Archivo de la etiqueta: Rajoy at work

No nos cabe un debate más

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Autoaplauso.

¿Por qué lo llamamos debate si queremos decir televisión? El marianismo impuso un régimen tan anoréxico de comparecencias que propició la ansiedad reactiva de la telecracia: cuantas menos explicaciones daba Rajoy, más audiencia cosechaban las cadenas especializadas en la espectacularización de la política. Hasta el punto de que España dejó de salir a emborracharse los sábados por la noche y se quedó viendo tertulias políticas, una forma de embriaguez más barata pero no menos patriótica. Aunque no debemos confundir al votante con el telespectador, del mismo modo que no confundimos al lector con el usuario de internet.

Yo no sé si algún indeciso salió de su trance hamletiano viendo anoche la tele. Sobre todo porque si algo le sobra a España es debate político en televisión. Una novedad era el plató, construido para la ocasión como templo rutilante que amedrentó al principio a los oradores, todos ellos más nerviosos que de costumbre. Oficiaban Pastor y Vallés según rito propio, aunque no lograron evitar la yuxtaposición de monólogos a cuatro a la que tendía inevitablemente la ceremonia. La segunda novedad era Soraya, y tampoco es que la tengamos poco oída. Acusó su bisoñez catódica: habló más despacio que en el Parlamento y no logró distanciarse de su tonillo de opositora aplicada. Al principio sonreía con cara de haberse comido al canario, pero se fajó y encajó bien los ataques de los aspirantes, que de todos modos no hicieron sangre para no victimizarla. Sánchez empezó con aplomo, casi apolíneo, pero su serenidad se quebraba en cuanto le recordaban a Zapatero, al parecer compañero suyo de partido. Cuando Iglesias le minaba la autoestima, a don Pedro se le escapaba una abrupta carcajada de odre hueco. Rivera mantuvo el tono propositivo, aferrado al suarismo como a un salvoconducto que franquea el paso por la izquierda y por la derecha. Vaciló más que otras veces, pero colocó su mensaje: hay que pinchar la burbuja política, desteñir el rojo y el azul con grandes pactos de Estado.

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8 diciembre, 2015 · 13:28

Por qué votan a don Mariano

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¿La cocina del CIS?

Pocas virtudes españolas como la irreverencia hacia sus gobernantes, que a falta de guillotina padecen la chirigota. Ningún pueblo se burla tan bien de sus jefes como nosotros, lo cual fomenta entre ellos una cierta solidaridad de compañero mártir como la que Rajoy confesó hacia Zapatero en el sofá de Bertín. Y nos mofamos mucho de Zapatero, pero según datos oficiales ningún presidente ha sido peor valorado que Rajoy, quien en el CIS de 2012 dejó el suelo de la popularidad presidencial en 2,78. Ahora bien, ya pedía Suárez que le quisieran menos y le votaran más; al malquerido Rajoy le dieron una absoluta que nunca soñó el hombre del talante, y el CIS de ayer le otorga ocho inopinados puntos de ventaja sobre el mejor de sus opositores.

El PP ha perdido muchos votos pero no los suficientes para todo lo que nos hemos reído de él. Y a mí esta asimetría me escama. Es más, está recuperando apoyo. Los periodistas serios, los tuiteros, los monologuistas, los compañeros de partido, los hipsters de cuello vuelto y las almas sofisticadas en general siguen subestimando a Mariano Rajoy, mientras el pueblo que habla en el CIS y en el audímetro insiste en avalar la vigencia de este anacronismo con barba. Siempre podemos sacar al cuñado de progreso y exclamar desde la cima de la superioridad moral que el pueblo es imbécil, que no hay peor idiota que un obrero de derechas, que por qué tanto tonto de los cojones o tanto hijo de puta vota al PP, por citar a aquel alcalde de Getafe o a aquella columnista perita en menopausias. Pero esta solución no me convence. Ensayaré otra.

