El aznarismo no muere, solamente se transforma

Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos.

Nosotros, los de antes, ya no somos los mismos.

Era tan difícil competir en regeneración moral con la foto entre Pep Guardiola y el papa Francisco que el Congreso, esta mañana, acabó directamente votando a favor de ir a la guerra.

De acuerdo: es una guerra bendita por todos los organismos internacionales, con sus cartas de la ONU en regla y su villano probado en forma de Estado Islámico, cuyas cabezas cortadas son bastante más visibles que las armas de destrucción masiva. Pero al observador formado en la bullanga antibelicista de 2003 no deja de resultarle curioso que el envío de 300 soldados españoles a Irak –en principio la moción lo tenía todo para perder pelos en la gatera indignada del trending topic: soldados, españoles, Irak– genere tamaña indiferencia en sus señorías, en los propios reporteros y en la opinión pública hecha carne en las tertulias, donde a cambio la pitanza la ponían nombres de lo más doméstico como Acebes, Rato, Montoro, Wert o Duran. Cada uno por lo suyo.

Me fumé el pleno de presupuestos en la firme convicción de que el alivio así causado a mis hipotéticos lectores primaba sobre su derecho a la información. Pero cuando llegué al hemiciclo para el debate guerrero, el saurio Montoro seguía allí. O quizá era su doble, una suerte de dron parlamentario que don Cristóbal envió al cumplirse las 24 horas desde que empezara a desgranar optimismo económico. Para entonces las entendederas del hemiciclo estaban tan estragadas que Montoro se permitió un experimento del que nadie tomó nota, excepto este cronista servidor de ustedes: en medio de un murmullo de intensidad constante que equiparaba la Cámara Baja a la sobremesa de cualquier mesón en sábado, el ministro más odiado se permitió un colofón que a primera hora del martes habría desatado una lluvia de zapatos:

–La desigualdad es intolerable. Me preocupan especialmente nuestros jóvenes, que merecen un horizonte de esperanza con independencia de su origen social, del mismo modo que nuestros mayores tienen garantizadas las pensiones…

¿Qué dicen ustedes que ocurrió entonces? ¿Cómo creen que la oposición recibió semejantes provocaciones? Con la nada, señores. Con la indiferencia más oceánica. Para entonces la única manera que habría tenido Montoro de recuperar la atención de nuestros representantes y de la prensa habría sido pormenorizar los conceptos tailandeses en que Arturo o Iranzo o cualquier otro de los men in black desglosó su noche más loca.

Toda la atención que no se dispensaba al hemiciclo la atraía en los pasillos la expectativa de un canutazo inverosímil de Rajoy, para ver si se avenía a nombrar “la persona por la que usted pregunta”, o de Soraya, que había dedicado diez conspirativos minutos a reunirse con Duran Lleida, felón de la voluntad del poble y aliado en ciernes de la estrategia gubernamental para dividir el voto nacionalista. Pero don Mariano y la vice pasaron delante de nosotros, de nuestras libretas y de nuestros micros como el agua transcurre sobre la piedra.

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Entrevista en Madrid Sports

Hagamos un poco de publicidad al programa. De domingo a jueves a las doce en 13TV.

Hagamos un poco de publicidad al programa. De domingo a jueves a las doce en 13TV.

En La Lupa de Jorge Bustos habita más literatura que en muchos libros que son súper ventas. Nuestro protagonista se adorna con la pluma, como Isco en el regate. Cita a los clásicos de memoria como cualquier madridista de bien enumera las diez fechas de las diez Copas de Europa. Sus artículos, sus tuits y sus apariciones en diferentes tertulias se han convertido en referencia del madridismo ilustrado. Con la ironía siempre en la punta de la lengua, Jorge Bustos atiende a Madrid Sports.

