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Lluvia en las gradas

¿Por qué me pitáis?

¿Por qué me pitáis?

Sabemos que las metáforas las carga el diablo, pero resulta difícil no advertir en la lluvia que empapó el partido contra el Rayo algo más que agua precipitándose tras un proceso de condensación atmosférica. Aunque se ganó por paliza, en el Bernabéu parecía caer sobre los jugadores cierta melancolía apresurada, cierto derrotismo prematuro que nos enfada.

El público es soberano, y puede descargar sus pitos y sus quejas sobre el equipo cuando lo estime oportuno, pero eso no nos impide señalar que demasiadas veces el público del Bernabéu pasa de soberano a despótico, de cargarse de razón a guiarse por el capricho o el despecho de marquesa, de conducir el calor que la plantilla necesita a evacuar el frío del descontento a la primera de cambio, tras 30 partidos consecutivos sin perder.

Se han vertido ríos de cháchara en los bares de Chamartín sobre qué va antes, el apoyo o la petición de cuentas, sobre si la afición madridista existe para que la diviertan los señores del calzón corto o si los señores del calzón corto han de jugar siempre con el respaldo de su hinchada. Lo sensato es que ambos estamentos, jugadores y afición, se alimenten mutuamente, y como buenos matrimonios se alienten y perdonen también.

Me perdonaréis el tono moralizante, pues no soy argentino como para andar mezclando fútbol y metafísica, pero es que los pitos al equipo del sábado me irritaron. Era obvio que el vestuario estaba tocado, que las derrotas ante Barça y Sevilla habían hecho daño, que lo último que necesitaban los jugadores era añadir a la frustración de las últimas derrotas la reprimenda de los de casa. Comprendemos que el malestar se vaya condensando en nubes situadas en el ceño del aficionado, pero pedimos humildemente que se queden en el ceño y no baje a los labios. Ya habrá tiempo para pedir cuentas, y desde luego este no es el momento.

Es en cambio el momento de dejar el señoritismo en el sofá y acudir al campo a apoyar a un equipo que pelea por las tres competiciones desde el primer año de un proyecto nuevo. Porque si no, luego en Cibeles uno corre el peligro de sentirse un poco Judas.

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Debate postclásico

El cartel.

El cartel.

Los amigos de Periodista Digital tuvieron a bien invitarme a participar este lunes con (que no contra) Lobo Carrasco en un debate Madrid-Barça, él representando al culé, yo representando al merengue. Lo que más me costó de debatir con Lobo, dentro del probo espíritu de concordia que presidió nuestro coloquio, es susatrer la mirada al dibujo hipnótico que emanaba de la camisa florida de Lobo.

 

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25 marzo, 2014 · 12:12

Breve entrevista en Rolling Stone

Número 173 de Rolling Stone, marzo de 2014.

Número 173 de Rolling Stone, marzo de 2014.

[Me llena de orgullo y satisfacción haber sido uno de los cuatro elegidos por la revista Rolling Stone para su reportaje «El imparable ascenso de la nueva columna». En él, el camarada periodista Rubén Romero y el caravaggiesco fotógrafo Adolfo Callejo presentan un retrato verbal y visual de Nuño Rodrigo, analista de Cinco Días; de Isaac Rosa, novelista y columnista de eldiario.es; de Manuel Jabois, que ya era amigo antes de venir a El Mundo; y de uno mismo que, siendo todos saludablemente jóvenes, es el más joven de los cuatro. Pasé una gratísima mañana charlando de todo con Rubén, al que agradezco que no haya reproducido los pasajes más escabrosos. El tono de cabreo generacional, en todo caso, se recoge fidedignamente. Reproduzco el texto publicado aun a sabiendas de que ello me terminará de cerrar todas las puertas que no me hayan cerrado ya mi personal incompetencia, algún brote cainita o la mera maledicencia]

«En el columnismo hemos de matar al padre»

