurar. El autor es, en efecto, un independentista canónico, como usted califica al iconoclasta.

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