Nos alejamos un poco de la realidad y jugamos a ser Kafka: Tenemos a Cristiano Ronaldo imputado por fraude fiscal, al Real Madrid gastando en un fichaje una millonada de dudosa procedencia, al presidente dimitiendo por este asunto y a Sergio Ramos peleando con la Guardia Civil. ¿Estaríamos ante un exilio obligado del Real Madrid si las circunstancias hubieran sido al revés? ¿Hay cierto ensañamiento cuando las cosas pasan en el Real Madrid?

En esa hipótesis el Madrid sería la cucaracha de la Metamorfosis pero no llegaría a la segunda página, y mira que es corto el libro. El ensañamiento antimadridista es tan natural como las ganas que tiene cualquiera de zurrarle a Floyd Mayweather: es rico, es famoso, es invencible y además lo proclama. Pero en el ring el que pega es él.

Un hombre acostumbrado a la crítica, tanto a la positiva como a la negativa, podrá hacernos una sobre la situación de Iker Casillas…

El asunto de Iker no deberíamos comentarlo hasta que Polanski ruede el biopic. Hasta entonces a Casillas hay que desearle que entrene bien y pare balones.

Dijo Ancelotti en una entrevista en la cadena COPE que se transformaría en Arbeloa. ¿Harías lo mismo que el míster?

Arbeloa lo ha ganado todo en el fútbol, pero paradójicamente es valorado –y atacado– por lo que hace o dice fuera del campo. Esto significa que es un futbolista con personalidad, lo cual ya le hace especial en estos tiempos. Pero para valorarle de verdad, yo me fijaría en el modo ejemplar en que asume la titularidad de Carvajal. Ahí se ve la madera de la que está hecho uno.

Sabemos que eres hombre leído y vivido. ¿Es el Atlético el nuevo best-seller de moda que tiene su año fuerte pero se queda entre más libros sin pena ni gloria?

El Atleti no es un best-seller en absoluto: es un equipo con amplia y laureada historia que naufragó y que Simeone ha reflotado, siquiera por un tiempo. Que la chavalería se haga ahora rojiblanca es comprensible, y hasta enternecedor. Siempre es educativo curtirse en la desdicha.

Decías en un artículo que Mick Jagger cantaba que los viejos hábitos tardan en desaparecer. ¿Desaparecerá algún día el piperío del Santiago Bernabéu?

Lo del piperío es un concepto de mi amigo Hughes que ha hecho fortuna pero que alude a un estamento sociológico amplio y antiquísimo que probablemente ya está descrito por Thackeray y Maupassant. Antes se les llamaba pequeñoburgueses. No hay que desear su extinción, porque son la prueba de vida de una clase media más o menos próspera y el pilar de la democracia representativa. En la grada son mansos, cierto; pero si no fuera así significaría que tendríamos menos Copas de Europa, y que daríamos más curro a la policía y mucho menos a los haters.

Fuiste un reconocido mourinhista cuando el portugués era entrenador del Real Madrid. ¿Sigues abrazando la causa?

Vamos a ver. El mourinhismo nació como una divertida y anárquica oposición a la hegemonía de la retórica buenista culé. A eso se le sumaba la personalidad genial de Mourinho. Con ambas posiciones sigo comulgando, porque las ruedas de Mou en Londres siguen siendo brillantemente incorrectas y porque siempre hay meacolonias a los que escandalizar. Además, en aquellos años hice amigos interesantes que conservo. Lo que me aburre y repele es el momento a partir del cual el mourinhismo pasa a ser eso que dices, una causa nostálgica y cerril, una secta sagrada: con su dogma, sus sacerdotes, sus cismas, sus aprovechados y hasta su mártir. Lo divertido de aquello era la agitación, pero se jodió, se solemnizó. Yo ya dije que pasaría, porque la mente humana es religiosa por definición. Sigo admirando a Mou, le agradezco lo que hizo aquí, que fue necesario para invertir el ciclo ganador del Barça; pero él sabía que en el Real Madrid no podía durar. Un mariscal de campo no suele adaptarse al despacho oval.

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Bonus para tuiteros: la Celebración de la Décima, mi primer pinganillo.

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¿Era Franco culé?

La viva imagen de la sintonía.

La viva imagen de la sintonía.