La historia de Jorge Bustos es la de un niño raro: a la edad en la que sus compañeros soñaban con ser futbolistas o astronautas, él sólo imaginaba un futuro en el que fuera columnista. «Con 16 años me pedí una antología de artículos de Julio Camba. Así de friki era», admite. Después, hizo estudios literarios, fundó una revista y acabó cubriendo las fiestas regionales en La Gaceta («con resaca se escribe fatal», confiesa). Al contrario de lo que dicen los prebostes, no piensa que el público lector se esté extinguiendo: «En España, a la hora de conceder una columna, el estatus está muy por encima de la calidad. Ya puedes ser muy bueno, que si no tienes contactos políticos, has hecho algún favor o sales en televisión, no te van a coger. Dicen que los jóvenes no compran periódicos porque no les interesan. Y tal vez es que no se sienten representados en los periodistas que les ofrece el establishment, anclado en los opinadores de la Santa Transición que aún copan micrófonos y columnas. ¿La solución? «Hay que fomentar el relevo. Me gustaría librar una guerra freudiana y ‘matar al padre’. Ya está bien. Tiene que continuar el ciclo de la vida».

Collage de nuevo columnismo. Sección Rock & Roll de la Rolling de este mes.

Collage de nuevo columnismo. Sección Rock & Roll de la Rolling de este mes.

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Luka Modric, padre de la transición

Luka no tiene quien le robe.

Luka no tiene quien le robe.

Sorprende que un campo que no es el Bernabéu aplauda a un jugador del Madrid cuando se retira. Que una afición rival, viendo perder a su equipo contra el Madrid, manifieste voluntaria y públicamente su admiración por un jugador blanco, que además ni siquiera juega en La Roja ni ocupa la mediática posición de delantero, constituye un fenómeno lindante con lo paranormal. Y sin embargo eso es justo lo que hizo el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe con el gran Luka Modric, y el gesto merece una reflexión, más allá de los muchos madridistas que infestaban la grada.

Lo que está haciendo Modric en el Madrid esta temporada equivale a una refundación de la medular madridista. Si pudiéramos comparar el centro futbolístico con el centro político, Modric sería nuestro Adolfo Suárez. Modric es flexible, nunca se cansa de negociar, acomete reformas audaces en el tiempo y el espacio del juego y defiende el principio irrenunciable del equilibrio, que es la santa ideología de Ancelotti.

Muchos años llevaba el equipo buscando a alguien como el croata para concederle el bastón de mando del medio ofensivo sin desguarnecer con ello el terreno que se abre a su espalda. Si Xabi Alonso garantiza la solidez ósea, Luka parte de él para armar el sistema circulatorio, para bombear balones a las prodigiosas extremidades que el Madrid exhibe en ataque. La movilidad incesante del croata cumple en el equipo las mismas funciones que el riego sanguíneo en un cuerpo vivo, y el Real Madrid se despliega y se contrae a un ritmo mucho más armónico y saludable desde que Modric lleva el pulso del centro del campo.

El público de fútbol, respire cerca o lejos de Chamartín, se ha dado cuenta de todo esto: sabe que una de las causas del momento imperial que atraviesan los de Ancelotti se llama Luka, como el título de aquella canción. La concentración en defensa y la calidad arriba pueden ser las otras, pero hoy nadie cuestiona la influencia decisiva del pequeño balcánico. En los ratos libres salva goles bajo palos o ejercita su disparo inteligente desde fuera del área, afición perversa que suele acabar en golazo estilo Premier. Y en todo momento recibe, sortea, abre, descarga, bascula y raja la defensa contraria con pases letales. Entre la formidable delantera y la reencontrada zaga, solo hay que buscar a Modric: él se encarga de hacer la transición, como Suárez.

Viéndole jugar hay que rendirse a su raro talento, que deja el parangón con cualquier otro centrocampista a la altura de lo vulgar. Sigue haciéndonos felices, Lukita, y cuando los campos rivales dejen de aplaudirte no te preocupes: es que les habrá vencido el rencor por no poder ficharte.

(La Lupa, Real Madrid TV, 18 de febrero de 2014)

La locución aquí.

