Luka Modric, padre de la transición

Luka no tiene quien le robe.

Luka no tiene quien le robe.

Sorprende que un campo que no es el Bernabéu aplauda a un jugador del Madrid cuando se retira. Que una afición rival, viendo perder a su equipo contra el Madrid, manifieste voluntaria y públicamente su admiración por un jugador blanco, que además ni siquiera juega en La Roja ni ocupa la mediática posición de delantero, constituye un fenómeno lindante con lo paranormal. Y sin embargo eso es justo lo que hizo el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe con el gran Luka Modric, y el gesto merece una reflexión, más allá de los muchos madridistas que infestaban la grada.

Lo que está haciendo Modric en el Madrid esta temporada equivale a una refundación de la medular madridista. Si pudiéramos comparar el centro futbolístico con el centro político, Modric sería nuestro Adolfo Suárez. Modric es flexible, nunca se cansa de negociar, acomete reformas audaces en el tiempo y el espacio del juego y defiende el principio irrenunciable del equilibrio, que es la santa ideología de Ancelotti.

Muchos años llevaba el equipo buscando a alguien como el croata para concederle el bastón de mando del medio ofensivo sin desguarnecer con ello el terreno que se abre a su espalda. Si Xabi Alonso garantiza la solidez ósea, Luka parte de él para armar el sistema circulatorio, para bombear balones a las prodigiosas extremidades que el Madrid exhibe en ataque. La movilidad incesante del croata cumple en el equipo las mismas funciones que el riego sanguíneo en un cuerpo vivo, y el Real Madrid se despliega y se contrae a un ritmo mucho más armónico y saludable desde que Modric lleva el pulso del centro del campo.

El público de fútbol, respire cerca o lejos de Chamartín, se ha dado cuenta de todo esto: sabe que una de las causas del momento imperial que atraviesan los de Ancelotti se llama Luka, como el título de aquella canción. La concentración en defensa y la calidad arriba pueden ser las otras, pero hoy nadie cuestiona la influencia decisiva del pequeño balcánico. En los ratos libres salva goles bajo palos o ejercita su disparo inteligente desde fuera del área, afición perversa que suele acabar en golazo estilo Premier. Y en todo momento recibe, sortea, abre, descarga, bascula y raja la defensa contraria con pases letales. Entre la formidable delantera y la reencontrada zaga, solo hay que buscar a Modric: él se encarga de hacer la transición, como Suárez.

Viéndole jugar hay que rendirse a su raro talento, que deja el parangón con cualquier otro centrocampista a la altura de lo vulgar. Sigue haciéndonos felices, Lukita, y cuando los campos rivales dejen de aplaudirte no te preocupes: es que les habrá vencido el rencor por no poder ficharte.

(La Lupa, Real Madrid TV, 18 de febrero de 2014)

La locución aquí.

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