Archivo de la etiqueta: crítica literaria

Un siglo de ‘La metamorfosis’

«Cuando Gregorio Samsa despertó…»

Aquí nueva entrega de El Parnasillo, conmemorando los 100 años de la publicación de La metamorfosis, del bueno de Kafka. Como tenía a don Víctor García de la Concha compartiendo estudio, la sección ha quedado un poco corta, así que el análisis kafkiano continuará la semana que viene.

Reseña excesivamente generosa de La granja humana a cargo de mi querido Adolfo Torrecilla, que fue la primera persona que me empleó como periodista; en concreto para escribir reseñas literarias, a mis tiernos 19 años.

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10 septiembre, 2015 · 14:03

Maestros del insulto

El día del debut con Herrera en Cope.

El día del debut en el estudio central de Cope.

Aquí el debut de mi sección de curiosidades literarias que se emitirá todos los jueves a partir de las 11.20 en Herrera en COPE. Inauguramos El Parnasillo con el insulto literario, ese género en desuso que convendría recuperar.

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5 septiembre, 2015 · 13:20

Balance interior de una quijotada

Ruidera, oasis de Castilla.

Ruidera, oasis de Castilla.

Nueve meses de invierno y tres de infierno, dicen por aquí. No sé si es la misma ola de calor de todos los veranos, pero padecerla sobre la llanura manchega desquiciaría a Alonso Quijano y a Mariano Rajoy. Por eso finalizamos nuestro viaje en Ruidera, que es el gran oasis de Castilla. El origen mítico de sus famosas lagunas se cuenta en el capítulo XXII de la segunda parte: en la cueva de Montesinos tenía el mago Merlín encerradas a quinientas personas, pero «se apiadó de Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de La Mancha las llaman las lagunas de Ruidera».

Su paisaje es un bálsamo para mentes recalentadas. En algunos puntos el agua es tan turquesa como en Ibiza, con la ventaja de que aquí uno no necesita dejar de ser humano para gozarla. El silencio es total, solo roto por el canto de las aves y el extemporáneo quejío flamenco de unos gitanos en vena de domingueros. El olor a tomillo y a romero que perfuma la estepa es sustituido por la atmósfera fresca de un pantano, y las langostas y los saltamontes son relevados por libélulas y mariposas. Da gusto terminar aquí, flotando en el llanto legendario de las hijas de Ruidera. Se me ocurre que la fecundidad final de este paraje metaforiza el nivel de vida interior que uno ha logrado embalsar en esta semana de nomadismo, ajeno a toda noticia que no datase del XVII.

A la mañana siguiente, antes de volver a Madrid, me acerco a la cueva de Montesinos en pos de la última alucinación. Es una abertura abrupta en mitad del monte; una reja candada nos cierra el paso, pero aún es posible descender hasta la boca y aventurarse unos metros en su interior rezumante, calizo, espeso. Lagartos y polillas, pero ni sombra de los murciélagos que decoraron la estancia onírica del héroe en uno de los pasajes más inquietantes y modernos de la novela. De aquella cala en lo mágico en que contempló espíritus caminando por palacios de cristal saldrá don Quijote un poco más cerca de saber quién es realmente, al modo en que los viajes ácidos -cuentan- pasean al consumidor por su yo más íntimo e incomunicable. Por eso queríamos concluir aquí: porque el llano recorrido durante días prepara los anhelos reprimidos que nutrirán visiones en la cueva de Montesinos. Esta caverna es la Ítaca no tanto del caballero como del lector que ha procurado identificarse con las tierras, los hombres y los ánimos que explican su cuerda locura. Después de este lisérgico colofón ya solo quedan los sueños. Y los sueños, sueños son.

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17 agosto, 2015 · 17:50

La granja humana: la crítica de Santos Sanz Villanueva en El Cultural

La página en papel.

La página en papel.

