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Contra el columnismo

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Mi periódico.

A mi amigo Garabito le han montado un escrache precioso por no guardar debida reverencia a la perspectiva de género a la hora de avanzar el cartel de un congreso de columnistas. Lo cierto es que, como hace todos los años, llamó a varias mujeres columnistas de justa fama pero, o no podían confirmarle aún su presencia o declinaron la invitación porque no deseaban coincidir con según qué nombres. Algunas adujeron razones que Garabito es demasiado caballero para hacer públicas, según reclamaría la moda actual, que es una temporada de transparencias que no cesa. Pero tal como rasea la inteligencia cuando zumba en formación de enjambre, tampoco merece la pena. Así que Garabito, pese a no haber cumplido los 30, ya acumula secretos valiosos de un oficio cuya facilidad para la miseria resulta perfectamente transversal. Ellos y ellas, de derechas y de izquierdas.

De las vanidades perpetuamente ofendidas de un oficio que se sostiene sobre la firma propia uno ya reúne la íntima experiencia que le devuelve el espejo desde sus más tiernas publicaciones. Uno es columnista, y uno es por ello seguramente insoportable. No tanto por macho como por abajofirmante. Por eso sospecho que indigna menos la falta de paridad que la irrelevancia, mitigada por la ilusión de una causa civil. Sobre el despreciable espécimen del feminista predador -ese sujeto que primero clama al cielo herido de Beauvoir y luego manda el privado juguetón a la primera que dijo me gusta-, otros escribirán mejor que yo.

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25 septiembre, 2017 · 16:21

El ruido sordo de la endogamia

La comandante Zaida en la tribuna de invitados del Congreso.

La comandante Zaida en la tribuna de invitados del Congreso.

Abrió la sesión un atronador minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del 11-M: fue la parte más elocuente de la matinal parlamentaria, zambullida ya en el barro electoral. Por unos instantes todos nos pusimos de pie para pasar íntimamente el dedo por aquella cicatriz nacional aún tibia, acariciándola enmudecidos, y sólo se oyó el tableteo de los fotógrafos disparando. Hasta la pantalla del iPad de doña Celia exhibía la sombra del luto. El responso laico concluyó con un aplauso como futbolero y a partir de ahí todo fue a peor.

El señor Bosch tomó la palabra y preguntó por la pobreza infantil. Más tarde, Pere Macias, tras «solidarizarse con el pueblo de Madrid», inquirió por el fomento de la innovación industrial. Se hace escandaloso, si no imperdonable, que ERC y CiU olviden así sea por un día la identidad oprimida de su tierra. Si el tabarrón catalán continúa amortiguándose, nos tememos que cualquier miércoles se alce Tardà clamando que le duele España.

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