Archivo diario: 16 enero, 2016

La FIFA bufa

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Wanted, según la FIFA.

La FIFA, esa organización investigada por el FBI, ha sancionado al Real Madrid para que nadie piense que no hace su trabajo, caiga quien caiga y cueste lo que cueste, que en el caso de la FIFA suele incluir sobrecoste. Entre los niños que busca proteger la FIFA con su ejemplar sanción se encuentran los hijos del entrenador del Real Madrid, apellidado Zidane. Lo que ocurre es que en la lista fiscalizada por la FIFA figuraban con el apellido de la madre, Fernández, razón seguramente de que los sabuesos papistas de la organización investigada por el FBI no repararan en que estaban defendiendo a los niños de sus propios padres. Pero hay que disculpar a la benemérita organización futbolera, pues cuando a uno le pinchan los teléfonos acaba desconfiando hasta de la relación entre padres e hijos.

Lo cierto es que si la prensa no está pidiendo la cabeza de Florentino con la indignación acostumbrada se debe seguramente a que primero el Barça y ahora también el Atleti cayeron igualmente bajo la insobornable lupa fifera: mal de muchos, consuelo de igualitaristas.

Lo previsible es que el Madrid pida ahora la suspensión cautelar de la sanción para hacer en un verano la inversión que tenía pensado hacer en dos, y mientras tanto se esforzará -no sin un punto de compunción- por que los hijos de Zidane hagan sus tres comidas diarias y duerman en un colchón.

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El homenaje a Alcántara, con foto de familia

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16 enero, 2016 · 19:34

Rastas versus corbatas

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“¡Como diputado vuestro que soy…!”

Este Parlamento se parece más a la gente, ha dicho Íñigo Errejón. Y su eco se propaga por las tertulias con ese reverbero automático y ful con que las mejores intenciones cristalizan en tópicos vulgares. Que lo diga Errejón tiene lógica, porque como teórico del populismo debe esforzarse por instalar en la opinión pública esta sinécdoque: mis votantes son el pueblo, mis diputados la asamblea legítima. Al final de ese camino mil veces fatigado en el siglo XX siempre hay un demente que confunde su ansia de poder con la voluntad popular. Y a los lados yace un reguero de escrupulosos.

Para que esa perversión poética de la lógica que es la sinécdoque allane el camino del despotismo, es importante que la anécdota suplante sistemáticamente a la categoría. El desaliño indumentario, la toma de un bebé o la negritud de una diputada son tratados por el populismo no como lo que son, circunstancias de la condición humana, sino como la sustancia del debate político. El mecanismo de la propaganda opera como un sombrero de prestidigitador donde entra un hecho y sale un eslogan. Según ese birlibirloque, un mayor pintoresquismo implica una mayor representatividad.

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16 enero, 2016 · 19:28