El poder y la palabra, de Orwell

9788499927817

Un imprescindible.

Quizá ningún escritor como Orwell (1903-1950) ha sentido el vínculo entre lenguaje y poder. Nadie fue agraciado con un olfato tan agudo para detectar la propaganda, fuera cual fuese su origen y su destino. Olfateaba a kilómetros el hedor de una mentira política, y se entregó a la misión que le proponía su pituitaria superdotada: alzar con su escritura limpia una empalizada de precisión contra el totalitarismo, que empieza siempre corrompiendo el lenguaje para que deje de servir a la comunicación de verdades objetivas.

Tendemos a ver a Orwell como un visionario, pero visionario era Lovecraft. Orwell no es un escritor de fantasía o de anticipación, sino un contemporáneo eterno que descubrió dos cosas: que el anhelo humano de libertad no puede sofocarse del todo y que no por ello dejarán de intentarlo sus enemigos. Eso explica su vigencia –Trump lo ha convertido en un superventas en Estados Unidos-, porque los enemigos de la libertad ni se crean ni se destruyen, solamente se transforman. Pero la constante admiración que suscita su lectura no solo la justifican sus acertados diagnósticos sino la invención de un estilo propio, de una tersura vigorosa, modernísima. Su desprecio a la retórica no era una decisión estética, sino ética y política.

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1 comentario

12 febrero, 2018 · 12:15

Una respuesta a “El poder y la palabra, de Orwell

  1. word within word

    Lo del integrismo suena como lo del populismo, y serían precisas unas distinciones que, si no vienen de fábrica en la sindéresis de cada cual, me da pereza intentar. De nuevo. Bueno, supongo que la introducción ya informará de que Orwell se convirtió a la iglesia anglicana en el lecho de muerte. Parece de broma ¿La iglesia de Inglaterra? Pero si cambian de creencias y política cada diez minutos. Imagino que podría ser, aparte del nacionalismo Little Englander de Orwell, un gesto en dirección a Eliot, que sí, rechazó la publicación de Animal Farm, pero objetando, lo cual es cierto, que como alegoría describía a unos cerdos con [su] espíritu cívico, lo que ni era cierto en la realidad ni le convencía en política. !984 sí merece la inclusión de Orwell en el canon de profetas, desgraciadamente.

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