Al general Franco el fútbol no le gustó nunca. Lo que de verdad le gustaba era el cine. Y en eso era de lo más coherente, porque el fútbol depende excesivamente del azar mientras que el cine resulta de un trabajo de dirección milimétrico y obsesivo. A un dictador lo que le interesa es el control y la propaganda, dos tareas demasiado serias como para dejarlas en los pies de unos señores que corren en calzones detrás de una pelota de cuero.

Para Franco el fútbol representaba una vulgaridad tan banal como para los comunistas, aunque estos odiaban mucho más el fútbol porque decían que distraía al proletariado de la lucha política. Otro más entre los diagnósticos garrafales de nuestros Pablemos de los sesenta, pues si hay un espectáculo igualitario en el que las clases desaparecen por un par de horas y una sola afición sufre o goza al unísono, ese es el fútbol. No ha sido hasta hace muy pocos años que los intelectuales europeos (los latinoamericanos y los yanquis lo llevaban con más naturalidad) se han atrevido a confesar sus aficiones deportivas, e incluso a escribir sobre ellas.

Franco tardó muchos años en descubrir el potencial propagandístico del deporte español –eso lo ha hecho mucho mejor la democracia–, pero cuando se dio cuenta lo usó a placer, como se espera de un buen dictador. A él el equipo que más le ponía era el Athletic de Bilbao, cuyas victorias explicaba el NODO como una consecuencia natural de la pureza racial vasca, que para Franco –vamos a ver si contamos de una vez la verdad a los niños– encarnaba la quintaesencia de la españolidad heroica y mística: la de Juan Sebastián Elcano e Ignacio de Loyola.

Cuando los deportistas españoles empezaron a ganar por el mundo, El Pardo se apresuró a airear sus hazañas con enternecedor paternalismo. Lo mismo daba que se tratase de Santana, Ángel Nieto, Paquito Fernández Ochoa o el Piru Gainza, que llegó a familiarizarse tanto con las finales de la Copa del Generalísimo (nueve copas de esas tiene en sus vitrinas el Barcelona y otras nueve el Athletic por seis el Real Madrid), que saludaba confianzudo al dictador: “Hasta el año que viene”.

El generalísimo se dio cuenta de que el fútbol podía servir muy eficazmente a la cohesión nacional allí donde podría parecer que no le querían demasiado. No es que Cataluña no quisiera a Franco, y de hecho sabemos que Barcelona fue una ciudad tan retóricamente facha como cualquier otra, según acredita la hemeroteca de La Vanguardia (Española) que durante un tiempo fue exhumando en su blog Arcadi Espada para combatir la desmemoria y la manipulación. Ahí está la foto del brazo en alto de Samaranch, catalán perfectamente honorable para los estándares de la época. Pero nunca estaba de más aumentar el afecto de los catalanes por el Régimen, para lo cual hoy como ayer suele bastar el dinero. Así que Franco, mediante decreto firmado en Meirás del 23 de septiembre de 1965, no dudó en recalificar los terrenos del viejo campo azulgrana de Les Corts para que los Bartomeu de entonces pudieran construirse el Camp Nou con el dinero sacado de la venta de los terrenos recalificados: 228 millones de pesetas. De entonces.

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Imprescindible post de Jarroson al respecto del fantasioso documental de TV3: «La razón por la que esconden, manipulan y adoctrinan es el saber que esa gloria que envidian les es inalcanzable«.

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La obra de Carletto

Don Carlo, posando para El Greco.

Don Carlo, posando para El Greco.

Que el Real Madrid necesitaba un técnico como Carlo Ancelotti no es un juicio de valor, sino una verdad probada desde la noche de Lisboa. Algunos rácanos dirán: oiga, que el cabezazo de Ramos fue un gesto épico que no depende del entrenador. Falso, porque para llegar a Lisboa había que pasar por Münich, y el baño táctico que el Madrid le dio al Bayern de Guardiola aquí y en Alemania lleva la firma intransferible del entrenador italiano.

