Archivo de la etiqueta: La sombra de Caín

Hacerse un Nerón

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Padres e hijos.

El constitucionalismo va yéndose al carajo por el tironeo rapaz de tres fuerzas centrífugas: una izquierda que juzga traidor a Carrillo, una derecha que juzga traidor a Suárez y todo el nacionalismo que juzga traidor a Roca. Y con razón, pues los tres traicionaron las esencias más puras de sus respectivas ideologías en aras de la convivencia entre diferentes. Pero igual que la primera causa del divorcio es el matrimonio, la primera causa del populismo es la democracia. España acaba de ser incluida por The Economist entre las únicas 20 democracias plenas del planeta, lo que aquí se ha tomado como la enésima afrenta de la Leyenda Negra: quiénes son esos arrogantes anglosajones para venir a decirnos que no estamos tan mal. Esto es una charca de comunistas, franquistas, feminazis y etarras, y quien diga lo contrario miente como un bellaco.

Pero ha llegado la hora de drenar el pantano del 78, españoles. ¿Qué ha hecho el 78 por nosotros? De acuerdo, nos ha dado paz, estabilidad y progreso sin necesidad de un dictador que vele por nosotros. Pero la tolerancia es una virtud de pobres. El primer lujo que uno se permite en cuanto asciende es dejar de soportar a los demás, que por algo son el infierno para Sartre, y cambia el pisito por el chalé, según el camino de nuestro feminista semental. Y el segundo lujo del primermundista es la nostalgia de un mito heroico que lo redima de su tedio feliz. Si como explica Latorre el nacionalismo es una enfermedad por la que los ricos se creen menesterosos, el cainismo es una enfermedad por la que demócratas de sofá y Netflix escuchan la llamada de la revolución en nombre de la Clase o la Nación, cuando no del Género. Y así tenemos a Torra persiguiendo la república imaginaria -la república no existe, idiota-, a Iglesias guillotinando reyes en sus juegos de tronos mentales, a Montero cavando trincheras de llanto frente al terror patriarcal y a Santiago y cierra España reconquistando una unidad de destino en lo globalista. ¿Qué tímido partidario del consenso constitucional puede competir con tan santas misiones?

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14 enero, 2019 · 9:50

Jinetes del cromosoma Y

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Vuelve el hombre.

La irrupción de Vox dibuja un pentapartidismo cuyo centro geométrico y político ocupa Cs, en buena medida gracias a los ataques simétricos de sus rivales: dos por la izquierda y dos por la derecha. A Rivera le ataca el PP por los votos que robó a Rajoy, el PSOE por los que roba a Sánchez, Podemos por paranoia anticapi y Vox por una entrañable mezcla de paranoia masónica y rencor práctico, pues Cs impide que Casado se diluya en el abrazo del oso de Abascal. Rivera tiene hoy la ocasión de demostrar dos de sus frases favoritas: que a la idea insólita de un centro español le ha llegado su momento y que a la política se viene llorado de casa.

La violencia de género se ha convertido en caballo de batalla -nunca mejor dicho- de Abascal para hacerse valer en el cambio andaluz. Está bien elegido porque encarna la mayor guerra cultural de nuestro tiempo, y ya se sabe que la primera víctima de la guerra -y el último verdugo del populista- es la verdad. Es tan cierto que Cs criticó la asimetría penal por machismo como que se cayó rápido de ese caballo pardo -hace cuatro años ya- y ha trabajado decididamente en favor del Pacto de Estado, aprobándolo por cierto con un voto particular que exigía el carácter finalista de todas las subvenciones. Este giro que en realidad reclama el nombre de madurez sirve a la acusación de veletismo pero también a la reconciliación con el arte de lo posible ajeno a fanáticos de nicho: la pureza ideológica solo se la puede permitir el irrelevante, el comentarista, el trol. Cuando Vox se presenta como partido de principios inmutables y refugio de hombres maltratados se condena a la marginalidad o a la traición, porque tendrá que retratarse votando medidas de apoyo a la mujer: si las rechaza conservará el fervor minoritario de su votante macho más movilizado al precio de no participar en cambios legislativos reales. Abascal siempre puede asumir la legislación feminista y abrirse a negociar una ley complementaria de violencia intrafamiliar, pero entonces estaría sumando con Rivera y no chocando con él, que es lo que le da fama. Al tradicionalismo el pacto no le sienta tan bien como al liberalismo.

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6 enero, 2019 · 18:37

Mi reino por un cordón

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Vuelve el hombre.