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Entrevista a Hughes (I): «El periodismo deportivo ya no es solamente informar, sino alegrar un poco»

Hay una persona que eres de los pocos que llegó a conocer, que es Juanan, @van_Palomaain, que dejó de estar con nosotros en agosto, lamentablemente. Y él de ti, por ejemplo, decía: “Yo voy diciendo por ahí que conozco a Mesetas, Hughes y Jarroson: la santísima trinidad de Internet”. ¿Cómo lo recuerdas, a Juanan?
Pues… a ver, yo lo conocí una noche, una tarde-noche, y era una persona entrañable, la verdad. Tengo que decir que toda la gente que he conocido de Internet, que tampoco ha sido mucha, pero a veces parece que se comen a los niños crudos al teclado, y que son gente… luego son todos… parecen todos bellísimas personas, para comértelos a besos, ¿no? Juanan era una persona muy entrañable, en lo que yo vi. Era un chico muy carismático, con mucha gracia. Tenía mucha gracia. Y luego, la verdad es que era muy generoso, con sentido del humor. Tenía un talento para comentar, para retratar las cosas, ¿no? Y era un aficionado sui géneris, también. A mí, vamos, me cayó muy bien, y… bueno, qué te voy a contar del shock que fue vivir eso. Fue tremendo.

Bueno. Vamos a pasar a otras facetas tuyas. Aunque seas economista de formación, haces un poco de periodismo. ¿Cuáles son tus periodistas de referencia?
Bueno… a ver, los periodistas del siglo XX que ha leído todo el mundo, o los que me gustan, ¿no? Son Camba y compañía. Y luego pues, hombre, los periodistas vivos… también los que lee todo el mundo: pues Ignacio Ruiz Quintano, Gistau, Manuel Jabois… leo también a Arcadi Espada, muchísimos. Es que me voy a olvidar de alguno. Y algunos de ellos, tengo ya la fortuna de tratarlos y de ser incluso amigo: Jorge Bustos, que le leo mucho también… Eso, hablando de la gente que toca el tema del Madrid, ¿no? Luego, en otros ámbitos del periodismo, pues… podría citar alguno más, pero yo diría que éstos son referencias en cuanto al periodismo. Y luego, los periodistas clásicos de toda la vida pues Camba, Josep Pla, Ruano… Ruano, muchísimo. No, los que todo el mundo; yo es que creo que todo el mundo leemos lo mismo y a los mismos, ¿no?

Hughes y Bustos.

Hughes y Bustos.

Y, diferenciándote un poco de los periodistas madridistas, éstos mismos que has nombrado, Ruiz Quintano, Gistau, Bustos, Jabois, ¿cuál es tu sello personal? ¿Qué te diferencia de ellos, o qué te asemeja incluso, también?
Hombre, pues aquí ya… No lo sé, eso lo tendría que decir otra persona, ¿no? Yo no lo sé. Hombre, es que me parece, aparte, que seguro yerro el tiro si hablo de mí. Eso es como cuando te oyes… cuando me oiga la voz… bueno, no lo pienso oír, pero cuando me escuchara la voz en esta grabación, me voy a espantar, ¿no?, de la voz que tengo. Pues esto es igual, ¿no? No lo sé. Lo tendría que decir el lector, cuál es mi rasgo distintivo. Yo, hombre, no lo sé. Sí que te digo que yo no imito a nadie. O sea, escribo con bastante verdad, de las cosas que escribo, ¿no? Y poco más, no sé. No sé qué rasgo puede identificarme.

En el primer foro de debate de Primavera Blanca, que se hizo el 23 de octubre, hace poco menos de un mes, se trató el tema del periodismo, Twitter, y todo esto, y estuvieron invitados Siro López y Juan Ignacio Gallardo. Uno de los temas que se trató era lo del “madridismo con camiseta”. Y uno de los asistentes, de los participantes, en el momento de preguntas, llegó incluso a hablar del “madridismo con dorsal”: el periodista que defiende mucho a un jugador. ¿Cuál es tu opinión sobre todo esto, el periodista que se identifica con un club y con un jugador?
Creo que todo cabe, todo vale. A mí, como lector, me gusta… me he acostumbrado a leer al periodista-personaje, al periodista-forofo, al periodista-frío; a ese tipo de periodista tan divertido que va de objetivo, y que nunca tiene equipo, y que parece que depende la verdad, u Occidente, de que el tío tenga o no tenga equipo, que no es tan importante; el periodista que dice que no tiene equipo y se le nota claramente que tiene un equipo… Yo creo que todo vale, y que, viendo venir a cada cual, pues está bien. Aparte de que el periodismo deportivo yo creo que ya no es solamente informar, sino también distraer, divertir, alegrar un poco… Entonces, bueno, hemos citado periodistas que son madridistas, y lees lo que escriben porque te gusta, por una metáfora, por un giro personal… No creo que sea importante. No creo… Yo no me fijo para nada en eso. No me interesa de qué equipo sea cada cual, si es o deja de serlo.

