Archivo de la categoría: El Mundo

National Geographic

Rivera, rival a batir.

Rivera, rival a batir.

Para los que amamos la naturaleza hay pocos espectáculos tan conmovedores como la inteligencia letal de la hiena o el cainismo de un partido español cuando se aproximan elecciones. Hay quien está enganchado a un reality y por un rubor anacrónico todavía declara que ve documentales de La 2; a mí me pasa al contrario, perdonadme, y me fascina la humanidad de los animales como a otros la animalidad de los humanos. Bien es verdad que me aburren los procesos de celo y cópula, demasiado similares a una noche estándar en la calle Huertas como para despertar mi interés, pero me excitan inconfesablemente las cacerías protagonizadas por grandes mamíferos o por insidiosos reptiles, de cuya sofisticación Ferraz o Génova, pese a sus progresos, aún tienen mucho que aprender.

El hecho de que el PP haya puesto en circulación un argumentario para tratar de destruir la imagen ascendente de Albert Rivera me recuerda a cierta especie de araña que segrega al nacer una droga destinada a atontar a la madre, la cual de otro modo no podría soportar la tentación de devorar a sus propias crías recién nacidas. La naturaleza regala por millones estos ejemplos de atrocidad ilimitada que deberían hacer recapacitar no ya a los veganos, sino a todos los que añoran purezas roussonianas desde el confort de la urbe; pero hay que reconocer que un documental ofrece pautas muy útiles al análisis político. En cierto modo, el auge de Ciudadanos nace del marianismo como el de Podemos del rubalcabismo: fenómenos que eclosionan en las telarañas de la vieja alternancia por pura reacción social. ¿Habrán alcanzado ya las nuevas criaturas un desarrollo autónomo suficiente como para evitar que el sistema los engulla? Todo apunta a que sí, y de ahí el argumentario segregado desde el nido a modo de ácido reputacional.

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Cortesía de David Gistau, pregunta 27.

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De aldeanas y ninfas

Pepe rules.

Pepe rules.

A Zola no le disgustaban los paisajes de Corot, pero opinaba que mejorarían definitivamente si el pintor «se decidiese a matar las ninfas con las que puebla sus bosques y las sustituyese por campesinas». Como los cuadros de Corot, las alineaciones de Ancelotti a veces parecen parnasillos tardorrománticos en los que echamos a faltar naturalismo. Y lo más parecido que tenemos en la plantilla a una ruda aldeana es Pepe. Usted alinea a Pepe y el lienzo mejora automáticamente. La defensa se adelanta, las líneas se juntan algo más, los alemanes altos del Schalke se achican y se meten como enanitos en la mina, ay bo, ay bo.

Qué tranquilidad para el madridista ver de nuevo a Pepe izando atrás la bandera pirata, cantando alegre en la popa, por su bravura el temido. Pepe imanta el peligro como un agujero negro, y el peligro desaparece en su interior. En este sentido se trata de un central cósmico, a cuyo lado se expanden Varane o Ramos al tiempo que se contraen los delanteros rivales. Ayer robó bruscamente, cortó con delicadeza, cambió el juego, se anticipó de codos, derribó a Boateng con su célebre golpe de cadera y fue retribuido con un codazo que descubrió al fin la utilidad del fucsia en una camiseta: disimular la sangre el tiempo justo para que el árbitro no estropee la salida de balón de tu equipo.

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El Rh de ‘Txitxirivitxe’

Estética de un asesino.

Estética de un asesino.

Claro que dónde mejor va a estar José Ignacio de Juana Chaos que en un país que entierra a 25.000 asesinados al año, si los entierra. EL MUNDO localizó ayer al serial killer vascongado en la venezolana aldea de Chichiriviche -¿Txitxirivitxe?-, y sus fotografías atestiguan una fusión tan coherente con el paisaje moral chavista como la niebla londinense evoca la silueta del Destripador. El miserable comercio que regenta, el eterno rictus de alma condenada, las impunes manos en los bolsillos, el vientre convexo que fue cóncavo cuando el preso no quería comer, pues haber penado 1,3 años por cada homicidio se le antojaba suficiente penitencia. En pocas fisonomías como la del carnicero guipuzcoano resulta tan tentador asociar la estética a la ética: esas bermudas, esas canillas cerúleas, esa jeta de patíbulo dibujan una apostura rigurosamente digna del canon gudari que considera épico descabezar a niñas con Goma 2.

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Cómo no te voy a querer

Galán meridional madridista.

Galán meridional madridista.

