Archivo mensual: noviembre 2013

Habla, memoria, que es 20-N

Se concluyó a tiempo el remozado del Congreso para conmemorar el ecuador exacto de legislatura, con los leones limpios rugiendo de frío bajo el dosel corintio de los capiteles sin andamios. Gobierno y oposición hicieron de la efeméride el eje de su defensa o de su ataque, lo cual ha de celebrarse como un avance histórico del parlamentarismo español, que en días como hoy, 20-N, habría podido entregarse a la retórica chicle del franquismo residual, donde toda impostura biográfica tiene su asiento y todo triste pretexto hace su habitación.

Tan solo Amaiur quiso traer al debate el sesgo siniestro de su particular memoria, preguntando al ministro de Justicia por la reparación de “todas” las víctimas, en concreto de Josu Muguruza y otros muertos suyos, con ese determinante tan insidioso que emboza una inmoralidad sangrante bien desmontada por Gallardón:

–Ustedes tratan de introducir una mentira en el debate: la equiparación de dos violencias. Son ustedes los que deben explicar por qué han amparado y disculpado medio siglo de terror perverso. No agravien más a las víctimas y pidan la disolución de esa bestia totalitaria que es ETA.

Bien es cierto que el diputado amaiurense explicitó un retórico respeto a los familiares de asesinados por ETA como Ernest Lluch, algo es algo aunque muy poco comparado con exigir de una vez la disolución del residuo mafioso del norte y colaborar con la Justicia en los muchos crímenes etarras aún por resolver. Y más cierto aún es que las víctimas de la banda tienen razones dolorosamente cotidianas para clamar contra un Gobierno bajo cuyo mando se está produciendo la suelta de terroristas más escalofriante de nuestra historia. Ahora que Fernández Díaz patrocina una nueva ley de orden público, debiera aplicarse la mordaza el primero antes de proferir boberías como esa asimilación de etarras a violadores que a su juicio prueba la derrota de ETA. Son las peras y las manzanas del cesto de Parot, y el ministro del Interior ejerce de Caperucita.

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20 noviembre, 2013 · 18:14

El bolo evangélico de La Roja

Quizá se estén apresurando los medios occidentales al censurar la visita de La Roja, que te quiero roja, a Guinea Ecuatorial, donde mora un señor feudal negro llamado Teodoro Obiang. Cierto que a Guinea de Obiang no es precisamente la América de Kennedy, pero quizá la situación manifiestamente mejorable de los derechos humanos guineanos justifique mejor que cualquier tierra de libertades el viaje evangélico de la ‘Roja’.

Sabemos que el fútbol hoy es en primer lugar un depósito de valores educativos para niños ávidos de ejemplo y solo en segundo lugar un deporte de masas. Ya que la ‘Roja’ debe hacer bolos por el mundo para pasear su estrella mundialista y engordar las arcas del tinglado de Villar, digo yo que mejor que gire precisamente por los lugares más necesitados de su mensaje de ecumenismo y solidaridad. Villar no ingresará gran cosa de estas miserables tierras de misión, pero a cambio ganará un incalculable tesoro en el cielo.

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18 noviembre, 2013 · 16:33

Madrid, rompeolas de todas las basuras

La Justicia en España no es ningún cachondeo sino un salón victoriano de caballeros que ponderan las virtudes del garantismo entre chupada y chupada a la pipa de ébano. Solo así se explica la premura exquisita en la aplicación del enjuague estrasburgués a los Dexter de la boina o la generosidad franciscana con el jefe de máquinas y el capitán del Prestige, que no en vano atiende por Apostolos. Tanto gritar nunca mais para acabar así y con Rajoy remontando en las encuestas. A veces, por debilidad, se deja uno llevar por esas gotas de sangre jacobina, pero en la calle y en el Twitter te engordan tanto la expectativa que la decepción termina resultando indefectible.

De todos modos, ahora que parecen sellados del todo los hilillos del caso Prestige en Galicia podría ser buen momento para retomar la protesta higiénica en Madrid, que no tendrá mar pero nada en chapapote. La mierda empieza a superar tal nivel que en National Geographic ya se plantean redimensionar la Meseta Central y elevarla a la categoría de cordillera. Entretanto, Ana Botella culpa a los líos privados que se traen concesionarias y sindicalistas, que han hecho de Madrid el teatro público de su agria polémica salarial. Botella, por lo menos, no se ha ido a Lisboa, algo es algo, pero modestamente opinamos que podría hacer más. Incluso podría aprovechar para irse a su casa.

