Archivo de la etiqueta: el tabarrón catalán

Normas para una revolución

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Sea posmoderno, derogue la responsabilidad.

Usted, naturalmente, está harto de este mundo, que le parece invivible. Usted tiene poderosas razones para desear cambiarlo, porque una exótica fe le ha convencido de que es más fácil cambiar el mundo que cambiarse a sí mismo, y una infundada esperanza le persuade de que su posición mejorará con el cambio. Usted calienta su fantasía admirando a revolucionarios históricos que voltearon las condiciones objetivas de su tiempo. Por debilidad poética, y al contrario que los buenos narradores, glorifica los principios y olvida los finales, porque al revolucionario le inspira la excitante destrucción del presente, no la trabajosa edificación del futuro. Que tiene la ventaja de que nunca llega, así que todo sacrificio en su nombre está justificado. Usted vive en el siglo de los sacrificios baratos, pero deberá poner algo de su parte para triunfar.

Los revolucionarios modernos reclamaban libertad, es decir, la capacidad de hacerse cargo de sí mismos. Pero la autonomía individual resultó una pesada carga, de modo que las revoluciones posmodernas añoran la tribu. Libérese de la libertad. Su causa será viral si implica la abolición de la responsabilidad. Quién quiere ser libre si serlo limita la empoderadora industria de la queja. Usted es posmoderno: odia responsabilizarse de sus propias decisiones, y por tanto de sus fracasos intransferibles. Examinar la propia conciencia anula la revolución, pero examinar la ajena la desata. Evite examinarse. La autocrítica ya se la harán camaradas más ambiciosos que usted.

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Vuelve El bueno (Tomás Burgos), el feo (la memoria histórica del PSOE) y el malo (Puigdemont)

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5 marzo, 2018 · 11:31

El David de Tabarnia

15197783139774.jpgQueríamos ver al Madrid en Cornellà para confirmar si el David de Tabarnia, que esta temporada ya ha tumbado a Barça y Atleti, se enfrentaba a un Goliath creíble como el que prometía el reciente reencuentro de la BBC con la pegada perdida. Pero Cristiano se había quedado en casa y, en lugar del tiburón, Zidane apostaba por la economía colaborativa del centrocampismo y sus finos estilistas, que es como tratar de suplir un gran banco con la fusión de varias cajas: una estrategia voluntariosa aunque arriesgada. Pero eso hizo Luis de Guindos y ahora vicepreside el Banco Central Europeo.

Los locutores insistían en los «detallazos» de Isco, pero uno aún no ha roto a admirar el brujuleo moroso del malagueño, su fútbol imantado que siempre gira sobre sí mismo, como si saltara a jugar con los tobillos impregnados de magnesio. A veces parece que va a haber presidente legal en Cataluña antes de que la suelte Isco. El norte del ataque blanco es y será Cristiano, y sin norte hasta las mejores brújulas se vuelven locas. Otra cosa es lo de Lucas y sobre todo lo de Asensio, que cubrían la cuota de emprendimiento pero no encontraban cliente.

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28 febrero, 2018 · 11:38

La inmersión aprieta, y además ahoga

Sesión de control al Gobierno

Perfil alto.

El Congreso no legisla porque sus señorías están demasiado ocupadas instando a legislar. Pero esa es costumbre muy añeja, no puede decirse que importune a don Mariano. Por eso sorprendió su tono de este miércoles, más desabrido que de ordinario. Hubo dos momentos en la sesión de control en que no reconocimos al Rajoy flemático cuyo aliento hiela los problemas cuando se los arroja a la cara la oposición. Primero un casi cordial Pablo Iglesias le recordó muy pertinentemente que la Constitución obliga al Gobierno a someter las cuentas del Estado a debate en la sede de la soberanía, pero Rajoy le espetó: «Déjeme a mí hacer presupuestos y usted dedíquese a otras cosas». Nadie que aprecie su patrimonio le entregaría a Iglesias la gestión de su contabilidad, pero ese no es su estilo, presidente. Tampoco lo es la prepotencia con que acalló la atinada pregunta sobre el menguante poder adquisitivo de las pensiones de Íñigo Alli, que topó con este desplante olímpico: «Todos compartimos sus buenas intenciones, pero yo tengo que gobernar». Nadie lo diría mirando el BOE. ¿Qué fue de la exitosa saga del orador celta y la retranca perdida? A ver si, como le vino a decir Margarita Robles, está empezando a tomar conciencia de que ya tiene todo el pasado por delante.