Lo único cierto es que Ancelotti firmó una de las Champions más brillantes de la reciente historia madridista, y eso es lo que se le reconoció en el Foro Luis de Carlos: que el capítulo por él escrito en su primer año como entrenador ya figura en los anales de la gloria blanca, esa que la televisión pública de Cataluña pretende manchar con un docudrama mentiroso, fruto del gusto por la manipulación histórica marca de la casa y de un esfuerzo patético y trasnochado que oscila entre el eterno resentimiento del segundón y el complejo freudiano.

Pero el fútbol, como siempre decimos, es presente. Y el presente del Real Madrid es brillante. Tras las vacilaciones propias del arranque de temporada, el equipo ha ensamblado a sus nuevos fichajes en un esquema de juego ofensivo que da espectáculo y ofrece goles como para superar la cifra legendaria de la Liga de los Récords. Eso también es obra de Carletto.

Fuera de lo puramente futbolístico, Ancelotti ha traído al club una forma de resistencia tranquila al caos mediático que siempre lo amenaza. En las entrevistas nunca se esconde, pero responde con tanta naturalidad que su sentido común cae sobre las acaloradas preguntas de la prensa del ramo como el agua sobre las brasas. En unos segundos, de la polémica más apocalíptica solo quedan un montoncito de cenizas mojadas y un tipo que sonríe con la ceja en alto. Ancelotti ha inventado algo mejor que dar la cara: darla y que te la devuelvan intacta, porque no hay por dónde pillarle.

Así que el equipo gana, el vestuario está unido y tenemos un entrenador que conserva la calma cuando todos parecen haberla perdido. No sé vosotros, pero yo con don Carlo me voy a Toledo, a Italia y hasta a pasear por las Ramblas.

(La Lupa, Real Madrid TV, 16 de octubre de 2014)

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Hasta el rabo todo es ébola

Qué solos se quedan los cadáveres políticos, dijo Bécquer.

Qué solos se quedan los cadáveres políticos, como dijo Bécquer.

En la festividad de Santa Teresa, patrona de los escritores, el debate parlamentario no versó tanto sobre Teresa Romero –que si todo va bien no será por fortuna la mártir de la sanidad pública que algunos necesitaban– como sobre Ana Mato, a quien todos ven ya como la última advocación de las causas perdidas. Y cuando digo todos incluyo al Gobierno, que se esfumó de la bancada ministerial dejando a la ministra completamente sola a los pies de la oposición. En sus vecinos de escaño solo eché en falta el traje profiláctico y la escafandra orgánica con que la disciplina de partido reacciona a la caída en desgracia de un compañero.

Yo no sé si Ana Mato acabará siguiendo la amarga senda de Gallardón no bien pase la emergencia sanitaria, que don Mariano es para eso muy suyo; pero sé que hoy la imagen de Mato respondiendo en completa soledad a los ataques de PSOE y compañía me inspiró suficiente piedad como para olvidar su probada glosofobia. Quizá esa es la sensación que perseguía despertar Rajoy, a quien uno nunca sabe ubicar exactamente en la escala que va de don Tancredo a Maquiavelo. Que se lo digan al pobre Artur.

La sesión la abrió Rosa Díez con su característica energía vocal para clamar contra la vergüenza de las tarjetas opacas. Ciertamente, si hay un asunto que merece la generosidad de decibelios de doña Rosa es este.

–Ustedes no han hecho todo lo que tenían que hacer. El FROB debe personarse en el caso. Llamen a sus barones y que les cuenten cómo montaron el fraude. Y luego depuren responsabilidades.

“En mi opinión está usted equivocada, señora Díez”, repuso Rajoy con ese sosiego diabólico que puede desquiciar al más templado, no digamos a Rosa Díez. “El FROB está personado en la causa general de Bankia, y si esto no lo hubiéramos investigado nosotros, no habrían salido a la luz los hechos. En las próximas horas remitiremos nuevas investigaciones a la Fiscalía y pediremos la devolución de las cantidades. No está de más reconocer las cosas”. Ante semejante alarde de calma la portavoz de UPyD no pudo contenerse y quiso hacer uso de un tercer turno de palabra no contemplado en el reglamento, como le recordó Posada, cuyo temperamento mezcla con originalidad un normativismo prusiano y la campechanía de un mesonero de Castilla.

