Estamos tan acostumbrados al maxilar de hierro del sanchismo que verlo reducido a una quijada de cristal nos desconcierta. Por el ring parlamentario de este miércoles ha deambulado un Sánchez sonado como nunca, en el tembloroso papel del púgil inexperto, como si se hubiera presentado al combate después de una noche en vela. El insomnio regresa al colchón. La coalición colisiona y se desmiga contra sí misma bajo el foco por culpa del desastre legislativo de la ley del sí es sí. Cada violador beneficiado deshace otra hebra de la trenza del Gobierno, y hoy a PSOE y Podemos apenas los sujeta un hilo de coser. Es pronto para adelantar el adelanto electoral, pero en esas condiciones es imposible aprobar una sola ley. El país ahora mismo carece de Ejecutivo funcional.
Nacida en El Cairo aunque de nacionalidad jordana, en la lucha global contra la discriminación femenina hay pocas voces tan autorizadas como la suya. Su carta al Gobierno escocés ayudó a paralizar una norma similar a la Ley Trans de Podemos y PSOE.
Quisiera que explicase brevemente en qué consiste su trabajo como relatora especial de Naciones Unidas para la violencia contra la mujer.
Soy experta independiente, seleccionada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Trabajo con todos los actores para poner fin a la violencia contra las mujeres y contra las niñas. Cuento con distintas herramientas: una de ellas son las cartas a los gobiernos. Normalmente organizaciones de la sociedad civil o colectivos de víctimas me escriben manifestando su preocupación, por ejemplo ante un proyecto de ley. Se trata de confirmar con los gobiernos si es cierto lo que esas asociaciones denuncian, para dar la oportunidad a esos gobiernos de compartir su punto de vista y entablar un diálogo. También hago visitas oficiales a países -siempre con el beneplácito de su gobierno- para conocer situaciones de violencia contra la mujer. Tras la visita se elabora un informe que se envía al Consejo de Derechos Humanos.
Tu ideología se define por tu relación con el derecho. Si en él encuentras un límite a la emancipación social impuesto por la clase privilegiada, eres de izquierdas. Si en un código que te precede adviertes una garantía de libertad decantada por siglos de prueba y error, eres de derechas. Cuando Podemos pedía romper el candado del 78 delataba el punto de vista del ladrón: los candados solo molestan a quien no tiene la llave que protege la propiedad. Cuando en una sociedad crece tanto el resentimiento que la mentalidad de propietario es superada por la mentalidad de asaltante, se produce un momento revolucionario.
Hasta la fecha me he sentido excluido de la angustia general por el paso del tiempo. La juventud siempre me ha molestado un poco, empezando por la mía, así que en cuanto pude me dejé barba, fatigué los libros de escritores muertos hace siglos y me aferré al constitucionalismo liberal cuando el último grito de mi generación clamaba por la democracia directa en las plazas de España. Atesoro con emoción las reacciones a mis argumentos en La Sexta por aquellos años: «¡Tan joven y ya tan rancio!». Hoy es fácil reírse de Podemos, pero yo entonces me limitaba a seguir el dictado de mi naturaleza. Y no solo por intereses materiales -esa gerontofilia hispánica que sacraliza al pensionista y condena al universitario al desempleo o al exilio- sino espirituales: descubría más libertad en el pasado que en el presente. Lo confirmé el otro día en la entrega del premio Bravo con que ha tenido a bien distinguirme la Conferencia Episcopal; quien aún piensa que no hay nada más rompedor que la entrevista de un streamer es porque nunca ha comido off the record con un arzobispo. Por lo demás he estudiado sin gozo las vanguardias, pero nunca he comprendido los carísimos desvelos de la gente por perseguir el sueño de la eterna juventud en un bote de sérum, en un quirófano dermoestético o en un laboratorio financiado para detener el envejecimiento celular. Yo soñaba más bien con anticipar la vejez, y como tengo al invencible Cronos de mi parte lo voy consiguiendo. Incluso publiqué un manifiesto viejoven en este periódico.