Pero fuera de Rajoy, la diana de los zascas -iba a poner venablos, pero qué quieren- la sujetaron por turnos Catalá, Montoro y Méndez de Vigo. El ministro de Justicia se destapó con una fogosidad muy ajena a sus burocráticas hechuras. La culpa fue primero de Artemi Rallo (PSOE), que se desgañitó llamando «integrista y homófoba» a María Elósegui con tanta saña que al cuarto alarido ya estábamos todos completamente seguros de que María Elósegui es una bellísima persona. No quieren a Luis de Guindos porque no es mujer, pero tampoco quieren a Elósegui porque no es de izquierdas ni tampoco a Elena Valenciano porque no es sanchista. Sobre lo que quiere este PSOE se podrían rodar los más enigmáticos anuncios de compresas. Catalá perdió luego los papeles en Irán y en Venezuela cuando Errejón le hizo una observación exacta y bastante comedida sobre la corrupción: que la crónica de esta legislatura discurra eminentemente por el género de tribunales lastra toda la iniciativa política del Gobierno. Por cierto que De Guindos protagonizó un desaire cómico en los pasillos, donde se colocó a la espera de que le hicieran caso los periodistas, arremolinados en torno a Albert Rivera. La escena medía con precisión la actual cotización mediática de PP y Cs: un canutazo del próximo vicepresidente del BCE interesa bastante menos que la guerra abierta entre azules y naranjas.

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21 febrero, 2018 · 14:19

Noticias de Equidistonia

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Así ve el mundo el equidistante.

Ansiamos la equidistancia porque concede la superioridad moral entre dos cazurros notorios. El equidistante es ese cráneo privilegiado que se asoma al cuadro de la riña a garrotazos -nacionalista español contra nacionalista catalán-, esboza un mohín de olímpico disgusto y se pone de parte de… Goya. Ignora el equidistante que, desde Einstein, su posición en el cosmos ideológico es relativa, y por tanto no la decide él en absoluto sino también la mirada de los demás, incluidos los del garrote. A menudo un equidistante solo es el tonto útil de una causa a la que ni siquiera sospecha que sirve.

El equidistante es lo bastante inteligente para marcar distancias con la estelada, pero no reúne el valor necesario para reconocer su españolía sin el atenuante de la desafección. País de pandereta, vergüenza, quién pudiera no ser español, masculla en Twitter mientras apura su gintonic de enebro en una coqueta terraza de capital de provincia de la cuarta economía del euro. Su mente borgiana traza implacables simetrías sobre los demás -nunca sobre sí mismo- y reparte porciones salomónicas de culpa entre fachas e indepes, centrípetos y centrífugos, Madrid y Cataluña. Luego se sube en su nave espacial y regresa a su blanquísimo planeta, Equidistonia, lejos de este mundo banderizo donde el resto braceamos en la oscuridad.

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El bueno (Regino Hernández), el feo (Andoni Ortuzar) y el malo (Antonio Baños)

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19 febrero, 2018 · 11:55

Es el nacionalismo, estúPPidos

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«¿Pero de qué se quejan, Aitor?»

Nos tenían dicho que la belicosidad era cosa de la izquierda, pero también ese tópico vamos a tener que revisarlo. Hoy el antagonismo más virulento de la política española lo desempeñan Ciudadanos y el PP, mientras Pedro Sánchez se abraza melancólico a Felipe y Pablo Iglesias se abraza enmudecido a su iPhone. Los de Rivera y los de Rajoy se sacuden ya sin mesura, llegan al escaño con el botiquín de campaña y alguno hasta se arremanga antes de pedir la vez. Ya se sabe que las guerras más encarnizadas se las declaran los presuntos aliados. Si algo acredita Ciudadanos es cintura, pero ya no es solo ideológica sino también geográfica: condiciona el Gobierno y al mismo tiempo ejerce la más dura oposición. Y todos los partidos, a su vez, se oponen a Cs. Los ciudadanos con minúscula lo ven y según los sondeos se identifican. Ahora es Cs el partido anticasta.

Por eso cuando Margarita Robles llama camastrón a don Mariano a primera hora de la mañana, suena antes a pellizco maternal que a la diatriba de la portavoz –portavoza para Lastra– de la primera fuerza opositora, u opositoro. «¡Despierta usted!», gritaba doña Margarita, pero su grito nos despertó a todos menos a Rajoy, que cabeceaba aún más aburrido que antes. Vedado el tema catalán por la entente del 155, el PSOE trata de arañar la piel de kevlar del presidente con el enfoque social, la precariedad, la brecha, la pobreza. Pero Rajoy recurre a la memoria ruinosa de Zapatero y todavía le funciona.

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La generosa reseña de Jesús F. Úbeda en Zenda sobre Vidas cipotudas

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14 febrero, 2018 · 13:36

Piqué y el desarraigo

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El llanto de un pueblo.