Cayo Lara ardía de indignación contra “golfos” y “tarjeteros”, pidió cárcel a falta de guillotina y reclamó una comisión de investigación como si alguna hubiera servido para algo desde Napoleón. Ya podría haberle cedido un poco de su retórica vergüenza al hombre de IU en la orgía crediticia, señor Moral Santín, cuyos apellidos proclaman lo contrario de lo que es. Por lo demás, la especialidad académica de Amoral Diablín ha quedado desde luego acreditada: el tipo ha resultado catedrático de Economía Aplicada. Vaya si lo es: 456.522 pavos se aplicó a sí mismo con cargo a los demás. Catedrático es poco.

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El nacionalismo como primer refugio de los corruptos

El ponente ante la audiencia.

El ponente ante la audiencia.

[Reproduzco a continuación, por si fuera de algún interés, la charla que el sábado 11 de octubre impartí en el Centro Cultural de Hortaleza ante jóvenes de Nuevas Generaciones del Partido Popular, foro al que fui invitado por Cayetana Álvarez de Toledo, quien con José María Marco completaba el trío de ponentes. Por carácter y oficio recelo de la participación en actos de todo partido, asociación o entidad orgánica, pero dado que di el paso de sumarme a Libres e Iguales, y dado que los periodistas nos pasamos la vida con la jeremiada en la boca de que en España no hay sociedad civil, no encontré motivos para negarme a participar, máxime sobre un asunto como la quiebra del Estado. Lo que encontré, para mi sorpresa (porque nadie escapa al estereotipo bobo que el monologuista de progreso ha fijado al respecto de NNGG), fue un centenar heterogéneo de universitarios mejor formados –a tenor de sus preguntas– que no pocos tertulianos, más críticos con la trayectoria de su propio partido en la relación con el nacionalismo que sus cuadros superiores y en general aquejados de un derrotismo apriorístico exagerado. Como si la independencia de Cataluña fuera un hecho inexorable del cual, como el poeta, tuvieran ya el recuerdo. Este estado de cosas –que el ánimo de los jóvenes peperos tenga más asumida la independencia catalana que los propios dirigentes de CiU– da que pensar sobre la confusión entre realidad y propaganda. En todo caso uno, con las apostillas orales propias del género, vino a decirles lo que sigue, y aprovecha para agradecer a la presidenta de NNGG de Madrid, Ana Isabel Pérez, su atención y trato]

1. El viernes 7 de abril de 1775, cuando Cataluña ya llevaba 61 años bajo el intolerable yugo borbónico, el doctor Samuel Johnson celebró en Edimburgo una de sus chispeantes cenas con James Boswell y algunos amigos más. Cenar en la época culminante de la Ilustración escocesa no consistía solamente en pegarse un atracón y emborracharse ruidosamente, que también, sino además en entablar un certamen de ingenio y erudición entre todos los comensales. Ahora bien, si entre ellos estaba el doctor Johnson, de antemano se sabía quién iba a decir la mejor frase de la noche. Aquella noche el gran genio junto con David Hume de la Ilustración escocesa pronunció una frase especialmente memorable que hoy vemos citada todos los días en las columnas críticas con el nacionalismo, que son casi todas por culpa de Artur Mas. (Nunca le perdonaremos la cárcel monotemática en la que durante demasiados meses encerró al periodismo español). Esa frase, vosotros la conoceréis, reza que el patriotismo es el último refugio de los canallas. La interpretación de esta sentencia todavía hoy provocadora la aporta Boswell en su propia biografía del Doctor: Johnson no se refería a un “amor honesto y generoso por nuestro país”, sino a aquellos que, «en todas las épocas y lugares, han usado el manto del patriotismo para arropar sus propios intereses”.

