Descansar del antifascismo

Cuando el elefante haya desalojado finalmente la habitación y el polvo se asiente, empezaremos a comprender que el alivio se lo debemos a la ausencia del animal tanto como a la de sus cazadores. Durante estos años solo ha habido una cosa tan estomagante como el trumpismo, y ha sido el antitrumpismo. Capitanes insomnes, desquiciados, arponeando sin tregua a la ballena anaranjada. Se comprendía el afán: Trump no solo les hacía ricos -ahí están las cifras de suscripciones de ese periódico ayer ilustrado y hoy sucursal woke de Salem que es The New York Times-, sino que les permitía liberar París cada mañana al módico precio del enésimo artículo contra el fascismo resucitado. Si el coro de gansos llegó a hacerse insoportable no fue porque les faltara una parte de razón, sino porque graznaban desde la mullida zona de confort de sus corrales privilegiados. Será difícil olvidar el bochorno que nos han hecho pasar los incontables pijos globales que desembarcaban su uniformado activismo sobre una alfombra roja persuadidos de que pisaban la arena teñida de Normandía.

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9 enero, 2021 · 10:06

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