El partido Vox está descubriendo a muchas personas de orden un placer que creían reservado al adversario: la épica de la resistencia. Se caracteriza a la derecha como amante de la estabilidad que favorece los negocios, pero Marx y Engels, que por algo eran burgueses, tenían razón: la burguesía siempre fue el verdadero sujeto revolucionario. ¡También el Barrio de Salamanca quiere adornarse con los sacos terreros del No pasarán! Sin este excipiente emocional no se comprenderá la efervescencia de Vox entre los niños bien, que sienten llegada la hora de la revancha histórica en que el miedo cambia de bando -ahora le toca temblar a la izquierda- y a los apacibles conservadores se les confía la excitante misión de escandalizar al establishment. Si los desheredados de ayer viven hoy en mansiones serranas, a ver por qué los urbanitas de pista de pádel no van a poder echarse al monte.

Todo populismo exitoso empieza por ofrecer una retribución moral antes que una económica. Vox ofrece una emoción nueva, que podríamos bautizar como el malismo: frente al buenismo de los que insisten en visibilizar a los transexuales y acoger a los refugiados, los malistas proclaman que ya está bien del narcisismo moral de la pequeña diferencia, que vuelve el hombre, que ha de resurgir la gran identidad integrada por los nativos heterosexuales blancos católicos. A este amplísimo conjunto de ciudadanos Vox les oculta su posición hegemónica y les catequiza en la condición de minoría perseguida, un orgullo de catacumba que es lo más cristiano que cabe rastrear en la estrategia de Abascal. Por eso no desaprovecha una ocasión de denunciar el cordón sanitario: porque necesitan saberse acordonados para crecer. Porque su sentido tribal de pertenencia se alimenta del rechazo del mainstream. Porque el primer combustible político de nuestro tiempo es el victimismo, que puede atizarse contra los españoles como contra los antiespañoles. «A mí me beneficia el pacto PP-Cs, pero prefiero otras elecciones para que castiguen a Rivera», escribía ayer un tuitero. He ahí la expresión cabal de la esencia punitiva del populismo: antes joder a la tribu rival que beneficiarnos todos del cambio.

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27 diciembre, 2018 · 11:34

Puente aéreo

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Tarradellas y Suárez.

Resulta descriptible mi entusiasmo por el redondismo, pero debo rendirme a don Iván si suya ha sido la idea de rebautizar El Prat con el nombre de Josep Tarradellas. Estamos ante un nuevo brote cuántico de sanchismo, un nuevo desafío metafísico al principio de no contradicción por el cual el Sánchez real, el que firma la calculada omisión de la Constitución con sus agresores, se opone al Sánchez simbólico: el que adjudica al aeropuerto de Barcelona la identidad del enemigo encarnizado de Jordi Pujol.

Tarradellas fue el primero en denunciar la «dictadura blanca» de aquel milhombres corrupto -«iguana epiléptica» le llamó Federico, orfebre del denuesto, en una de las cumbres de su repertorio- de cuyos hispanófobos legatarios depende hoy el Gobierno de España. He aquí otro hito de la bipolaridad sanchista: reivindica con gesto solemne a un patriarca de la Transición mientras dinamita su obra por la vía clamorosa de los hechos. Tarradellas fue leal a Suárez, y de esa lealtad nació el Estatuto de Cataluña. Pero pronto llegaría Pujol, procedente de Andorra, y sus coletazos de iguana descargaron durante años sobre las bases de aquel pacto de caballeros, hasta que no han quedado en pie más que un Torra y un Sánchez midiéndose mano a mano la profundidad de sus traiciones respectivas.

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24 diciembre, 2018 · 11:59

Entrevista en El Catalán

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El entrevistado.

[Reproduzco a continuación la entrevista que me hacen los chicos de El Catalán, en la que doy respuestas muy poco equidistantes]

En un artículo se refería al nacionalismo como una ideología “intrínsecamente perversa”.

Claro. El nacionalismo es una enfermedad moral que te convence de que eres más que los demás por el hecho casual de haber nacido en una localización geográfica determinada, a la que revistes de mitos legitimistas. Luego habrá nacionalistas encantadores, claro. Pero portan una ideología que los empeora como animales políticos: les tienta permanentemente hacia la exclusión, el egoísmo, y en los casos más extremos, el supremacismo y la limpieza étnica. El nacionalismo es el machismo de los pueblos.

También ha señalado que el procés es una “gigantesca apropiación indebida”.

Es un robo. “Vosotros, andaluces o murcianos, que vinisteis como emigrantes a currar de lo que no querían los catalanes puros y labrasteis como obreros la prosperidad de Cataluña, ahora os quedáis sin derecho de propiedad sobre la tierra que habéis hecho rica a no ser que comulguéis con el separatismo”. Eso es el procés. Robar la soberanía de todos es infinitamente más grave que robar dinero público con tarjetas black; primero, porque es mucho más dinero; y, segundo, porque es mucho más inmoral, porque es el dinero que la solidaridad estatal redistribuye entre los más necesitados. El Estado es de todos y la nación también.

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19 diciembre, 2018 · 8:44

El privilegio del coraje

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Coraje.

Las guerras civiles en Occidente aún son culturales. Dos se están librando hoy, una en la izquierda y otra en la derecha.

