El nombre de la rosa

¿Es Ferraz lo que arde al fondo?

¿Es Ferraz lo que arde al fondo?

Hay que celebrar la designación de Ángel Gabilondo como sucesor de Tomás Gómez: seguramente solo un catedrático de Metafísica puede explicarnos por qué un partido como el PSOE decide autodestruirse a comienzos del año electoral más decisivo desde su fundación: aquel que dirimirá si vive o muere. Si Leibniz se preguntó por qué hay algo en vez de nada, hoy los votantes socialistas de Madrid se preguntan consternados por qué hay nada en vez de algo. Si Aristóteles definió el movimiento como el paso de la potencia al acto, el caso Gómez delata a un partido estancado que pasa de la potencia… a la impotencia. Y si para Heidegger el hombre es el pastor del ser, entonces hay que plantearse si Pedro Sánchez es realmente un buen pastor, si el PSOE es o no es y si quedan ovejas en su aprisco o se las ha merendado ya el lobo, que gasta coleta. Estos autores salían en las clases de don Ángel y es de desear que salgan ahora en sus mítines, de modo que el nivel intelectual durante la próxima campaña autonómica experimentará un alza drástica.

El filósofo William James hizo gala de una rara honestidad cuando confesó que solamente puesto de gas de la risa -óxido nitroso- había conseguido comprender a Hegel. Con el PSOE, en cambio, no hace falta recurrir a sustancia alguna: estos días ofrece un espectáculo tan abiertamente cómico, tan berlanguiano, que más bien hay que atracarse de setas holandesas para otorgar alguna seriedad alucinógena a las evoluciones de sus dirigentes. Lo de cambiar la cerradura de la sede de Callao para que no entren ya más los nuevos proscritos compone literalmente una escena de Azcona, pero es que Billy Wilder habría dado su mano derecha y seguramente también la de Marilyn Monroe por escribir una frase de guión como la respuesta de Tomás Gómez al enterarse: «Que me devuelvan la miniatura de mi vespa». Y luego dicen que la política es aburrida, y que causa desafección en la ciudadanía; si yo fuera Wert, le quitaba el 21% del IVA al teatro y se lo ponía a la política. Contemplamos su desplazamiento a sitcom surrealista con un placer culpable como de evasor fiscal. El humor fino se paga.

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