[Reproduzco a continuación la generosa crítica que a Santos Sanz Villanueva le ha merecido mi libro en El Cultural. Espaldarazos así le animan a uno a seguir juntando letras]

El treintañero Jorge Bustos (Madrid, 1982) tiene como bagaje principal un columnismo reflexivo, sin prejuicios, nada estridente y pertrechado con saberes humanísticos raros en nuestros días. A ello se suma el crítico literario de muchas lecturas, templado y sólido. Ambos rasgos confluyen en La granja humana. Fábulas para el siglo XXI, un sabroso rosario de artículos periodísticos de carácter unitario que hacen una interpretación moral de nuestro inquietante presente político; tan actual que en el libro encontramos tanto los imprescindibles dii maiores, los Mariano Rajoy, Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, como los comparsas de la picaresca nacional, Bárcenas o el pequeño Nicolás. En sus páginas aparecen la derecha y la izquierda en su impronta más reciente, la vieja política (en epígrafe de obvia resonancia orteguiana) y la política atenta al futuro, los trujimanes del bipartidismo y los «Robespierres posmodernos». A todo ello el autor da un agudo repaso bajo un ingenioso paraguas: aprovecha la fabulística clásica (Esopo, Fedro, Samaniego, Iriarte…) y moderna (Monterroso, Kafka, Schopenhauer…) para iluminar por analogía los comportamientos contemporáneos.

Bustos rescata las populares historias de la lechera, la cigarra y la hormiga, las ranas que piden rey, la zorra y la liebre, el león y el ratón, la zorra y las uvas, la liebre y la tortuga, el burro flautista, y otras hasta medio centenar largo, y establece ilustrativos paralelismos con fenómenos públicos actuales. Arranca con un repaso a manifestaciones varias de la demagogia. Sigue un examen de la corrupción en su magnitud política pero también como forma común de degeneración moral. Continúa analizando la crisis del bipartidismo derivada de un mal estilo de hacer política. Habla a continuación de los deberes de los ciudadanos. Y cierran el bestiario apuntes no políticos que se fijan en la cultura o el propio periodismo.

El primer mérito de Jorge Bustos es la valentía de abordar los espinosos asuntos que entran dentro de un programa de reflexión social tan amplio. Su postura general es la de un ejercicio de ecuanimidad que se autoexige contemplar las razones a favor y en contra del motivo enjuiciado y aducir la consecuente postura personal. Dos notas definen su actitud independiente. Una reside en ignorar la trampa de lo políticamente correcto. Así lo hace en cuestiones tan delicadas como el feminismo o el debate entre libertad e igualdad. La otra, auténtico sostén de su pensamiento, es una desafección clara de la postmodernidad, a la que atribuye un relativismo moral en las antípodas de la sociedad regida por sólidos principios que él respalda. A partir de estos criterios reparte zurriagazos sin cuento, denuncia incongruencias de la vida pública y censura cegueras y egoísmos, pero siempre sin hacer sangre, con ironía y desparpajo.

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3 agosto, 2015 · 14:15

Tres nuevas cortesías por ‘La granja humana’

A íñigo también le ha gustado. ¡Viva Eurovisión!

A íñigo también le ha gustado. ¡Viva Eurovisión!

[Enlazo a continuación dos reseñas digitales y una entrevista a raíz de La granja humana, que está sacudiendo el mercado editorial e intelectual de Occidente, según todos los indicios]

UN ENSAYISTA NADA COMPLACIENTE

“Vivimos en una sociedad adocenada y gregaria que estabula a sus individuos en una granja de pensamiento cada vez más uniforme, de forma que cada cual se vuelve indistinguible del vecino y ninguno vive mejor”, afirma en el prólogo, a modo de declaración de intenciones, Bustos quien se propone precisamente convocar una reflexión, a momentos polémica –sin caer, eso sí, nunca en el insustancial épate le bourgeios– e incómoda –¿acaso la literatura y la ensayística no deben sacudir y molestar al lector?– acerca del presente socio-político-cultural sin proponer –y aquí reside el principal valor de la obra– una única conclusión. Jorge Bustos huye de la verdad única de la misma forma que Derrida huía, aunque con menos éxito, de la metafísica: Bustos se encuadra en la filosofía dialéctica post-adorniana, aunque rehúye absolutamente del relativisimo que una determinada lectura, no siempre la más correcta, de la postmodernidad ha querido promover. En este sentido, Jorge Bustos se opone a la denominada muerte de los grandes relatos anunciada por Lyotard, para reafirmar su validez y su actualidad.

