
Los finales catastróficos siempre son divertidos, porque los contemplamos con los ojos de la ficción. Pedro anuncia una inversión en dependencia para los más vulnerables, pero nuestros ojos cargan con horas innumerables de consumo audiovisual. No vemos a un presidente de gobierno sino a una metáfora con patas que ya no puede hablar de otra dependencia ni de otra vulnerabilidad que no sean la suyas. La caída ya está escrita, rodada y en fase de posproducción.







¿La caida de la casa de Sánchez?
‘masca una tragedia’ suena a retransmisión deportiva, de la que ya llevamos perdida la cuenta.
Bah, vox et praeterea nihil. Y el cuervo dijo nunca más.