
Recuerdo las crónicas parlamentarias de Gistau en 2014, cuando el bipartidismo ya se había quebrado en las plazas y en los platós de televisión -donde triunfaban Pablo Iglesias y Albert Rivera-, pero el hemiciclo conservaba en formol la mayoría absoluta de Mariano Rajoy. Anotaba David el desfase sociológico que lastraba el debate político en unas Cortes incapaces ya de representar las opciones urgentes que los ciudadanos expresaban en las encuestas y en los audímetros.







Habida cuenta del bluf de Ciudadanos para enderezar siquiera una miajina los procederes públicos; antes bien, ante el descarrile real y figurado de la maquinaria que nos desgobierna, está bien que algunos jueces hayan tenido un atisbo de autoridad y muestren fin de non-recevoir a sus clientes, que desde el primer vagido de Pablo Iglesia senior parecen convencidos de que si los jueces dicen algo que no les conviene está lista la algarada. A ver que día los vemos en algún sitio alejado incordiando a los amalecitas, para variar.