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LA GRANJA HUMANA DE JORGE BUSTOS

El libro recién publicado por Ariel bajo el título de La granja humana, es ingenioso y mordaz, fruto de la hábil mezcla de una selección de fábulas clásicas pasadas por el tamiz de la actualidad. Breves artículos de rabiosa actualidad que diseccionan asuntos universales con bisturíes coyunturales.

Como ópera prima se ha puesto Bustos el listón literario muy alto. No estamos ante el típico libro periodístico pero, aunque quedará desfasado en pocos años, por el simple correr del tiempo y la (esperada) jubilación de los políticos retratados, deja un trabajo original y muy bien escrito, que a nadie dejará indiferente y que quedará como testimonio de un tiempo convulso que nos toca vivir y del que Bustos es un perspicaz analista.

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Entrevista en Es Radio, domingo 21 de junio, a partir del 27:10

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Tres cortesías por ‘La granja humana’

Gallardón y Pombo, con el autor disfrutando en el medio.

Gallardón y Pombo, con el autor disfrutando en el medio.

[Reproduzco aquí tres reacciones a la presentación de mi libro, La granja humana, ayer en la librería Cervantes y Cía de Malasaña. La primera es la esmerada reseña del acto publicado por mi compañera Lorena G. Maldonado en El Mundo hoy. La segunda es el teletipo de Europa Press recogida por La Voz de Galicia, lo que no deja de ser un capricho exótico. Y la tercera es el encuentro digital mantenido esta mañana con los lectores de elmundo.es. Todo lo cual configura una jornada literalmente inolvidable]

CUANDO ESOPO ENCONTRÓ A RAJOY

Jorge Bustos es literariamente arisco y no se autocensura: observa el mundo con un ojo de tigre viejo y otro de filósofo ilustrado, se despeina con intención y se asume incómodo pero cierto. Como Twain, cuando se ve del lado de la mayoría, hace una pausa para reflexionar, y de esas cavilaciones vinieron estas fábulas. Ayer presentó su primer libro, La granja humana, en la librería Cervantes de calle Pez, acompañado del escritor Álvaro Pombo y de Alberto Ruiz-Gallardón [«ex político, por favor; político es incorrecto», matizó al comienzo de su intervención, con guasa]. Era aquello una asamblea de hombres insurgentes [cada uno, arriesgado en su estilo] que charlaba con la licencia de haber renunciado a aceptar la política [y la vida] como un monolito de doctrina pacífica.

En la granja, Bustos se agarra al «género didáctico» de la fábula [como dice Álvaro Pombo] desde Esopo a Monterroso pasando por La Fontaine y Kafka, para pincharle al mundo moderno y ver qué es lo que le sangra. Aguirre reencarnada en raposa, Rajoy en puerco, Iglesias en león y, al final, todos [no se escape nadie] en la versión más franca y primitiva de nosotros mismos. Una transformación animal, eso sí, sin imprudencias: «La obra de Bustos es reflexiva. Si pensar ya es difícil, hacer pensar a los demás… casi imposible», esboza Pombo. «Él va más allá. Consigue que el lector repiense. Ésta debe ser la tarea cotidiana del mejor periodismo, del inteligente, del afilado».