Si usted quiere un aumento o pretende contener la rebaja salarial decretada por su jefe no se va a la Cibeles y defeca en la corona de la diosa. Pero eso es porque usted no tiene la suerte de pertenecer al gremio de los barrenderos sindicados, los cuales configuran el verdadero pilar de la democracia y no el periodismo, que de hecho esparce más que recoge.

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14 noviembre, 2013 · 11:55

¿Hay que acabar con las series de TV?

No veas tanta serie y vente el Gem con Al.

No veas tanta serie y vente el Gem con Al.

Es significativo que uno de los portales más célebres y visitados por los espectadores piratas (valga la redundancia) de nuestro país se autotitule Series Yonquis. El nombre es de una eficacia publicitaria innegable entre españoles, tan tenaces en el liderazgo europeo del consumo de drogas como en la ostentación del farolillo rojo de los informes educativos. Solo que la droga de las series también puede ser educativa.

La ficción, efectivamente, es una droga para el hombre, y no solo para el hombre español, como lo prueba esta edad dorada del género serial que despuebla Hollywood de guionistas y actores, más atraídos por la ambición narrativa de las series que por el efímero relumbre de los largometrajes, y que ha obligado a todos los periódicos digitales a abrir blogs especializados en el análisis de series, blogs que son seguidos y comentados con profusión de neologismos camino ya del arcaísmo como friki o spoiler.

Que la ficción no es un lujo sino una necesidad es una verdad antigua que justificó la emergencia de los aedos y rapsodas del mundo clásico, de los dramaturgos del Siglo de Oro e incluso de los monologuistas del Club de la Comedia. El IVA al 21% puede obstaculizar su satisfacción, pero no extirparla, y si nos lo suben al 91% volveríamos a la linterna mágica y a las cajas de guiñol en la plaza.

Las series cumbre de las cadenas yanquis –amén de yonquis– AMC o HBO nos proveen ciertamente de una sofisticación dramática desconocida hasta la fecha. Sin considerarse uno un yonqui fetén, un colgao irredimible de la sorkinina (Aaron Sorkin, autor de El ala oeste entre otras) o la simonina (David Simon, autor de The Wire entre otras), he de reconocer que los mejores ratos de pantalla –incluyendo la de cine y hasta la del chat con top models- que he experimentado en los últimos tres años se los debo a este puñado de títulos gloriosos: Los Soprano, The Wire, Mad Men, Breaking Bad, El ala oeste de la Casa Blanca, Deadwood, House of Cards y alguna más. No muchas más porque no me he aventurado mucho más allá de estas grandes obras que los amigos me encarecían con razón. También he curioseado en otras producciones a mi juicio fallidas, como The Newsroom y Boardwalk Empire, aunque no es difícil encontrar en ellas momentos de verdadera maestría cinematográfica.

Si la ficción es droga, habrá mierda buena y mierda mala, y ustedes disculpen el argot del lumpen. La mierda antecitada es muy buena, posee todos los principios activos del más puro psicotrópico artístico. Meta azul del mismo Heisenberg de Breaking Bad, de hecho. Si a ustedes no les suenan estos nombres y estas ficciones, ustedes están fuera de su tiempo (cosa que tampoco es ningún drama, oigan). Siempre he creído que de haber continuado hasta hoy las bulliciosas tertulias en los cafés literarios, los Valle-Inclán y los Gómez de la Serna se juntarían hoy para comentar los episodios de estas series que constituyen sin duda la manifestación estética más importante e idiosincrásica de principios del siglo XXI, del mismo que la novela lo fue en el XIX, el ensayo en el XVIII, el teatro en el XVII y la poesía en el XVI.

Ahora bien. En la fiebre de las series, como en la del oro, afloran paladas de cuarzo, feldespato y mica por cada pepita áurea. Como adicción que es, el visionado compulsivo de series exige una enorme cantidad de tiempo y la oferta es inacabable. Ahora que viene el frío la adicción empeora, recluye a sus víctimas en el interior rancio de sus pijamas durante findes enteros, agarrota sus músculos, irrita sus córneas. Hay que medir muy bien si el beneficio espiritual compensa el sacrificio corporal, porque no está nada clara la ventaja.