¿Y cómo fue tu paso de bloguero a luego estar en La Gaceta, ahora en el ABC, escribir las crónicas?
¿Cómo ocurrió? Pues fue rápido. Al poco de abrir el blog, me llamó La Gaceta. Bueno, me llamó Jorge Bustos desde Valencia, que estaba haciendo una entrevista a Camps, y me puso en contacto con Maite Alfageme, y empecé a escribir en La Gaceta. Allí escribía columnas de tema general, nada político, un costumbrismo así un poco desvaído, un poco… [risas], pero no sobre fútbol. Y luego, pues eso, no recuerdo… fue hace un año y pico… Una cosa siguió a la otra. Ya, a partir de ahí, fue ininterrumpido el proceso. Yo mantuve el blog después, pero luego ya ocurrió lo del ABC, y abrí otro blog en el ABC. Simultaneaba mi trabajo con la escritura en el periódico, y ya se hizo muy complicado mantener el blog. Y bueno, pues eso: fue muy rápido, ha sido una cosa detrás de la otra. No me paro a recordarlo, pero fue muy… En La Gaceta estuve, no llegó a un año. Escribí en verano una columna en la contraportada, y luego pasé a escribir televisión; y luego ya salté al ABC a finales del 2012. Y bueno, esa es la historia [risas].

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10 diciembre, 2013 · 14:12

Juanan, macho, dónde estás

Entré en el irlandés de Tribunal con Hughes, que se estaba quedando aquel finde en casa, recién llegado de Valencia. Veníamos de almorzar con Alfageme y Ruiz Quintano y de la redacción de La Gaceta, donde presenté a Hughes a Dávila y hasta escribimos juntos una sección del periódico. Para entonces ya estábamos borrachos, claro. El estado ideal para una quedada con la puta banda mourinhista que se había organizado esa tarde por Twitter para ver el Osasuna-Madrid. Recuerdo que salió Sinone a recibirnos, y que llamé a Gistau para ver si podía apuntarse, y que ingresamos en la penumbra grata del bar, donde un grupo de buenos muchachos se juntaba frente al televisor en torno a una mesa bendecida con un par de metros de cerveza en vertical, ya sabéis, esos cilindros con grifo que se vacían con anormal celeridad. Y allí estaba Juanan.

–¿Tú eres Van Palomaain?

–Sí, macho.

Juanan decía “macho” dos y tres veces en la misma frase. Es un vocativo ya algo anacrónico en la parla de Madrid y por eso le quedaba tan gracioso. A Hughes y a mí se nos pegó y ya estuvimos cerrando cada frase con “macho” todo el fin de semana. “Esa jerga suya, de negrata de aquí, era como un rapero en la grada. Eso es inolvidable para quien lo haya leído”, ha tuiteado en su memoria Hughes, con la habitual exactitud.

Así que aquel mod menudo y melenudo era el vitriólico Van Palomaain, cuya natural generosidad le hizo tuitear una vez: “Yo voy diciendo por ahí que conozco a Mesetas, Hughes y Jarroson, la santísima trinidad de internet”. Pues bien, a falta de Jarro, él completaba allí mismo la santa trinidad del putabandismo. Una de las cosas que más me gustan de Twitter es ese momento siempre sorpresivo en que confrontamos la preconcepción meramente textual de una persona con su apariencia física, aunque Jabois al día siguiente nos reprochara ese afán de poner cara a la puta banda, una “mariconada” que Mou seguramente condenaría. Yo mismo lo había hecho antes con el propio Manuel en Pontevedra y con Hughes en Valencia, ambas veladas memorables, la primera inserta incluso en el último libro de Jabo. A Juanan también le gustaban las quedadas tuiteras. En el irlandés estaban además El Socio, Meseta y alguno más que ahora no recuerdo. Meseta se puso a hablar de literatura conmigo sin presentarse, y el efecto era entre alucinatorio y genial, como hablar de barroco romano con Yul Brynner. La noche prometía mucho.

La noche en que conocí a Juanan, con Hughes, El Socio, Meseta y cía.

La noche en que conocí a Juanan, con Hughes, El Socio, Meseta y cía. Tribunal.