Nunca entendí el éxito de aquella definición boba que se daba del amor en Love Story: no tener que decir nunca lo siento. No, hombre, no: el amor, precisamente, consiste en tener que decir lo siento una y otra vez. Tan es así que el madridismo prueba su condición de amor global pidiendo perdón todas las semanas por razones variopintas: por ganar al contragolpe y por ganar al toque, por celebrar cumpleaños y por contratar a entrenadores que exigen contención con los polvorones navideños, por meterle ocho al Depor y por meterle solo dos. No jugó el Madrid el partido que los lectores de Love Story que infestan la grada del Bernabéu y las cabinas de la prensa esperaban para perdonarle, pero ganó. Y a nosotros, que siendo madridistas no somos tan exigentes como San Valentín o Meg Ryan, no nos sale disculparnos.

El interés informativo estaba centrado en el volumen de decibelios que alcanzaría el reproche a Cristiano por su canto y a Casillas por su cantada, pero yo no logré establecer una sentencia acústica más allá de la duda razonable. En todo caso Bale confirmaba sus ganas de desagraviar a la BBC en cada arrancada, Cristiano en un larguero y Benzema en las faltas que recibía y que la neutralidad exquisita del locutor desplazaba al limbo de las decisiones opinables. La delantera del Madrid luchaba por sacudirse el hielo que petrifica todavía a la defensa, sobre la que se abatieron más contras deportivistas de las que consiente el decoro. Al fondo espera Casillas, jugador místico que es capaz de combinar en segundos los milagros del santo y los estigmas del mártir según ataje un remate o le boten un córner.

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El nombre de la rosa

¿Es Ferraz lo que arde al fondo?

¿Es Ferraz lo que arde al fondo?

Hay que celebrar la designación de Ángel Gabilondo como sucesor de Tomás Gómez: seguramente solo un catedrático de Metafísica puede explicarnos por qué un partido como el PSOE decide autodestruirse a comienzos del año electoral más decisivo desde su fundación: aquel que dirimirá si vive o muere. Si Leibniz se preguntó por qué hay algo en vez de nada, hoy los votantes socialistas de Madrid se preguntan consternados por qué hay nada en vez de algo. Si Aristóteles definió el movimiento como el paso de la potencia al acto, el caso Gómez delata a un partido estancado que pasa de la potencia… a la impotencia. Y si para Heidegger el hombre es el pastor del ser, entonces hay que plantearse si Pedro Sánchez es realmente un buen pastor, si el PSOE es o no es y si quedan ovejas en su aprisco o se las ha merendado ya el lobo, que gasta coleta. Estos autores salían en las clases de don Ángel y es de desear que salgan ahora en sus mítines, de modo que el nivel intelectual durante la próxima campaña autonómica experimentará un alza drástica.

El filósofo William James hizo gala de una rara honestidad cuando confesó que solamente puesto de gas de la risa -óxido nitroso- había conseguido comprender a Hegel. Con el PSOE, en cambio, no hace falta recurrir a sustancia alguna: estos días ofrece un espectáculo tan abiertamente cómico, tan berlanguiano, que más bien hay que atracarse de setas holandesas para otorgar alguna seriedad alucinógena a las evoluciones de sus dirigentes. Lo de cambiar la cerradura de la sede de Callao para que no entren ya más los nuevos proscritos compone literalmente una escena de Azcona, pero es que Billy Wilder habría dado su mano derecha y seguramente también la de Marilyn Monroe por escribir una frase de guión como la respuesta de Tomás Gómez al enterarse: «Que me devuelvan la miniatura de mi vespa». Y luego dicen que la política es aburrida, y que causa desafección en la ciudadanía; si yo fuera Wert, le quitaba el 21% del IVA al teatro y se lo ponía a la política. Contemplamos su desplazamiento a sitcom surrealista con un placer culpable como de evasor fiscal. El humor fino se paga.

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Año chino parlamentario

Cuelga tú, Tomás.

Cuelga tú, Tomás.

La primera sesión de control del año de la maldición china –«¡Que vivas tiempos interesantes!»– la abrió Cayo Lara para exigir a don Mariano menos pactos contra la yihad y más contra la pobreza, que mata sin espectáculo. Don Cayo vestía negro riguroso, reciente aún lo de Tania, pero enseguida sacó una camiseta verde de reivindicación y, en vez de ponérsela, cruzó el hemiciclo para entregársela a Rajoy en medio de un murmullo de alarma que no se oía desde un 23 de febrero. Rajoy la guardó rápidamente bajo la mesa y se abotonó aliviado la chaqueta en un gesto reflejo que, donde queda realmente bien, es a la salida de un helicóptero caído.