La serie es una amante posesiva que nos quita de pasatiempos tan acreditados como el amor, el deporte o la lectura. ¡Antiguallas!, aducirán los frikis. Puede ser, puede ser. Pero no estamos seguros de que la sustitución del paseo serrano con la novia por el atracón de capítulos de Homeland –serie que me resisto a empezar a ver, porque se me acumulan tristes los libros en la estantería– representa un signo de progreso y modernidad. Más bien la conversación solipsista y fanática del devorador de series nos hace a veces el patético efecto del paletillo taurino que todo lo compara con el toro y su mundo, y cada situación de la vida le parece anticipada simbólicamente por el giro de culo de un mozo de espadas amigo suyo. Yo sostengo, más que nada por mis amistades, que se puede ser perfectamente moderno asistiendo a corridas de toros y perfectamente medieval rindiendo pleitesía a los diálogos de Sorkin.

Lo peor de las series, incluso de las buenas, es que proporcionan una cultura exclusivamente visual, de escenas memorables y personajes magnéticos. No es poco. Pero no es suficiente. Se ha dicho tanto, y sobre todo lo han dicho tantos cursis que produce alipori repetirlo, pero es que es verdad: el desarrollo del homo sapiens sapiens viene caracterizado por la sutileza creciente de su capacidad de abstracción, cifrada en el lenguaje verbal. Una persona que ve buenas series y lee buenos libros es un ejemplar sano y cabal del sapiens sapiens. Una persona que ha sustituido los buenos libros por las buenas series es un espécimen cojeante de la especie. Una persona que sustituye las buenas series por las series españolas es una anomalía genética que hace llorar a Darwin sobre el cuaderno de notas de Mendel.

¿Hay que acabar de una vez por todas con las series de televisión como con una lacra social cualquiera? Umm. Quizá la lacra no haya exhibido aún toda la obscenidad de su poder deletéreo; quizá el enclaustramiento catódico que fomenta no deba motivar el mismo rechazo social que la jeringuilla en el antebrazo. Todo se andará. Ya verán ustedes. Y los que dentro de un par de décadas sobrevivamos a la plaga con los cerebros limados pero aún hábiles podremos escribir el guión definitivo sobre cómo las series de televisión fueron nuestra Movida y sembraron de cadáveres intelectuales las añoradas pandillas de la juventud, cuando el lado salvaje de la vida se caminaba sin salir del cuarto, embutido en un pijama.

(Publicado en Suma Cultural, 9 de noviembre de 2013)

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El once del equilibrio

Con esta es la tercera vez que escribimos que el Madrid hizo su mejor partido desde que lo entrena Ancelotti, y eso avala una evolución esperanzadora que sobre todo se certifica en los bares de turistas de interior donde bulle la decepción del antimadridismo provinciano. Yo lo vi en uno de la Cava Baja, en el corazón del viejo Madrid petado de andaluces precalentando el sábado noche capitalino. Con el prematuro larguero de Cristiano se empezaron a torcer las bocas. La primera la del propio Cristiano, a quien sorprendió la cámara con ese gesto oblicuo que ponía Eastwood al disparar al sombrero de Lee Van Cleef. No fallaba: presentaba sus credenciales y de paso calibraba la mira.

Cristiano Ronaldo.

Cristiano Ronaldo.

Ya no habría más gestos, solo goles, todos distintos. El semidiós luso enseguida perforó el lateral de la red donostiarra a pase lujurioso de Benzema, y el parroquiano de mi derecha musitó: “Qué cabrón”. No era solo rendirse a la pegada –reducir el bagaje ofensivo del Madrid a la pegada es como ver matar a LeBron James y murmurar: “Claro, así cualquiera”–, es que al cuarto de hora de partido el dominio blanco era abrumador, inclemente, antidemocrático. La alineación del Madrid parecía por fin compensada en todas sus líneas, con el principal hallazgo de un visionario Modric lanzado hacia la media punta con las espaldas herméticamente cubiertas por Xabi Alonso y Sami Khedira. En ese desempeño Luka parece que se desdobla y que es capaz de manejarse a sí mismo desde arriba, desde la preclara panorámica del jugador de Play Station. “Qué bueno es Modric”, hubo de reconocer el parroquiano de mi derecha.

