La izquierda inmóvil

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Inmóviles.

La izquierda está desmovilizada, quién la movilizará. ¿Será Pedro Sánchez el movilizador que la movilice? ¿Será Pablo Iglesias? Sospecho que no será ninguno, porque para moverse es imprescindible saber al menos dos cosas: el punto de partida y el punto al que se quiere llegar. Iglesias viene del comunismo del siglo XX, pero de momento no ha podido cruzar 1989. Y Sánchez viene de Pozuelo y se dirige hacia donde gire en ese momento la brújula del deseo de Jack Sparrow, de rumbo tan tornadizo como la ocasión de Maquiavelo.

Nos tenían dicho que la derecha es inmóvil y la izquierda móvil. El marianismo mineral se encarga de corroborar lo primero. Las encuestas, de desmentir lo segundo. Movilizar a la izquierda es un lema preocupante porque debería formar un pleonasmo y sin embargo reconoce una derrota. El simple hecho de que gobierne la derecha debería bastar para mantener movilizada a la izquierda, pero eso no sucede, quizá porque contra el irritante Aznar se vivía mejor que contra el cachazudo Rajoy. Los politólogos arguyen que la mejoría económica y el patriotismo reactivo tras la agresión separatista componen un escenario desfavorable para el discurso de izquierdas; pero en lugar de cambiar su discurso, don Pedro y don Pablo tratan de cambiar el escenario, es decir, la escaleta de las tertulias y los temas de las portadas. El argumento de los politólogos es cruel, porque presupone que la izquierda española no tiene sentido fuera de una recesión galopante, un colapso institucional o una corrupción africana. Que la catástrofe es la zona de confort de la izquierda. Y que a poco que mejoren las cosas o se ondee la rojigualda, los indignados abandonan la plaza y regresan apesadumbrados al sofá de la abstención.

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El bueno (Báñez), el feo (Roger Torrent) y el malo (Ernest Maragall) en La Linterna de COPE

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1 comentario

22 enero, 2018 · 12:41

Una respuesta a “La izquierda inmóvil

  1. fascio, fascio, ja ja ja ja ja.

    Ya lo escribí en contestación a otro colaborador de su periódico, pero creo que es pertinente como nunca: Aristóteles citó, como era su costumbre, a Agatón: ‘La técnica ama [storgio: el amor menos carnal y más de abuelo a nieta, pongamos por caso] el caos, el caos ama la técnica’. Parece un poco extraño que venga a ser la tecnocracia la que le jubile con sus distinciones. Tejnós, claro, es otra de esas construcciones echas con la unión del artículo singular neutro, ‘to’ y un verbal de ejomai: pueden leer la historia de la lengua griega de Rodríguez Adrados y la entrada en el diccionario del verbo en cuestión. ¿Qué diferencia hay entre ‘tecnócrata’ y ‘pragmático’? A lo mejor en una definición diacrónica habría poca, pero sería la gramática histórica -siempre la aburrida historia, con sus ‘un hecho detrás de otro’- la que, carraspeando, informaría de que hay una vocal elidida entre la p y la r que nos daría algo similar al fuego, por figuración lo que hubiera antes de la invención ‘moderna’ de lo p[i]ragmático. Si pueden dejar un momento a Iglesias, Sánchez y Rajoy podrían coger la Ciencia Nueva de Vico y éste les explicaría como el leguaje evoluciona de lo concreto a lo abstracto. Como buen napolitano, era conservador, sin demasiada creencia en sus ‘cambios’. Eso sí, ‘conservador’ parece un término insultante en España. Me pregunto por qué

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