2. Fijaos si la frase hizo fortuna popular que hasta la cita Sean Connery ante Ed Harris en un thriller carcelario extremadamente yanqui llamado La roca, aunque la atribuye erróneamente a Oscar Wilde, si no recuerdo mal. Cosas de Hollywood. También Sabina atribuyó el otro día ante Risto Mejide aquella pregunta sobre cuándo se jodió el Perú a La ciudad y los perros, cuando de hecho es la pregunta que abre Conversación en La Catedral. El caso es que todos sospechamos que el envolvimiento en la bandera ha servido durante siglos a los peores aprovechados para tapar sus vergüenzas. El mismísimo actor escocés Sean Connery, de hecho, hizo campaña a favor de la separación de Escocia; yo no sé si Connery ha sido independentista escocés toda su vida, pero estoy seguro de que su amor al terruño se agudizó después de saberse que su residencia fiscal está en las Bahamas y de haber sido imputado por fraude fiscal y blanqueo de capitales, acusaciones marbellíes de las que finalmente quedó exonerado. Yo pienso, como Josep Pla, que el corazón de un hombre se mide por su bolsillo y que la verdadera patria del ser humano no es su infancia sino otro tipo de paraíso más tangible: su paraíso fiscal. ¿Es casualidad que aquellos que enfatizan su patriotismo a menudo resulten luego pringados en alguna maniobra de naturaleza más material que espiritual? ¿Como qué otra cosa que como el gran negocio de la identidad, del poder que la identidad les garantizaba, podemos entender la fortuna amasada por los Pujol, cuyo nombre aún inspiraba respeto a los alguacilados del Parlament? ¿Y ese respeto en la ominosa comparecencia del padrino de Premià de Dalt no será pura omertá mafiosa más que veneración al padre de la patria?

3. Mi tesis es que el identitarismo –no confundir con la identidad, como el autoritarismo no ha de confundirse con la autoridad– avisa del olor de la corrupción en el mismo grado infalible en que el humo avisa de la presencia del fuego. No es que el alarde de bandería sirva de biombo para tapar la corrupción; es que allí donde veáis a un político que alardea de su identidad, podéis estar seguros de que estáis viendo a un corrupto, a un demagogo, a un populista, a un tipo que os está señalando la luna mientras se mete el euro en la bocamanga como los trileros. No falla. Y esto vale para alcaldes o barones del PP o del PSOE, o de la Chunta Aragonesista si quedan, o de Fabián Picardo, el de la roca con monos. Yo soy de los que piensan que cuanta más asepsia emocional caracterice la relación de un político con su terruño, más garantías de limpieza habrá en su relación con los terrícolas, que son los que tienen derechos. Y viceversa: cuanto mayor es el folclore local, más se extiende la sospecha.

4. ¿Significa eso que el llamado Proceso es una gigantesca cortina de humo para desviar hacia fuera la ira de los catalanes, que han sido expoliados por sus gobernantes nacionalistas a unos porcentajes que oscilan del 3 al 20% según se elija la fuente, y que luego han visto severamente recortadas sus prestaciones públicas? Eso es lo que creo, sí, pero vayamos por partes. En una partidocracia tan bien instalada como la catalana, donde la moqueta y el pesebre se lo ha guisado y comido sistemáticamente el nacionalismo –las legislaturas del tripartito no pueden calificarse en rigor de alternancia constitucionalista–, la irrupción de la crisis y la necesidad de los recortes representaban una amenaza para el poder endogámico local. Cuando la ruina entra por la puerta, el amor sale por la ventana, dice el refranero. Sobre todo si ese amor, esa delicada lealtad constitucional, ha sido minada durante décadas por la propaganda de los medios autonómicos y del sistema educativo transferido. La presión ha llegado al punto de obligar al heroísmo a ciudadanos que vivían su catalanidad española con naturalidad. Luego están los independentistas de nacimiento y convicción, que son los menos: ese 22% de 1994. En tercer lugar aparece la inmensa masa diada en forma de V o de lo que le pida TV3, que llega al 45% según las últimas encuestas. Y en cuarto lugar están los corruptos, es decir, los responsables políticos que se dejan abroncar por Pujol en el Parlament porque no tienen la conciencia limpia. Los que saben que no habrá consulta, ni mucho menos independencia, pero dejan a los hámsteres pedaleando en la rueda por miedo a que si paran se pongan a pensar, y si se ponen a pensar se vuelvan contra ellos. A esto me refiero con corrupción: corrupción moral en primer lugar, y luego ya la económica y fiscal que determinen la UDEF y los tribunales. Hay que reparar en que el independentismo catalán está compuesto por lo demás de dos sentimientos nauseabundos: la insolidaridad y la xenofobia. Para promocionar la gran cultura catalana no hace falta romper el Estado; para evitar a Hacienda, sí.

