Archivo diario: 29 noviembre, 2013

Carta abierta a Álvaro Arbeloa

Querido Álvaro:

Vaya noche la del miércoles, amigo. Vaya Lepanto a tu medida, contra los turcos y en la armada de Juan de Austria, sobrenombre del poderoso almirante Xabier Alonso Olano. Ya habrás visto por la tele la manera punk en que tu amigo Xabi enloqueció de júbilo en la banda cuando batiste a Iscan con un empalme suave, acompañado como un muletazo. Y el tendido en pie, claro, ese tendido indescifrable que te ha hecho sufrir y que contra el Galatasaray se entregó a tu desagravio pendiente y unánime.

Mientras vuelve CR los marca Arbeloa.

Mientras vuelve CR los marca Arbeloa.

Eres un hombre de temperamento marcial, leal y fiable como castellano viejo. Y como a los buenos soldados, el valor que se te presupone jamás es defraudado. No prodigas la fantasía del zigzag como Marcelo, pero tampoco regalas el espacio que hay detrás de tu espalda ni a tu padre. Tus errores, cuando los tienes, se amplifican con lupa, no la mía sino la de los viejos y ya casi entrañables enemigos de tu militancia mourinhista. Yo no recuerdo un jugador más perseguido, ridiculizado, ninguneado y vejado por la prensa deportiva de este país en mis 30 años de vida y madridismo. Cualquier otro se habría calado las Ray-Ban, agarrado el trolley en Barajas y sacado a pasear la peineta castellana: os va a aguantar la madre que os parió, bastardos. Pero Arbeloa se queda a luchar con la pata sobre la calavera que hay al pie del cañón, apretando los dientes, soportando el fuego. Y un día, que fue el miércoles pasado, sales de la trinchera, recorres todo el campo, llegas hasta el cuartel general del enemigo y te traes la bandera dando aullidos. Marcaste uno, casi marcas dos, provocaste un penalti no pitado y diste una asistencia. Hasta los locutores más fríos se derritieron.

Y esto no es fácil, Álvaro. El Madrid es una trituradora de espíritus apocados, y hay jugadores con más calidad que tú que han salido de aquí camino del psiquiátrico para los restos. Pero supongo que el apellido Arbeloa desciende de los marañones que subían con la armadura puesta al cráter del volcán a recoger azufre para hacer pólvora de arcabuz. Deberías anunciar chalecos de kevlar, y no cosméticos. Mi amigo Hughes ha escrito que eres el jugador antisilbidos, porque cuando más dispuesta está la parte torva de la afición a pitarte, más sereno entregas el balón al compañero.

Consumada la gesta dijiste ante el micrófono que “el público sabe mucho”. Tú sabes y yo sé que eso es muy generoso de tu parte, pero también que un jugador de fútbol pertenece a su afición, y debe afrontar el odio y el amor con la mandíbula prieta. Te lo recuerdo ahora que en tu cabeza hay nubes blancas porque la tormenta volverá en cualquier momento. Cuando eso pase, recuerda también la noche en que batiste a los turcos, y esta gratitud nuestra que algunos no cambiaremos por una cintura tropical o por un discurso más acomodaticio. Muchos te consideran capitán sin brazalete, y no lo llevas porque lo tienes impreso en la piel como los estigmas en los santos.

(La Lupa, Real Madrid TV, viernes 29 de noviembre de 2013)

La locución aquí, a partir del 20:10.

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El formol delicioso de Julio Camba

Sus crónicas alemanas están entre lo mejor del articulista gallego.

Sus crónicas alemanas están entre lo mejor del articulista gallego.

Parece una paradoja que el auge editorial de Julio Camba (Vilanova de Arousa, 1884-Madrid, 1962) coincida con la ruina del periodismo tradicional, amén del cincuentenario de su muerte que se conmemoró el año pasado. Asombra la vigencia de la prosa cambiana en su estilo y en sus temas, sancionada por el favor de nuevas generaciones de lectores que descubren al gran genio español del columnismo del siglo XX ahora que cualquier bloguero con pretensiones se llama a sí mismo columnista. Pero quizá no sea tan paradójico el resurgir de Camba (a quien hace diez años nadie leía ni reeditaba en este país) en tiempos críticos para el periodismo, porque es conocida la facultad selectiva de las crisis para expurgar únicamente lo mejor con cierto ánimo de reivindicación. Y Camba no sólo es de lo mejor que le ha pasado a la historia del periodismo español, sino de lo mejor que podría sucederle a su futuro.

La editorial sevillana Renacimiento, con un primor ya reconocible, publica ahora las crónicas escritas por Julio Camba entre 1912 y 1915, siendo corresponsal en Alemania para La Tribuna primero y para el ABC de Torcuato Luca de Tena después:

–Pero si yo no sé alemán.
–Eso no importa, lo hará usted muy bien –le contestó el fundador de ABC.

Camba, que venía de cubrir las corresponsalías más excitantes de Londres y, sobre todo, de París, encaró Berlín con una desgana que la siempre fina ironía de sus artículos deja traslucir perfectamente. «Yo soy el hombre menos alemán del mundo», declaraba, y aunque pasó allí dos años y escribió algunas de las mejores crónicas de su vida periodística, nunca llegaría a encariñarse de lo germánico. Regresó aliviado a Madrid en los inicios de la Gran Guerra, aunque él dijo que volvía por aprensión de sabiduría, porque empezaba a notarse «síntomas así como de ir adquiriendo un criterio científico para todas las cosas» y él no quería defraudar a sus amigos castizos del café volviendo del país de Kant hecho un sabio de levita.

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29 noviembre, 2013 · 17:52