Vimos marcar aquel golazo vanbasteniano a Benzema y al Madrid finiquitar la Liga de los Récords aquella noche. Juanan estaba eufórico y a la vez deslizaba críticas mordaces a cada jugador blanco si se le ocurría perder el balón. “El tuit es perfecto para disimular mi falta de talento. Soy un mediocentro africano y Tuiter es mi trivote”, había escrito una vez Van Palomaain, desmintiendo en la agudeza de ese fraseo suyo la propia declaración de modestia. La verdad es que estábamos todos excitados y crecientemente borrachos, los metros de birra caían sin piedad y en un momento dado no sé quién empezó a tararear el Ay se eu te pego entonces de moda con una nueva letra que consistía en repetir “Ay mi Meseta” constantemente. Nos pareció de lo más ocurrente, el colmo mismo de la risión, y lo coreamos durante un buen rato manoteando salvajemente sobre la mesa hasta que el camarero empezó a inquietarse y la clientela a abrir prudencial hueco a nuestro alrededor. No sé si Meseta llegó a subirse a la mesa a coreografiar el cántico por faralaes, acuso anchas lagunas de aquella noche inaugural. Lo que sí recuerdo es que Juanan propuso el Honky Tonk y hacia allá nos encaminamos Van Palomaain, Hughes, Meseta y yo, que estaba renqueante de una fractura de peroné y no podía seguir su ritmo, qué cabronazos, levitando todo ciegos sobre el bulevar de Alonso Martínez y yo mascullando 50 metros por detrás. Juanan iba pendiente del móvil, tratando de atraer mujerío al despropósito. Una vez dentro nos dispersamos. Meseta había perdido el móvil, aunque luego creo que lo recuperó, creo que dentro de su propio bolsillo, de hecho; Hughes vagaba enmudecido por el bar, como mirando todas las cosas por primera vez, con restos de líquido amniótico en las córneas; Juanan seguía con el teléfono y yo le entraba a una morena a quien aseguraba que no sabía con qué clase de periodista estaba hablando. Todo degeneró lo previsto en estos casos y terminé buscando a Juanan por todo el Honky, pues le había perdido; vagaba yo por el local murmurando: «Juanan, macho, ¿dónde estás?»

Y todavía me lo pregunto.

Al final metí a Hughes en un taxi y logramos llegar a casa. A la mañana siguiente se sucedió la divertida relación de tuits que aspiraba a reconstruir los hechos:

–También os digo, que la nueva derecha, @JorgeBustos1, @hughes_hu y @van_Palomaain, es guapa y violenta. Y que los perdí no sé dónde –escribió Meseta, vete a saber por qué.

Pero todos esperábamos a que Juanan se levantara, a ver qué tuiteaba de lo de ayer. Y cuando por fin lo hizo, volvió a romper la expectativa:

–INFORMO DE QUE SIGO SOLTERO –o algo por el estilo. El descojone.

El pasado 26 de julio, dos días después del accidente, Hughes recordó así en Twitter aquella altísima ocasión:

–Esa noche, con otros tantos especímenes, parecíamos escapados del pelotón en un descenso. Es decir, que Juanan no iba de boquilla.

El cuarto Gallagher.

El cuarto Gallagher.

La segunda vez que le vi fue en el Bernabéu. Guillermo Estévez tuvo el detalle –la puta banda es ante todo ciertos picos de calidad humana– de pagar por adelantado mi entrada para la vuelta de la Supercopa contra el Barça. Luego se lo devolví, eh. Nos íbamos a juntar una tropa de muchísimo cuidado. “Putabandismo is coming”, tuiteaba la víspera Van Palomaain. En la embajada americana supongo que habrían empezado con los cables cautelares al Pentágono desde julio, cuando se fraguó el concilio mourinhista entre prueba y prueba de las Olimpiadas de Londres. Recuerdo los jugosos tuits de Van Palomaain durante las ceremonias de inauguración y de clausura, sus intercambios con Favelas –orgulloso de Mireia I de Badalona– y su emoción estallada cuando salieron los avejentados restos de los Who a tocar Baba O’Riley.

El día de la Supercopa conocí en persona a Jarroson, Manuel Matamoros, Mercutio, Silvita, Inspector, Madrefaque, RockandBolesco… La previa la hicimos primero en la terraza del Círculo de Bellas Artes –vete a saber por qué– y luego en El Refugio, y allí se presentó Juanan, con un brillo etílico y jovial en los ojos, bajo su negra visera de pelo mod:

–Qué pasa, Bustos, macho.

