Gracias, Johan

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Del réquiem a la boda.

Cruyff enseñó al Barça a dejar de quejarse, a renunciar a la épica del derrotado para construir otra más dulce aún: la del ganador. Anoche, en el día de su clásico, cuando hasta Florentino se tiró todo el minuto 14 aplaudiendo en pie la memoria del genio ido -una de esas liturgias bobas que preceptúan los clérigos de la religión deportiva-, el espíritu de Cruyff susurró al Barça su última lección: malo es ir de víctima de tanto perder, pero peor es ir de verdugo y perder igual. Porque el Real Madrid de Zidane fue víctima y verdugo al mismo tiempo.

Señorío es ganar con 10 y atracado a punta de silbato. El árbitro, preocupado por la deriva del Procés, trató en todo momento de no incurrir en provocaciones, evitando pitar fueras de juego a los delanteros del Barcelona y anulando goles legales a los del Madrid; pero acabó malogrando su escrúpulo constitucional dando por bueno un tardío gol de Cristiano que le daba la victoria al equipo de la capital. Dejé pasar unos segundos antes de celebrarlo. Me restregaba los ojos. No daba crédito: el gol seguía en el marcador, desafiante. Así es como se fabrican independentistas. Esta semana habrá que convocar a Margallo y a Junqueras en algún aeropuerto neutral para pacificar la previsible crisis diplomática.

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3 abril, 2016 · 15:23

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