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Reivindicación de Eduardo Mendoza en El Parnasillo de COPE

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4 diciembre, 2015 · 11:44

¡Viva la telecracia!

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Atrapado.

Sería interesante estudiar dónde hay más traición a uno mismo: en la genuflexión del burgués Mas ante los anarcas de la CUP, en la centralidad de Iglesias respecto de su extremismo ideológico natural o en la claudicación de don Mariano a los requerimientos televisivos. De las tres traiciones, a mí la que más me sorprende es esta última. Soñaba con que don Mariano llegara virgen de platós a las elecciones, lo que habría deparado la primera campaña rompedora en mucho tiempo -un candidato resueltamente analógico en plena telecracia-, pero al final no ha logrado imponer su vocación cenobita al cálculo de Moragas. Esta semana veremos a ese imposible telegénico que es Mariano Rajoy en La Sexta, en Telecinco por dos veces y en TVE con don Bertín Osborne.

De lo de Rajoy con Bertín sólo me da rabia que lo emita la pública: yo habría pagado por ver semejante espectáculo en Yomvi, a falta de la Champions. Noto a mi alrededor (mi alrededor es una placenta catódica donde nadamos los tertulianos) mucho aspaviento a propósito de la campaña pop que se avecina. Como si el poder y la tele no casaran como el café y la leche desde Leni Riefenstahl. Como si no estuviera muy diagnosticada ya la mutación posmoderna del sujeto político (pueblo) en sujeto mediático (público). Como si la anécdota no hubiera relevado a la categoría, y un debate interesante entre Rivera e Iglesias no hubiese quedado reducido a postureo kantiano en las redes sociales. Como si los políticos no fueran representantes calcados de los ciudadanos, que caminan tropezando entre sí por tener la vista abismada en una pantalla: ¿y cómo sino a través de una pantalla van a colocarles el mensaje los candidatos desesperados por captar su atención? Puede que una persona no se merezca su genética; pero la población de una democracia siempre se merece su política.

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1 diciembre, 2015 · 11:36

Mariano Boskov

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Mariano Boskov.

Conviene tener muy en cuenta el paso de don Mariano por los micrófonos deportivos de la COPE porque en sus sentencias, deudoras del estilo tautológico de Vujadin Boskov, puede hallarse la solución a la crisis que atraviesa el Real. Si Boskov afirmó tajantemente que fútbol es fútbol, don Mariano declaró con rotundidad que no hay mejor defensa que una buena defensa. Tan es así que el Shakhtar estuvo a punto de empatar el partido por culpa del trastorno de déficit de atención ya diagnosticado en la zaga blanca. Pero como dijo Boskov, «ganar es mejor que empatar y empatar es mejor que perder».

Don Mariano le ve el peligro a Bale por la izquierda -a Iglesias menos- pero dejó claro que los jugadores tienen que jugar donde les diga Benítez. Ahora bien, presidente: si usted colocó a Margallo en Exteriores y le juega de central para Asuntos Catalanes, luego no puede quejarse de que Benítez ordene a la BBC que ayuden en defensa y luego se queden arriba viéndolas venir.

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30 noviembre, 2015 · 16:15

Einstein ante Rajoy

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Rajoy, un desafío para la ciencia.

El marianismo es un movimiento político que niega el movimiento político. De haber tenido que analizar el marianismo, Einstein sin duda habría concluido -resignado- que el espacio-tiempo acotado a una jornada en Moncloa no es dinámico, sino estático. Pues don Mariano es el único pedazo de materia conocido a cuyo contacto la energía renuncia a transformarse, e incluso se destruye. Y así, mientras la ciencia va descubriendo nuevas dimensiones de lo real -tengo entendido que la cuarta ya se ha quedado obsoleta-, el universo marianista tiende a comprimirse, y si por él fuera quedaría reducido a un punto primigenio y fijo, ubicado en la ría de Pontevedra, a partir del cual la política del «sentido común» para la «gente normal» no conociera alternativa.