5. Corrupción moral. El independentismo de colonias oprimidas por una metrópoli insensible es una hazaña por la que vale la pena luchar. Es un gesto hermoso, una cima ética, un acto de heroísmo. El independentismo de una metrópoli que se quiere separar de su colonia, como con tanto humor como exactitud denunciaba Wenceslao Fernández Flórez en el caso catalán, es un movimiento de puro egoísmo, de ceguera histórica, de encierro social. Es el hartazgo del rico cansado de no ser más rico porque tiene que pagarles los profesores y las enfermeras a esos miserables y vagos charnegos del sur. Esta es la mercancía desnuda con la que trafica íntimamente el Proceso; lo de las cadenitas humanas y el uso de niños pintarrajeados es solo marketing de dudoso gusto.

6. Corrupción intelectual. Pero hay una tercera vertiente de corrupción en el separatismo catalán, aparte de la económica y la moral. Es la corrupción del pensamiento, el retroceso argumental, la vuelta a la infancia mental. Por buscarles una filiación filosófica a tantos pobres ignorantes que van diciendo que la democracia es votar, y que la voluntad de un pueblo está por encima de la ley –punto número uno del manual del buen fascista–, habrá que remontarse a Rousseau, padre del ambiguo concepto de “voluntad general” y autor de este pasaje del Emilio donde ya hablaba de consultas: “Solo tengo que consultarme a mí mismo sobre lo que debo hacer: todo lo que siento que está bien está bien; todo lo que siento que está mal está mal. Demasiado a menudo la razón nos engaña; la conciencia es la verdadero guía del hombre”. Con este razonamiento, tan moderno, sentimental y naïf, Rousseau se convirtió en el padre intelectual de todas las revoluciones, aparte de abuelo de la publicidad y el consumismo de masas. Tuvo que venir luego Benjamin Constant, que atestiguó la actividad de la guillotina a pleno rendimiento, para localizar el error siniestro que causa la degeneración del ideal democrático en puro terror. Ese gusano en la manzana es la brecha entre realidad y abstracción que un sistema armado en torno al concepto de «voluntad general» no puede salvar. En efecto, Rousseau olvida que, en la práctica, la voluntad general siempre acaba depositada en las manos de unos pocos individuos –la nueva casta que sustituye a la derrocada– que una vez en el poder procederán con el revanchismo inherente a la condición humana. “Todo es moral en los individuos, pero todo es físico en las masas”, descubre Constant. Las masas encuadradas en V, por ejemplo. Eso es un pajar donde la razón es la aguja.

Así que el nacionalismo no es solo una pancarta tras de la que se esconden los comisionistas de maletín. Lo es en la parte culminante de la pirámide sociopolítica, y en todos aquellos empresarios y particulares que se lucraron del tinglado o hicieron la vista gorda. Pero aun cuando detrás de la pancarta solo haya un contribuyente en regla con Hacienda, también en su ingenuidad hay una responsabilidad moral e intelectual. Más disculpable que en el político, claro, pero igualmente destructiva para el tejido de la convivencia. Por eso, si el patriotismo es el último refugio de los canallas, el nacionalismo es directamente el primer refugio de los corruptos.