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ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN: «YA NO SOY POLÍTICO, NI VOLVERÉ A SERLO»

El exministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón ha señalado este jueves que no quieren que le definan como político porque ya no lo es, ha dicho, ni volverá a serlo y ha reconocido que los políticos han «decepcionado» a todos aquellos que confiaron en ellos.

«Ya no soy político, ni volveré a serlo», ha apuntado Ruiz-Gallardón a raíz de una semblanza de su figura por parte de la editorial Ariel -que le definía como tal- en la presentación del libro La Granja Humana. Fábulas para el siglo XXI, del periodista y escritor Jorge Bustos. También, ha apuntado que los políticos han hecho «las cosas tan mal» que han «transitado en un mundo» en el que han «decepcionado» a quien confió en ellos.

Asimismo, durante la tertulia que ha mantenido Ruiz-Gallardón con el autor del libro y el escritor Álvaro Pombo, se ha preguntado si los políticos deben decir lo que piensan o aquello que les va a «mantener» en el poder. Ante esta reflexión, ha alabado que Bustos haya sido «hipercrítico» en su libro al hacer un repaso de la actualidad «como si fuera un dibujante», ya que los lectores son capaces de reconocer a los personajes.

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ENCUENTRO DIGITAL CON JORGE BUSTOS

1. Hola, ¿se irá Casillas del Madrid?

Se irá algún día, claro. Todos vamos a morir, aunque reconozco que su caso suscite dudas teológicas, no siendo un portero de fútbol sino un santo posmoderno. ¿Cuándo se irá? Pide demasiado dinero para irse este año. Su otra opción es el banquillo, parece.

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Entrevista en Periodista Digital por ‘La granja humana’

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Ensayos literarios

Esto es un crítico.

Esto es un crítico.

Definimos la sensación que deja la lectura de Samuel Johnson como admiración intelectual en estado puro. Contemplar el espectáculo de una mente capaz de igualarse a los autores que reseña -y esos autores son Shakespeare o Milton-, incluso de señalar ¡sus fallos! con autoridad y convicción, es un placer no apto ciertamente para consumidores de novedades de aeropuerto, pero desde luego representa un acontecimiento editorial para los amantes de la literatura. Y cuando decimos literatura, decimos el pináculo anglosajón del canon occidental.

Precisamente haber leído antes a Harold Bloom -con Borges el discípulo más famoso del Doctor inmortalizado por Boswell– depara la certeza de una noble genealogía que arranca en nuestro autor y que, hilando cumbres como Hazlitt, Wilson o Connolly, llega hasta Bloom y George Steiner para avalar la canonización de la crítica literaria como una de las bellas artes. Decía Steiner que cuando un crítico mira hacia atrás contempla la sombra de un eunuco; pero si el que mira es Samuel Johnson, más bien descubre el alargado reflejo de un semental. Un gigante no ya de la ilustración dieciochesca sino de la de todos los tiempos.

Pero que nadie se asuste. Porque precisamente no es el menor logro de Gonzalo Torné, al cuidado de esta edición, el haber entregado un Johnson que no solo se lee con amenidad, sino que envejece y avergüenza la prosa de los críticos actuales por comparación. Johnson instituyó el modelo de crítica impresionista que Sainte-Beuve llevaría a su más puntiaguda perfección, pero en el maestro escocés aún no encontramos el capricho y la venalidad que llevaron a titular al francés uno de sus crueles ejercicios de taxidermia literaria como Mis venenos. Al contrario: Johnson pontifica, pero pontifica siempre imbuido de un sentido moral bien argumentado amén de confesional, y de un alto sentido de la responsabilidad estética, consciente de que sus juicios podían destruir a un escritor para siempre. Claro que si es capaz de censurar el zascandil gusto de Shakespeare por los juegos de palabras, o reprobar la aridez abstracta del Paraíso Perdido (“Nadie jamás lo deseó más extenso de lo que ya es”), o de acusar a Swift de “instruir sin persuadir”, no queremos imaginar la brutalidad que podría desplegar contra los autores de nuestro tiempo.

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