Pura diversión

Esa chavalería confinada en Mallorca lidera la confusa transición de un mundo que no acaba de morir, el pandémico, a uno que no acaba de nacer, el pospandémico. Ahí están, vigilados por la Guardia Civil, víctimas de la impaciencia en que consiste básicamente ser joven. La superación definitiva de la pandemia ya llega tarde a sus ganas de vivir, y solo a los esclavos morales del miedo, la envidia o la tristeza puede espantarles la rebeldía animal que mueve sus voluntades, a menudo estúpidas, siempre inspiradoras. Algunos de esos jóvenes, reservorios de una prematura sabiduría judeocristiana, confiesan a cámara que se han portado mal y que ahora deben asumir las claustrales consecuencias del desparrame previo. En quinto de carrera mi trabajo para Antropología Cultural versó sobre el botellón como rito religioso, del endiosamiento etílico a la moraleja de la resaca. Naturalmente celebré la matrícula bebiendo.

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29 junio, 2021 · 10:12

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