Ningún partido ofrece una muerte hermosa igual que ninguna estrella se va bien del Real Madrid. Un astro del fútbol difícilmente asume que esté apagándose, así que no acepta la suplencia, y un partido se funda para aspirar al poder, así que no sabe gestionar la irrelevancia. El destino fue innecesariamente cruel con Cs; tanto que nació un pujante género periodístico: columnas y tertulias se petaron de forenses que apuntaban causas contradictorias del óbito naranja: el no a Sánchez en junio, el sí a Sánchez en septiembre, el narcisismo de Rivera, el absentismo de Rivera, el cálculo de Ortuzar, el cálculo de Iván Redondo, el pulgar hacia arriba del Ibex, el pulgar hacia abajo del Ibex. Esta fiebre pericial desbordó los márgenes del oficio y alcanzó a bares, metro, canchas de petanca; nadie entiende que Iker Jiménez no haya dedicado una temporada a la caída de Cs. Yo considero ya inútil buscar explicaciones. La actitud más científica exige asumir la volubilidad del votante humano, y concretamente español, como si fuera el Dios de Job: binario y caprichoso, papanatas y tradicional, capaz de transigir con delitos y de ajusticiar por errores.
Soy madrileño, hijo de madrileños, nieto de madrileñas. Podría decir que yo no elegí Madrid sino que Madrid me eligió a mí. Pero no sería cierto porque Madrid es siempre una elección, con todas sus consecuencias. Y la primera de ellas obliga a aceptar que Madrid no es de nadie. Lo prueba el libro que ha editado primorosamente la Comunidad de Madrid y que reúne 300 voces (o más) de madrileños de todos los orígenes. Incluso han admitido a algunos nativos de Madrid, en una concesión al exotismo.
Quedan pocos diputados constituyentes tan activos como el que fuera ministro de Exteriores de Rajoy, que le atribuyó un ego «estratosférico». Defiende en la radio el legado constitucional frente a Pablo Iglesias, pero no es un inmovilista: tiene un plan para reeditar el pacto de la Transición, que cree que debe liderar Feijóo para capear otro fracaso histórico cuyos precedentes analiza en España en su laberinto (Almuzara)
Usted fue diputado constituyente. Hoy comparte tertulia con Pablo Iglesias, que cree que ustedes diseñaron una continuación del franquismo.
No solo Iglesias. En La Transición explicada a nuestros padres, Juan Carlos Monedero sostiene que la Transición fue un movimiento de adaptación del ordenamiento del Estado sin modificarlo para permitir la entrada en la Unión Europea, que era el fin perseguido por los intereses financieros sin alterar las esencias del régimen, bajo la vigilancia del Ejército. Eso es rigurosamente falso, y es desmerecer el proceso constitucional. En el momento de la muerte de Franco aquí no había absolutamente nada: había unas Cortes de procuradores que no representaban a nadie, una Cámara del Consejo Nacional del Movimiento -que era el partido único-, no había organizaciones empresariales ni sindicales reales, el poder local estaba en manos de alcaldes designados por los gobernadores civiles. No se había previsto nada y había que improvisar un nuevo sistema institucional. Estábamos sufriendo la crisis del petróleo, con una inflación galopante. Y para colmo ETA mataba más que nunca, y ciertamente había resistencias al cambio en una parte de las Fuerzas Armadas. Así que la situación era mucho más compleja de lo que algunos cuentan.
Sin ánimo de declarar cruzada alguna, y sin necesidad de coincidir con Federico en que todos los periodistas sean yihadistas -como mucho la mitad-, confieso que me admira el desparpajo con que la brocha mediática ante el crimen machista es sustituida por el fino pincel ante el crimen islamista. Pero ya se sabe que la actualidad es un lienzo infinito sobre el que cada cual proyecta su sesgo ideológico. De ahí que quienes apresuren el diagnóstico identitario en el caso de una mujer asesinada «por el hecho de ser mujer» prefieran acudir a la sociología o a la salud mental del autor («es pobre», «está desequilibrado») antes que afirmar que un sacristán ha sido asesinado por el hecho de ser cristiano. Por si faltaran pistas, los ataques ocurrieron en dos parroquias, un cura y tres feligreses también han resultado heridos y el asesino era fan del Daesh en Facebook. Igual no hace falta llamar a Sherlock Holmes.