
Discrepancia de izquierdas.
Se acaba de descubrir que el canibalismo nos permitió sobrevivir en la Edad del Hielo. Pero los neandertales se comían entre ellos no por gusto, sino por inteligencia. El cerebro de un neandertal ya no era una broma: pesaba kilo y medio, y necesitaba consumir muchos ácidos grasos omega-3 para mantenerse operativo. Y para seguir evolucionando. El neandertal habría preferido una dieta de microalgas, peces y huevos, alimentos ricos en ácidos grasos; pero qué quieren ustedes, bajo inviernos de diez meses no sobrevive ni el musgo. Así que se pusieron a rodar ¡Viven! en versión paleorrealista. Y el plato más preciado era precisamente el cerebro, por concentrar la mayor proporción de nutrientes. Lo que se come se cría.
La izquierda española atraviesa su particular glaciación. No se me ocurre teoría más científica para justificar el canibalismo al que anda furiosamente entregada. Se sorben los cerebros en Podemos y en el PSOE como zombis ávidos, preocupados cada cual por su propia supervivencia. Lo peor es que con el seso no asimilan también las ideas del deglutido, sino sólo sus ácidos grasos. No es política: es gastronomía.





El trabajoso desbloqueo político apenas deja espacio estos días para discutir de nada más. Por ejemplo de regeneración democrática, procesos penales aparte. Y sin embargo las razones esgrimidas para bloquear la investidura de Mariano Rajoy apuntaban precisamente a la necesidad de una regeneración que el PP fue el último en aceptar. Lo curioso es que, cuando ya la tenía asumida, el PSOE entró en una crisis existencial de la cual emergió –si ha emergido– notablemente cambiado: preguntado por la exclusiva de este diario sobre las lecciones de corrupción en cómodos croquis de powerpoint que impartía el PP, el portavoz de la Gestora, Mario Jiménez, declaró no tener mucho más que añadir. Y el propio Javier Fernández ha tratado de explicar que la corrupción ya no puede servir para continuar bloqueando el país, como le sirvió al pedrismo para perseverar en el no. El nuevo PSOE confronta con Podemos, no con el PP, y ese viraje pone sordina a las demandas de limpieza institucional que hasta hace poco centraban el debate político.