Comentamos la posibilidad de viajar con Sinone ese otoño a ver a Pedro Ampudia a Ibiza para morir los cuatro en el Amnesia, y recuerdo también que calibramos los conocimientos estrictamente futbolísticos de Florentino, tema que Jarro y Matamoros abordaron con entusiasmo descriptible. El partido lo vimos pegados Jarroson, Juanan y yo. Hay una foto. Yo insistí en hacérnosla, porque ni a Jarro ni a Juanan les gustaba la publicidad. Ahora me alegro de haber insistido. Es la foto que tenía en la cabeza en el mismo instante en que Jarroson –serendipia– me escribió la noche del jueves 25, un día después del accidente, estando yo en Cerdeña de vacaciones, metiéndome yo en el wifi del hotel, enterándome yo de la noticia, recibiendo yo una sacudida de incredulidad y dolor, derrumbándome yo delante de mi novia por un momento.

–Vimos un partido abrazados a él, Jorge –me puso Jarro en el Whatsapp, por donde le mandé la foto.

–No sé si subirla.

–Haz lo que te pida el cuerpo. Joder, la veo y lloro.

–Y yo.

La subí. Me lo pedía.

Bustos, Juanan y Jarroson viendo ganar al Madrid.

Bustos, Juanan y Jarroson viendo ganar al Madrid.

Estamos los tres en la foto, yo sacando cuerno putabandista y Juanan en medio, abrazado por ambos. Rugimos con el sombrero de tacón que Cristiano le hizo a Piqué antes de marcar, y nos ciscábamos en Xavi con fruición caníbal. “¡Pepe, en la puta vida te pueden hacer eso, en la puta vida!”, aullaba Juanan a mi derecha si el central luso era superado por Messi. Jarro estaba tan tenso que pasó el final del partido de pie. Pero el leitmotiv de ese partido lo encarnaría para los restos Modric, que había robado el corazón de Juanan. “¡Inventa, Lukita! ¡Mirad cómo inventa Lukita!”, gritaba cuando el croata tocaba el balón con alguna intención ofensiva, por modesta que fuera. Fue un triunfo agridulce:

–Hemos perdido la ocasión perfecta de humillar al puto Barça –nos lamentábamos los tres a la salida.

Juanan vivía en Colmenar, excusa que musitó para hacernos la trece catorce y no unirse al reducto de resistentes –la tarde había comportado mucho desgaste– que pedía una copa en algún garito de la Avenida de Brasil. Recuerdo que me despedí de Jarro en Gran Vía con esa sensación de familiaridad extraña pero certísima que dejan las amistades surgidas en una red virtual y sancionadas por la presencia real.

Al día siguiente debutaba yo en Real Madrid Televisión, y en homenaje a Juanan elogié a “Lukita” y mencioné que había visto el partido en compañía de “madridistas furibundos”, indiscutibles, insobornables.

–Me ha llamado furibundo –tuiteó al término de la tertulia Van Palomaain, que había tenido la paciencia de tragarse mi debut.

Aún hubo una tercera vez en que quedé con él. Fue la última vez que le vi. Quedamos con Meseta y Madrefaque en el Molly Malone’s para ver el Rayo-Madrid, que se suspendió por una sospechosa avería lumínica.

–Qué chachos son. Qué país, macho –sentenciaba nuestro Dick Turpin.

Meseta nos contó historias de la mili mientras Van Palomaain tuiteaba y ponderaba los encantos de diferentes tuiteras. Nos despedimos en los torniquetes del metro, sintiéndonos jodidamente alejados del mundo Txistu. Me ha contado Madrefaque que se planea una quedada en ese templo-bar para tajarnos a su memoria. Ya le he dicho que cuenten conmigo.