Sin embargo, fuera de Moncloa el mundo sigue fastidiosamente sometido a la relatividad general. No eran precisamente relativistas sino fanáticos los que atentaron en París, pero su crimen obliga a Hollande a tejer pronto una alianza militar, con sus cazabombarderos y sus fragatas, o sea, la cosa menos estática que existe. La calle tampoco permanecería quieta, sino agitada por los demonios familiares del agit-prop municipal y espeso. Y ése no es el escenario electoral que soñaba para el 20-D el marianismo, al que tan grata demoscopia le estaba reportando la solidez institucional frente a los lemmings indepes. Muchos se meten en política para canalizar algo; Rajoy para hacer de dique.

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En El Parnasillo de COPE, esta semana, cómo acabar de una vez por todas con los cuentos de Navidad

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25 noviembre, 2015 · 10:49

Bipartidismo: no apto para jóvenes

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La cola de la capilla ardiente de Suárez, marzo de 2014.

Rara vez el primer borrador de la historia que es el periodismo ofrece dos imágenes tan sucesivas y tan opuestas para resumir un cambio de ciclo. El sábado 22 de marzo de 2014, ocho columnas de manifestantes salidas de los cuatro puntos cardinales del país confluyeron en Madrid para formar la llamada Marcha de la Dignidad, que condensó la indignación social por los parados, los desahucios y los recortes. La manifestación del 22-M discurrió con normalidad hasta que hacia el final de la jornada desembocó en disturbios entre radicales y agentes de policía, con un balance de 24 detenidos y un centenar de heridos. Pero sobre todo sirvió para aglutinar la base social del partido que por entonces se preparaba para dar la campanada en las elecciones europeas de mayo: Podemos. «Fue un día muy emocionante, ver a tanta gente en las calles queriendo cambiar las cosas», rememora Cruz Díez, de 35 años, educadora y activista señera de la marea verde que ha canalizado las protestas contra los recortes en la enseñanza pública. «Ahora quienes han cambiado son los de Podemos», apostilla.

Al día siguiente, con la Castellana todavía sin barrer, saltó la noticia de la muerte de Adolfo Suárez, el piloto de la Transición que ese nuevo partido tildaba de apaño y venía a impugnar. Cerca de 30.000 españoles devotos de su figura desfilaron por la larga cola que daba la vuelta al madrileño barrio de Cortes hasta adentrarse en el Congreso de los Diputados, donde se había ubicado la capilla ardiente del primer presidente de la democracia. «En la cola había personas de todas las edades, pero la mayoría superaba los 40. Parecían de la generación anterior a la del difunto: estarían en la adolescencia o la primera juventud cuando Suárez llegó al poder, y vivirían aquellos acontecimientos con la excitación de los grandes cambios políticos», explica Marta, que hizo tres horas de cola para despedirse del féretro del hombre que renombró Barajas. Ella no quería perderse lo que consideraba un momento histórico aunque reconoce que su edad -no ha cumplido los 30- era la menos representada en el cortejo fúnebre que rodeaba la Carrera de San Jerónimo.

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23 noviembre, 2015 · 11:20

«La ironía total lleva al nihilismo»

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El clasicismo aporreando al tertuliano-centauro. Museo de Historia del Arte, Viena.