Estas performances de escaño forman ya parte de la retórica partidista: ahora que los Goya se despolitizan habrá que politizar este teatro, han debido de pensar sus señorías. Destacó en esa suerte la diputada socialista Isabel Rodríguez, que blandió una foto de dos caras ante Montoro: la cara A mostraba a Rajoy plácidamente sentado en su despacho y la B a Bárcenas con el arquitecto de la reforma de Génova. En ese instante Rajoy se levantó y se fue, seguramente mascullando ‘qué vergüenza, qué gentuza ésa del PP’. Montoro acusó el golpe de efecto, cosa que decepciona a sus contribuyentes, y afloró su temperamento deíctico: el propio de un hombre que no se resiste a señalar a los demás. Y así extendió el dedo y apuntó a la bancada socialista, creo que en dirección a Manuel Chaves, para decir que si nos ponemos a condenar por indicios podemos empezar por sus vecinos, diputada.

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El Sísifo de Parla

He sido yo.

He sido yo.

El periodismo es contar que Pedro Sánchez ha expulsado del PSOE a Tomás Gómez a personas que se preguntaban por qué Tomás Gómez seguía aspirando a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Con este tajo gallardo logra Sánchez su primera credibilidad en el papel de regenerador político, porque la voluntad de limpieza se demuestra con los trapos sucios de casa, no con los del vecino.

Gómez tenía la cabeza sobre la vía del tren de la imputación, con estación de partida en Parla, donde el purgado fue alcalde entre 1999 y 2008. Ahora sabemos que la Fiscalía y la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal -¿qué coño es la UDEF?- advierten «hecho criminoso» en el sobrecoste de 41 millones de euros por los trabajos de construcción de aquella infraestructura que el munificente Gómez, por entonces el regidor socialista más votado de España, consideró indispensable para la movilidad de los parleños. Esta mañana Tomás Gómez se convirtió en el candidato más botado.

En octubre de 2008, el hombre que fantaseó con remedar al invictus Mandela frente a la rubia Aguirre me confesó en una entrevista que dormía cinco horas diarias porque su cuerpo no necesitaba más, y que se levantaba pensando qué haría si fuera presidente, «porque tengo cabeza de gobierno, no de oposición: he gobernado siempre». Le daba un aire exótico su nacimiento en los Países Bajos y su pasión por el gimnasio y la decoración minimalista. Se presentaba como un pragmático, un economista pulcro que quería llevar al viejo PSM a los umbrales modernos de la socialdemocracia nórdica frente al peculiar liberalismo castizo de Esperanza. Pero tras cada derrota electoral se levantaba de la lona un poco más escorado a la izquierda, con frecuentes excursiones en la demagogia más empinada, y ya últimamente veía una grabadora y se desataba el nudo de la corbata para estar más cómodo. Su acusación al ministro Alonso, a cuenta de la hepatitis C, de querer discriminar al que vive o al que muere en función de la cartera no figurará en la antología universal del matiz.

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Café, copa y puro

La revolución... del ¿bótox?

La revolución… del ¿bótox?

Se está poniendo imposible ser rico en España. No es que la prosperidad tenga aquí larga tradición, pero pocas desgracias se ciernen hoy sobre el español como tener que conducir un Cayenne o mudarse a Puerta de Hierro. Incluso evadir impuestos, que siempre se consideró de buen tono, despierta raras suspicacias en las portadas de los diarios a los que continúan suscritas las lounges del Barrio de Salamanca, donde por cierto arrasa Podemos como antaño la baba de caracol, con la ventaja de que votar lila permite al lomanismo expiar cómodamente la vergüenza por los golpes que la vida no le da.

Todo cosmético trabaja por definición sobre la epidermis de los problemas y así Podemos ficha a Falciani como experto fiscal, suponemos que por expreso deseo de Monedero: ten cerca a tus amigos pero más cerca a un espía de cuentas suizas. A su derecha, el PSOE anuncia que publicará las declaraciones de bienes y actividades de todos sus candidatos para que veamos que ninguno es rico. ¡Qué diferencia con el socialismo babilónico de Solchaga convocando alegremente al pelotazo! Si no fuera por Monedero, esta ola de plutofobia amenazaría con clausurar la ancha veta de la picaresca hispana, cuando hidalgos hambrones salían a la calle en ayunas pero con unas migajas de pan calculadamente dispuestas en las comisuras de la boca. Ahora se trata más bien de hacerse perdonar cualquier indicio de éxito, un poco a la manera de Foxá, quien teniéndolo todo -puesto de embajador, fama literaria, fortuna y una esposa guapísima- tuvo que inventarse que padecía una aparatosa enfermedad para que los caínes de guardia le dejaran tranquilo.

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Una cortesía de Sostres.

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