En el primer frente tenemos a los neomarxistas tratando de pinchar las múltiples burbujas divisivas de los identitarios, explicándoles que lo que determina su conciencia solo puede ser su clase social y no la fluidez de su género, ni el abono semanal a la batucada saharaui, ni su arrebatada piedad por las focas. Militancias tan atomizadas les escamotean su destino histórico, que es unirse como precarios del mundo en la lucha final contra el neoliberalismo globalizado. Se trata de una guerra melancólica que ya se perdió en París en 1968, cuando los hijos de la paz descubrieron que sus anhelos los satisfacía mejor el mercado que el Estado, pero su lucha me inspira más simpatía que la de quien pide el sufragio para el gran simio; al fin y al cabo, Adam Smith y Karl Marx comparten la convicción de que la emancipación del hombre empieza por sus condiciones materiales.

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10 diciembre, 2018 · 11:46

Rufián, Borrell y el silencio de los corderos

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El príncipe y el mendigo.

Tardaremos años en coser el desgarro institucional que está produciendo el sanchismo, esa agencia de viajes matrimonial con cargo al dinero de los españoles y a los votos de quienes odian serlo. «La cuestión no es que Rufián sea un portero de discoteca carnicero, porque eso ya lo sabíamos, el problema es que el carnicerito abre y cierra la válvula del regulador que te proporciona oxígeno para seguir en La Moncloa». Este whatsapp no me lo manda un diputado de la oposición: me lo manda un diputado que lo fue todo en el PSOE y que sabe que será purgado en las próximas listas. Está condenado al silencio de los corderos y a mí me gustaría que lo rompiera en público, pero al menos él no es como otros susanistas que se rebajan a pelotear a Adriana Lastra en la esperanza de prorrogar su nómina pública. A Lastra, que en vez de salir en defensa de Borrell se apresuró a disculpar al matón de ERC que «tan solo amagó» con escupirle cuando pasó a su lado. Pero claro, Josep tiene su carrera hecha y Adriana es… Adriana.

El pánico a perder el escaño amordaza la voluntad de los culos de carné pero todavía no embota sus inteligencias tanto como para no convenir en la terrible degradación, en la vileza parlamentaria de esta bochornosa hora española en la que solo la ausencia de pistolas nos distancia de los años 30, cuando Pasionaria amenazaba al banco de la oposición directamente con el asesinato. Respecto de eso el escupitajo constituye un progreso, ciertamente. Mejor un zoo de llamas escupidoras que un cementerio.

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21 noviembre, 2018 · 14:00

Fascistas en pedazos

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Ortega Lara en un mitin de Vox.

Facha, pardillo, tu boca en un bordillo. Sin piernas y sin brazos, fascistas en pedazos. Otro Paracuellos. Y la mejor: Ortega Lara, vuelve al zulo. Son las consignas que coreaba un centenar de animosos muchachos que velaban por la democracia a las puertas de un acto de Vox en Murcia. Los chicos de la gasolina, que diría Arzalluz, para quienes Ortega pasó 532 días en el zulo porque lo merecía. Como se lo merecen los disidentes venezolanos enterrados vivos en La Tumba. Jóvenes nacidos en sociedades prósperas que jamás han arriesgado nada para gozar de lo que otros les legaron se convierten en depósitos calientes de un odio informe, analfabeto, macizo. Se llaman antifascistas porque necesitan un prefijo donde escudar lo obvio: que hay dos clases de fascismo -el fascismo y el antifascismo- y que lo de menos es la ideología que te hayan enseñado a cacarear, lo que te piden es que odies lo suficiente.

El antifascista contemporáneo es el único animal que inventa a su depredador para sobrevivir. En la naturaleza, el débil escapa del fuerte por imperativo trófico; por eso en las dictaduras, que no son otra cosa que regresiones a la ley de la selva, los antifascistas eran perseguidos por genuinos fascistas. En la democracia, a la que solo se ha llegado mediante una secular y minuciosa negación de la tendencia natural de la especie, el antifascista pierde su sentido como víctima. De modo que lo recobra como verdugo, pues su identidad no se construye afirmando nada propio -el odio es un gas: tóxico pero vacío- sino negando lo ajeno. Para subsistir ha de salir de cacería, que normalmente es digital y coqueta, con su triangulito rojo en el avatar. Solo se vuelve física cuando el odio rebasa la Red para embriagar a los especímenes menos sofisticados, como ocurrió en Murcia o en las escaleras del metro de Barcelona. A estas camadas será inútil explicarles que el antifascismo que venció en la II Guerra Mundial podía ser comunista, como el de Stalin, o demócrata liberal, como el de Churchill, y que el primero acabó superando la atrocidad nazi mientras que el segundo defendió el orden que todavía hoy garantiza asistencia letrada y gratuita a los cachorros detenidos en pleno proyecto de colocar la boca de Ortega Lara en un bordillo.

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17 noviembre, 2018 · 10:45