La entrevista tuvo que hacerse en tres sesiones, en tres bares de tres hoteles de Madrid, pues coincidió con la publicación en El Mundo de una conversación con Montoro, con firma en un recuadro del entrevistado, y, claro, durante tres días su móvil no paró de echar humo: llamadas de la redacción, llamadas del ministerio, llamadas de las televisiones… Sirva lo anterior no como composición de modo ni de lugar ni de tiempo, en todo caso de personaje: Jorge Bustos, un periodista que lo mismo es capaz de un scoop que hace moverse el suelo del partido en el Gobierno que de llegar al punto final de una columna sin esfuerzo aparente, que de frecuentar las tertulias del prime time sin parecer un tertuliano, que de estrenarse como autor -y aquí va la razón de esta entrevista- con un libro de ensayo. Un libro que huye del recurso facilón del refrito recopilatorio, del manual de autoayuda del que solo se alimenta de galletitas chinas y de frases de almanaque, del comentario a mil fotos en blanco y negro de Steve McQueen y Audrey Herburn, del relato nostálgico de uno que aprendió a escribir en los cuadernos de caligrafía Rubio. La granja humana, en fin, lecciones amenas de Filosofía -y de Política, y de Literatura, y de Sociología…- profunda.

 -Quien llegue a su libro por sus columnas y, al revés, a sus columnas por su libro, ¿se llevará una sorpresa o verá en el trayecto una lógica continuidad?

-No debería llevarse una sorpresa, creo. El libro pretende conectar con el género canónico del ensayo, de más aliento que la columna, y la columna es, a su vez, un subgénero del ensayo. El resultado de esos dos vectores son los ensayitos de tres o cuatro páginas de los que está compuesto el libro, en el que he tratado de huir de cierta tendencia al academicismo aplicando el tono ligero del columnista pegado a la actualidad.

 -¿Cree haberlo logrado?

-En un primera versión del libro no. Porque cuando me llaman para hacerme el encargo, enseguida pienso en Ariel como la gran editorial del mundo académico y fijo en mi cabeza un lector ideal al que me quiero dirigir, un catedrático campanudo cuya aprobación debo merecer. Cuando enseño en Ariel lo que llevo escrito, me dicen que lo rehaga. En su momento, me cabreé bastante. Pero ahora entiendo la labor benéfica del editor.

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18 noviembre, 2015 · 12:15

Últimas jaculatorias con Rajoy (o no)

Rajoy frente a Rosell en el foro de EL MUNDO.

Rajoy frente a Rosell en el foro de EL MUNDO.

Es normal que los cronistas citen a los políticos. Es menos normal que los políticos citen a los cronistas. Pero lo que de ningún modo parece oportuno y conveniente -por recurrir a una adjetivación característica del personaje- es que un presidente del Gobierno abra un coloquio organizado por EL MUNDO confesando que regaló un libro de Ignatieff «al señor Bustos, que antes me había enviado el suyo». Eso es tomar rehenes, presidente. Uno no es de piedra y soy especialmente sensible a los lectores que me dan trato de señor, por no hablar de los que me hacen regalos.

La historia de mi secreta correspondencia libresca con Rajoy en todo caso ya está contada en estas páginas y si salió a colación es por la sentencia de Ignatieff que Francisco Rosell lanzó a la cara de don Mariano muy pertinentemente a cuenta del sindiós catalán: «Si adoptas la prudencia como lema, el coraje te abandonará cuando llegue el momento de mostrarlo».

Pero las apelaciones ígneas a la acción se evaporan al contacto con la flema galaica que Rajoy ha convertido en estilo político, el llamado marianismo: «A veces el Gobierno tiene que tomar decisiones. Y a veces -aquí pausa dramática- el Gobierno tiene que NO tomar decisiones». Cuando recita una de estas jaculatorias reprime una íntima satisfacción que sólo unos pocos marianólogos advertimos, porque la marianología es arte arcano y esotérico de difícil aprehensión.

El resto de la sala o del hemiciclo se suele dormir. Yo miré al asiento de Anson, por si acaso, pero don Luis María seguía atentamente la escena al lado de Boadella, cuya melena luce tanto más blanca en Madrid cuanto más se ensombrece el rostro de la Moreneta en Cataluña. Por cierto que la retórica marianista, hecha de tautología y verdades del barquero, encuentra un precursor nada menos que en Ortega y Gasset, a quien se había encomendado el presidente en su intervención inicial: «No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa». Puro marianismo.

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9 noviembre, 2015 · 11:05