Una rodilla para Varane

Es difícil ganar sin centrales pero se puede hacer. El Madrid, sin ir más lejos, lo logró contra un buen Valencia post-Djukic, porque el Valencia echa por estas fechas todos los años a su entrenador a fin de inculcar algún espíritu competitivo en sus jugadores cuando se enfrentan al Madrid. El caso es que se les ganó en baloncesto y en fútbol en la misma tarde, y por cosas así aparte de lo de Mijatovic nos van cogiendo manía los valencianos, y solo por nuestro dinero toleran que miríadas de madrileños –muchos de ellos de Fuenlabrada– les invadan en seats tuneados los aparcamientos de la Malvarrosa a poco que sale el sol.

Se salió con orden y bien plantados, armaditos y rotatorios sobre el eje XabiModric que es el eje copernicano de este equipo, más las subidas cascabeleras de Marcelo y la fiereza profesional de Cristiano. Hasta Benzema parecía presionar arriba para terminar de componer un árbol navideño al que luego se le vencería la peana como si estuviera comprado en los chinos. En la modesta sobriedad de Nacho queríamos ver un influjo benéfico sobre el temperamento de Ramos, pero se produjo la influencia contraria y fatal, como hacían bien en sospechar los inflexibles regidores de los internados victorianos.

Arriba Isco imantaba siempre el balón dos toques por encima no de sus posibilidades, sino de las de sus compañeros de arriba, que están habituados al toque eléctrico y profundo, libre de los impuestos del lucimiento personal. De todos modos Isco compensaba su bulimia zamba con una movilidad constante, cambiándose de banda para mejor indagar las grietas de un Valencia compacto, y eso prueba su inteligencia como jugador porque en fútbol la inteligencia equivale a movilidad: se demuestra literalmente moviéndose, o moviendo a los demás.

Di María sustituía a Bale por Navidad y marcó un golazo de esos suyos que debería ayudarle a pensar con claridad y no a engordar la codicia de su representante. Cambio de juego de Marcelo, control y recorte hacia fuera en la diagonal, zurdazo cruzado fuera-dentro y pulgar a la boca, único gesto capaz de dulcificar algo el rostro somalí del argentino.

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23 diciembre, 2013 · 16:27

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