La solución al bloqueo político de Cataluña se llama Gerard Piqué. Reúne todos los requisitos para que el presidente del Parlament proponga su investidura en el lugar de Puigdemont: reside en Cataluña, sabe escuchar a su pueblo -aunque su pueblo termine insultando a su familia- y despide en todos sus gestos y palabras el inconfundible tufo del supremacista altivo. Piqué es un hombre preocupado por la buena educación de los demás, nunca de la propia, lo cual hace de él un perfecto animal de sigla. A escupir sobre subalternos -que deben responder que llueve- ya aprendió hace unos años en la cubierta de un autobús. A separar escrupulosamente su vicio privado (el separatismo) de sus responsabilidades públicas (la defensa de la Selección Española) llegó pocos años más tarde, cuando las circunstancias lo aconsejaban, lo cual revela ya todo el cinismo adaptativo que exige una prometedora carrera en el escaño. Su sensibilidad es innegable, y se desborda en lágrimas cuando se trata de defender el derecho de su raza o de su clase a decidir por todos los demás. Nadie cuestiona su buena presencia, cualidad que siempre se agradece en los carteles electorales, y sería por lo demás el único candidato que aterriza en la política con el himno ya hecho, confeccionado a su medida por verdaderos profesionales: Me enamoré.

Como buen político nacionalista, el principal peligro que Piqué advierte en la sociedad catalana es el mestizaje. Ahora bien, el radio de su desprecio es más corto que el del xenófobo estándar: en su caso se mide por barrios. Para él, África empieza en Cornellá. Tampoco le gustan los chinos, uno de los cuales preside el Espanyol, aunque no le hace ascos al dinero de Qatar. Será que la burguesía catalana y el feudalismo árabe tienen más cosas en común de las que confiesan. Por ejemplo, el reparto, el clasismo o la opacidad.

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6 febrero, 2018 · 11:55

Lacitos de fuerza

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Paciente que se cree Napoleón.

Si la mudanza a Waterloo se frustra no será porque Puigdemont haya dejado de creerse Napoleón, sino porque se ha convencido de que Napoleón no le llega a la suela de los zapatos. Quizá lleve razón. De Bonaparte sabíamos que era un loco que se creía Napoleón, y llevó su locura tan lejos que se adueñó de un continente. Para que el hombre llegue a la luna antes tiene que especular durante siglos con la idea de que llegar a la luna es posible. ¿Qué falló entonces en el plan de Puigdemont, el patriota que soñó una república europea y se despertó con Cataluña convertida en un distrito de Madrid?

El problema de Puigdemont no es de falta de imaginación. A su lado, J. K. Rowling resulta tan previsible como Rafa Hernando. En el frondoso caletre del carlista errante está redactada ya no solo la Constitución de Cataluña, sino también sus diez primeras enmiendas. Y en pos de ese delirio ha lanzado a un millón de napoleones de rambla, de los cuales un número indeterminado está dispuesto a calzarse la careta del emperador y a trepar con ella a los árboles del Parque de la Ciudadela sin dejar de reclamar legitimidad. ¿Cómo se explica que semejante derroche de fantasía no haya cristalizado ya en uno, dos o incluso cuatro nuevos estados miembros de la Unión?

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El Bueno (Infanta Sofía), el feo (Comín) y el malo (Monedero) en La Linterna de COPE

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5 febrero, 2018 · 11:21

La izquierda inmóvil

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Inmóviles.

La izquierda está desmovilizada, quién la movilizará. ¿Será Pedro Sánchez el movilizador que la movilice? ¿Será Pablo Iglesias? Sospecho que no será ninguno, porque para moverse es imprescindible saber al menos dos cosas: el punto de partida y el punto al que se quiere llegar. Iglesias viene del comunismo del siglo XX, pero de momento no ha podido cruzar 1989. Y Sánchez viene de Pozuelo y se dirige hacia donde gire en ese momento la brújula del deseo de Jack Sparrow, de rumbo tan tornadizo como la ocasión de Maquiavelo.

Nos tenían dicho que la derecha es inmóvil y la izquierda móvil. El marianismo mineral se encarga de corroborar lo primero. Las encuestas, de desmentir lo segundo. Movilizar a la izquierda es un lema preocupante porque debería formar un pleonasmo y sin embargo reconoce una derrota. El simple hecho de que gobierne la derecha debería bastar para mantener movilizada a la izquierda, pero eso no sucede, quizá porque contra el irritante Aznar se vivía mejor que contra el cachazudo Rajoy. Los politólogos arguyen que la mejoría económica y el patriotismo reactivo tras la agresión separatista componen un escenario desfavorable para el discurso de izquierdas; pero en lugar de cambiar su discurso, don Pedro y don Pablo tratan de cambiar el escenario, es decir, la escaleta de las tertulias y los temas de las portadas. El argumento de los politólogos es cruel, porque presupone que la izquierda española no tiene sentido fuera de una recesión galopante, un colapso institucional o una corrupción africana. Que la catástrofe es la zona de confort de la izquierda. Y que a poco que mejoren las cosas o se ondee la rojigualda, los indignados abandonan la plaza y regresan apesadumbrados al sofá de la abstención.

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El bueno (Báñez), el feo (Roger Torrent) y el malo (Ernest Maragall) en La Linterna de COPE

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22 enero, 2018 · 12:41