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Mezclen por favor el fútbol con la política

Identidad... patrocinada.

Identidad… patrocinada.

Desde que la Selección Española celebrara por las calles de Irún y San Sebastián –con inequívoca adhesión local– su inverosímil plata en los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920, la trama de afectos que el fútbol anuda inevitablemente con la política ha cambiado bastante. Hoy se trata de debatir sobre si Piqué es digno de defender la camiseta de un país en que no cree, incluso de un país que oprime al país en que sí cree, y sobre si el club más que un club que juega en el Camp Nou debería desplazarse en autobús por los campos regionales de la Comarca a partir del primer día después de la independencia. No son inquietudes banales, pues ilustran la degeneración del sentimiento patriótico en España, que por otro lado nunca fue demasiado unitario y solo intenso en ocasiones trágicas o bien en la poesía del exilio.

–La comunidad imaginada de millones de seres parece más real bajo la forma de un equipo de once personas cuyo nombre conocemos.

Esta frase del historiador Hobsbawm sintetiza por qué es imposible separar el fútbol de la política, especialmente en semana de selecciones nacionales como la que nos ocupa (y nos aburre). Toda selección de fútbol funciona como resistencia simbólica de un Estado-nación a la aldea global a la que nos aboca la tecnología. Sus victorias hacen felices a los ciudadanos de ese Estado, y cuando suceden sus presidentes o primeros ministros reciben a los héroes en palacio y la foto copa orgullosa las portadas de diarios generalistas, no solo deportivos. El Mundial es la más alta ocasión del fútbol, la que consagra nuevas estrellas y derroca a las viejas, la que forja las leyendas y la que expide pasaportes a la Historia, y lo es precisamente por su dimensión política: es la épica guerrera por medios lúdicos. Aparte de su archisobada cita sobre las muchas lecciones éticas que había extraído del fútbol, el futbolero Camus escribió otra sentencia seguramente más verdadera: «El fútbol es el modo que ha encontrado Europa de atacarse sin destruirse».

La política es una negociación entre la identidad y el pragmatismo, y precisamente la identidad es el nudo sentimental que da cuerpo a un equipo de fútbol; sea una identidad escolar, municipal, provincial, nacional o de amigos contra la droga. Sin indentidad, sin el ansia de la gente de proyectar esperanza sobre unos jugadores, no hay fútbol. Por eso es una gilipollez suplicar a tertulianos acalorados que no mezclen el fútbol con la política, como hacen algunos insípidos conductores de programas deportivos, temerosos de perder audiencia a poco que se salga la cosa del carril del buenismo. La audiencia está para perderla. A base de proteger a la audiencia de cualquier arista conceptual es como la hemos idiotizado definitivamente.

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Breve entrevista futbolera

Siro López, Edu Aguirre y Bustos en La Goleada, de 13TV.

Siro López, Edu Aguirre y Bustos en La Goleada, de 13TV.

Jorge Bustos ha atendido en exclusiva a Bernabéu Digital para dar su punto de vista sobre la actualidad del Real Madrid. El periodista ha querido destacar la figura de Cristiano Ronaldo y la aportación de las nuevas incorporaciones blancas.

El Madrid, de menos a más
«En términos mediáticos el Madrid arrancó en Cardiff una epopeya solo reservada a semidioses griegos. Luego se precipitó al infierno en San Sebastián y contra el Atleti, y rozó la desaparición como club de fútbol. El Bernabéu estuvo a punto de ser derruido para levantar en su solar un gigantesco Starbucks. De pronto, nadie sabe cómo, el equipo empezó a marcar una cantidad indecente de goles y a dar espectáculo como no se veía en tiempo. En términos deportivos, sencillamente Ancelotti trabajó con paciencia su esquema hasta que los jugadores estuvieron físicamente rodados para hacer lo que el técnico esperaba de ellos. Falta, en todo caso, un duelo de altura para medir el nivel alcanzado por el equipo a la máxima exigencia competitiva».

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