Desde que me enteré, no he podido parar de pensar en él. Era de esos tipos con personalidad tan marcada que sus aristas se te clavan en el recuerdo, y no se sueltan. David (en cuya alusión a la necesidad de escribir un libro mourinhista me di por aludido quizá apresuradamente, aunque lo cierto es que hemos hablado de ese proyecto), Manuel, Iñaki han escrito ya de Van Palomaain en sus periódicos. Ampudia le ha dedicado un hermoso obituario. Telemadrid, un breve reportaje personalizado. Fansdelmadrid, un recuerdo muy tribal, muy fansista, de quien fue padre fundador y activista carismático, ilustrado con nuestra foto. Y un trabajador del Real Madrid me pidió datos biográficos para el detalle que el Club deseaba tener con él. (Bien hecho, Florentino.) Pero yo no tengo más datos sobre Juan Antonio Palomino Alfaro, natural de Madrid, 31 años, administrativo, que estas vivencias que dejo aquí anotadas con el alma en un puño y sin vuelo en el verso, con llaneza, porque cuando el sentimiento aprieta, la lírica está de más. Al menos la lírica engolada, pretenciosa, sustitutoria de la experiencia vivida. Ahora, al llegar al final de mi tributo privado, me vienen a la mente como tañidos secos y calientes las estrofas finales de aquel poema de José Hierro titulado Réquiem:

Él no ha caído así. No ha muerto
por ninguna locura hermosa.
(Hace mucho que el español
muere de anónimo y cordura,
o en locuras desgarradoras
entre hermanos: cuando acuchilla
pellejos de vino derrama
sangre fraterna). Vino un día
porque su tierra es pobre. El mundo
Libérame Dómine es patria.
Y ha muerto. No fundó ciudades.
No dio su nombre a un mar. No hizo
más que morir por diecisiete
dólares (él los pensaría
en pesetas) Réquiem aetérnam.
Y en D’Agostino lo visitan
los polacos, los irlandeses,
los españoles, los que mueren
en el week-end.

Réquiem aetérnam.
Definitivamente todo
ha terminado. Su cadáver
está tendido en D’Agostino
Funeral Home. Haskell. New Jersey.
Se dirá una misa cantada
por su alma.

Me he limitado
a reflejar aquí una esquela
de un periódico de New York.
Objetivamente. Sin vuelo
en el verso. Objetivamente.
Un español como millones
de españoles. No he dicho a nadie
que estuve a punto de llorar.

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Entrevista a Jorge Bustos en El Minuto 7

Bustos haciendo el narciso en un plató.

Bustos haciendo el narciso en un plató.

 1)      En tu biografía de Twitter se lee: “Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar” ¿Te ha perjudicado en tu vida ir a contra corriente?

R- Veamos, no he sido perseguido por la ndrangueta, y ni siquiera por Bildu. Como mucho habré perdido unos puñados de followers y quizá un empleo de los que exigen obediencia debida. Estoy en paro, y si esto sigue así quizá cambie la bio del avatar, a ver si pillo moqueta. Sucede que las multitudes me repelen.

2)      En el estereotipo imaginativo de la multitud, el periodista escribe su artículo con un cigarrillo esquinado en los labios, un vaso de whisky y con la radio de fondo. ¿Cómo y cuáles son las condiciones ideales para Jorge Bustos?

R- Como ideales, una casa solariega con amplios ventanales sobre un acantilado cantábrico, en Donosti o en las Rías Baixas, donde pegara fuerte el mar. De momento he de conformarme con mi estudio madrileño del Barrio de las Letras, gélido en invierno y fundente ahora, donde tecleo en gayumbos bajo el fuego cruzado de dos ventiladores. Antes fumaba y bebía, ahora soy Pascal en una habitación (excepto cuando salgo). Los estereotipos ya no son lo que eran.

 3)   ¿Si un joven estudiante apasionado de periodismo te pide consejo, le motivarias a estudiar esa profesión o le dirigirías a algo diferente y quizá con más futuro? Y tú, si debieras volver a empezar, ¿harías los mismos estudios o dirigirías tu carrera por otros caminos?

R- Si ese estudiante es un verdadero apasionado del periodismo, de poco servirá que yo le advierta de la ciénaga ruinosa donde se mete, en la cual de todos modos a veces crece una amapola. Yo le diría que leyese a los clásicos de todo tiempo y lugar, que yo descubrí en Filología, pues no estudié Periodismo gracias a Dios. Hoy elegiría Barcenología directamente, como carrera orientada férreamente al beneficio.

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18 julio, 2013 · 15:22

Jabois en Es Radio

La criatura.

La criatura.

Carmen Carbonell entrevista en Es Radio a Jabois a cuenta de su último libro, con el concurso entusiasta de su familia -Ana confirmando lo autobiográfico del texto y Manu balbuceando papá- y de uno mismo. Por si gustáis.

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