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12 noviembre, 2013 · 14:46

Ejercicios espirituales en el PSOE

“Al igual que la mayoría de los hombres que combinan rentas de tres mil libras al año con digestiones pesadas, Lucas era un socialista convencido, por lo que sostenía con una firme convicción que no se puede aspirar a elevar el espíritu de las masas si a estas no se les da antes la oportunidad de descubrir cosas tales como los huevos de codorniz”.

Así presenta el venoso Saki –el gran cuentista satírico de la era victoriana– uno de sus personajes de clase, esa populosa oligarquía que hoy llamaríamos progresía de salón y que no tiene nada que ver con la rebeldía individualista de Camus. El PSOE está lleno de Lucas y ahora los coge a todos y los lleva de ejercicios espirituales para reencontrar su alma tironeada en sus puntos cardinales por el federalismo, el quincemismo, el derecho a decidir, la brigada de demolición de Cuelgamuros, el justicialismo garzonita, el esencialismo manchego de Page y el oportunismo femenil de Susana Díaz, que quiere ser una Esperanza Aguirre en rojo cortijero. Los Levi´s que estira la impar cuadra socialista los calza el pobre Rubalcaba –ya le vimos con unos que le quedaban holgueros cuando salía del hospital, las Ray-Ban caladas– y ya todo es restar semanas para el desgarro sonoro y capitulador.

El penúltimo tirón ha salido de la cocina caliente del CIS, que ahonda la caída del PSOE y premia con subida el optimismo macroeconómico popular. Y ya puede Rubalcaba desacreditar los fogones estadísticos que ese fuego lo alimentarán ahora con chispas de navaja los afiladores traperos que hace tanto tiempo esperan su ocasión. La soledad de Rubalcaba, pese a que sigue siendo el socialista más listo que tienen en ese partido evanescente, hoy solo admite parangón con la de José Ignacio Wert, ninot achicharrado de la política no profesional. Luego se quejan de los políticos profesionales, pero como para entrar en ese horno sin carné ignífugo, oigan. Cagadas aparte.

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6 noviembre, 2013 · 18:13

El otro Wilde

Hector Hugh Munro, el afilado Saki.

Hector Hugh Munro, el afilado Saki.

Oscar Wilde no estuvo solo en la dramática contienda contra la era victoriana. A su lado peleó con gloria poco reconocida el caballero británico Hector Hugh Munro (Birmania, 1870 – Francia, 1916), por sobrenombre Saki, el más afilado cuentista británico de entresiglos y uno de los talentos más sutilmente divertidos del ámbito anglosajón junto con el estadounidense O. Henry. El celebrado Wodehouse debe tanto al magisterio cómico de Saki como el añorado Tom Sharpe, que en junio de este mismo año decidió morirse en Gerona al constatar el decepcionante retraso de la recuperación o de la independencia, una de dos. Antes de morir, sin embargo, dejó escrito: «Si empiezas un relato de Saki, lo terminarás. Cuando lo hayas terminado, querrás empezar otro; y cuando los hayas leído todos, jamás los olvidarás». No creo que se puede recompensar mejor la entrega de un escritor al juicioso mandamiento de Sainte-Beuve: «Leed cosas grandes, escribid cosas agradables».

Saki leyó a los grandes ironistas de su tradición cultural, de Sterne a Swift, y escribió unos cuentos gratísimos de leer que bien leídos no están exentos de amargura íntima ni de aullido social. Lo que me gusta de Saki es que no necesita operaciones exhaustivas como las de William Makepeace Thackeray (otro inglés nacido en la India) para abrir en canal a la sociedad eduardiana. Con tres incisiones muy localizadas pone la moral porcina de una marquesa a chorrear sangre boca abajo. Sus cuentos van al grano tras una ambientación impresionista y mantienen unas constantes estructurales y temáticas cuya reiteración obsesiva no preocupa en absoluto al autor. Y lo que es más importante: tampoco al lector.

