
Tertulia, que algo queda.
La purga de tertulianos desafectos al sanchismo evoca de inmediato la purga de tertulianos desafectos al sorayismo. Así ha sido siempre y así seguirá siendo con mayor o menor cainismo si un inverosímil boom de ventas de Stuart Mill u otra ley electoral no lo remedian. ¿Pero es el tertuliano una continuación del político por otros medios, es decir, por los de comunicación?
Veamos. El tertuliano es un animal de varia estatura y sexo irrelevante que habla de todo y come tres veces al día, a no ser que le coincida con una tertulia, en cuyo caso se alimenta del catering de la cadena. Posee dos antenas invisibles en el occipucio con las que recoge datos decisivos para su supervivencia, como la clase de relación que mantiene tal presentador con tal político. Su pelaje es suave al tacto del productor, aunque tendrá que erizarlo cuando enfoque la cámara y no le apetezca discutir.













