Archivo diario: 11 diciembre, 2013

El Madrid, campeón de Brasil 2014

Mundialistas.

Mundialistas.

En el vestuario del Madrid está ahora mismo el próximo campeón del mundo, solo que no lo sabe. Ningún otro equipo puede garantizar con tanta certidumbre este pronóstico, porque ningún otro equipo encarna el ideal de la universalidad, del cosmopolitismo, de la modernidad, como el Real Madrid. Es cierto que el nacionalismo siempre ha casado bien con el fútbol, pues el deporte rey es precisamente una continuación simbólica de la guerra por medios lúdicos, y es inevitable que las aficiones profesen por los colores de su equipo un sentimiento muy cercano al patriotismo de antaño. Los hay incluso que van tan lejos en la identificación entre fútbol y política que se ven a sí mismos como ejército desarmado, o prestan sus instalaciones para aquelarres sectarios, o se sirven de puestos directivos para proyectar sus delirios de sigla y escaño.

El Real Madrid, sin embargo, es una excepción insólita a esta norma emocional en todos los rincones del planeta fútbol. El club blanco es demasiado grande para servir a una idea política o pastorear mentalidades uniformes. Cierto: es el equipo de la mayoría de los madrileños. Pero su historia gloriosa, su presente pujante, su futuro esperanzador han logrado trascender el vínculo con el terruño: el Madrid se define antes por el tiempo –su leyenda en marcha– que por el espacio: la capital de España. Tan madridista es el filipino que ahorra durante meses para pagarse el vuelo al Bernabéu en una noche de Champions como el viejo peñista de Chamartín. Incluso puede que más. Y esto, señores, es un valor incalculable, y de hecho profético en la era de la globalización.

Que otros presuman de custodiar las esencias de la aldea. El Madrid presume de tener a los mejores allí donde hayan nacido, de cobijar a los emblemas de las selecciones mundialistas que el domingo analizaron juntos el sorteo del Mundial de Brasil, en una foto que otro equipo enmarcaría para los restos y aquí no es más que la rutina feliz de la excelencia. Algunos madridistas están tan acostumbrados a esta capitalidad deportiva universal que no comprenden que la grandeza del Madrid no está asegurada a terceros como una póliza, sino que se sostiene contra el viento del resentimiento de burócratas o plumillas y la marea de los nuevos ricos, rusos o árabes, que tratan de hacer en cinco años lo que costó cien. Ciertos aficionados del Liverpool o del Benfica también pensaron que su hegemonía duraría para siempre. Pero Stradivarius solo hubo uno, y el secreto perenne de sus violines exige un cuidado constante.

Volvamos a la foto. “Va a ser un placer jugar contra Lukita”, declaró allí Marcelo. “Tienen el derecho a decir lo que quieran, pero yo nunca subestimaría a Croacia”, advirtió el propio Modric, que a mi juicio será la primera gran estrella que debute en Brasil. Casillas pidió prudencia, Cristiano repitió que daría lo mejor –como si supiera hacer otra cosa–, Benzema aún se felicitaba por la clasificación y Di María oculta a duras penas la conciencia nacional de favorita, condición que Argentina, por otro lado, se arroga por defecto.

Podemos decir que la mejor selección del mundo ya lleva tiempo jugando junta. Veremos este verano cómo lo hace por separado.

(La Lupa, Real Madrid TV, miércoles 11 de diciembre de 2011)

La emisión, algo defectuosa pero inteligible, aquí.

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Las Navidades de Cristóbal ‘Scrooge’

Llegué tarde a la sesión y no pude comprobar si Posada concedía el minuto madibo de silencio, que yo creo que hay que meter pronto en la Constitución a poco que se reforme para precipitar en el hemiciclo un tránsito abrupto de la somnolencia burocrática a la toma de conciencia política. También me perdí la sorayomaquia, pero luego, en el patio, pudimos charlar informalmente con Sáenz de Santamaría, que anda cojeando por efecto de un resbalón que ella se apresuraba a despojar de metáforas. Prometió un paquete de medidas para el Consejo de Ministros y todos nos llevamos instintivamente las manos a los bolsillos, aunque ella asegura que tendrán que ver con los bolsillos de los políticos. Veremos.

Hubo alguna gresca porque en términos dialécticos la Navidad todavía no ha llegado al Congreso aunque cuelguen del escaño tantos diputados de adorno, según me indicó un colega. En el christmas parlamentario identificamos a un Papá Noel, que por unanimidad encarnaría Arias Cañete –solo le faltan los renos– y a un míster Scrooge, cuyo papel no puede interpretar otro que Cristóbal Montoro. A Montoro le preguntó UPyD por la purga o desaceleración de la cúpula de la Agencia Tributaria y don Cristóbal, con ese silabeo serpentino que le nace de una finísima pared en la garganta, repuso:

–He ocupado este ministerio durante seis años y puedo garantizar que jamás se han producido injerencias políticas en la Agencia Tributaria. Y además nunca he dicho que los cesados fueran socialistas.

Y ofreció un pacto a los grupos para la redacción de un nuevo y cristalino estatuto de la Agencia. Ya saben ustedes: cuando quieres que algo no se haga creas una comisión, y cuando quieres devolver el dentífrico al tubo, redactas un estatuto. Luego, en los corrillos, el ministro Scrooge volvió al tono siciliano para pedir a los medios de comunicación que, ya que no están al día con el fisco, al menos hagan el favor de reproducir con fidelidad sus palabras en los corrillos, como por ejemplo que no están al día con el fisco, y que cualquier día puede suceder un accidente. Esto último reconozco que no es literal.

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11 diciembre, 2013 · 18:39