Tenéis varias ediciones. Yo he manejado los Cuentos Completos en Alpha Decay y las Crónicas de Clovis en Valdemar, aunque hay algunas otras fruto de un feliz, y reciente, redescubrimiento editorial. Las piezas narrativas de Saki suelen estructurarse en torno a una escena de corte teatral, en donde los diálogos y las descripciones psicológicas canalizan el veneno de la sátira costumbrista: conversaciones en salones de mansiones londinenses o coloniales, fiestas o clubes de bridge. Aristócratas de afilado ingenio y pícaros arribistas alternan golpes de florete dialéctico abrumando al lector-espectador que asiste a un despliegue sintáctico y verbal deslumbrante. Los vicios de clase —la hipocresía, la avaricia, las maniobras del gorrón o la pesadez del charlatán— son satirizados sin piedad, con el efecto multiplicador que se logra envolviendo la carga vitriólica en elegantes capas de referencias indirectas y elaboradas perífrasis y comparaciones. El estilo relampagueante de las comedias wildeanas, vamos.

Se trata de una literatura que toma a los lectores por inteligentes. Exige un paladar medianamente distinguido para apreciar tanto un enredo endiablado como un moroso dibujo de caracteres, una erudición exótica, una nota macabra y una sintaxis sin miedo a la subordinación. De los ingleses siempre sorprende un poco esa simultánea aptitud para el escándalo y la permisividad, caras de la misma moneda de la civilización. Fue el puritanismo victoriano el que condenó a Wilde, pero solo después de llenar durante años los teatros que representaban sus obras. Al final parece que el único precepto absoluto es el que promulgara en mármol Michi Panero: «Lo único que no se puede ser en esta vida es un coñazo». Ni Wilde ni Saki aburren jamás.

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6 noviembre, 2013 · 13:40

El hombre (y la mujer) de Vitrubio

Hombres limpiando, fijando y dando esplendor.

Hombres limpiando, fijando y dando esplendor.

Durante siglos la crítica occidental vivió a salvo de Oscar Wilde y pensó pacíficamente que el arte imitaba a la naturaleza y no al revés. El arquitecto romano Vitrubio, conservador devoto de los órdenes griegos y formulador del canon arquitectónico indiscutido hasta el Barroco, expresó la idea de que las columnas, por ejemplo, no son sino las copias artificiales de los árboles sobre los que en edades primitivas se apoyaban las techumbres de los edificios. Fue el mismo Vitrubio quien calculó la medida armónica del hombre que luego plasmaría famosamente Leonardo. Y fue Vitrubio quien explicó que las proporciones de las columnas clásicas se basaban en las proporciones del cuerpo humano, con tres órdenes correspondientes a tres formas ideales de lo corporal: el dórico a las del varón, el jónico a las de la mujer y el corintio a las de la doncella, señorita o muchacha en flor.

Sería interesante recorrer, por ejemplo, los edificios públicos de Madrid con el libro de Vitrubio en la mano y con ganas de aplicarlo rigurosamente. Las consecuencias son fastuosas, seguramente injustas e indudablemente cómicas. Sin salir de la almendra central, nos topamos con la sede de la Real Academia Española, cuya limpia fachada neoclásica se sustenta sobre columnas de orden dórico, como expresando el predominio de lo masculino en una institución que aún hoy cuenta con solo seis académicas de cuarenta y seis sillones ocupados. Y si la dórica RAE se resiste a la feminidad, como decía Vitrubio, qué diremos de los pintores de El Prado, cuya fachada precedida por Velázquez repite el orden dórico con sereno, sobrio, viril neoclasicismo.

La Bolsa o la vida, ambas femeninas.

La Bolsa o la vida, ambas femeninas.

La idea vitrubiana de feminidad señorea, en cambio, la columnata jónica del Instituto Cervantes, con sus imponentes cariátides custodiando el chaflán. Si reparamos en que el hoy Instituto Cervantes se diseñó para Banco Central, podríamos concluir que su arquitecto vino a subrayar el tópico bíblico de la mujer hacendosa, o bien la deidad grecolatina de la feracidad, es decir, ese talento crematístico, ese don para la administración de los dineros que siempre se ha atribuido a las mujeres, según Pla «el ser antirromántico por excelencia».

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4 noviembre, 2013 · 16:34