Archivo del sitio

Elogio y refutación de la naturalidad

No lo celebró por modestia.

No lo celebró por modestia.

Los menonitas constituyen una rama pacifista y trinitaria de la herejía anabaptista que se estableció en Pensilvania en 1683 huyendo de la persecución religiosa en Europa, donde no se consentía su reformismo radical. De una rama suiza de los menonitas surgieron los amish, que ustedes conocerán por su terca oposición a vestir de chándal, comer en el Cien Montaditos y encarnizarse en luchas melancólicas contra operadoras sudamericanas de telefonía móvil. Tampoco hubo forma de que se avinieran a pelea alguna, de la Gran Guerra a Vietnam, razón por la cual Stalin, más conocido como Koba o Estanli, disfrutaba deportándolos a Siberia.

Bajo la actual ola de verdor entre Disney y New Age que sacude al primer mundo, los menonitas comienzan a ser vistos con manifiesta admiración por su forma de vida extremosamente natural. No es que no consuman huevos ecológicos: es que duermen con la gallina en el cuarto, cuyas paredes de madera han levantado con sus manos desnudas, y cuyo sudor se han secado en las enaguas. Y en todo caso, ¿no pertenecen las enaguas, los establos, el pastel de carne a la historia tecnológica del hombre tan propiamente como el iPhone o la crema contra el herpes? La cuestión es dónde fijas el punto de estancamiento, pero el siglo XVII resulta tan poco natural respecto del primer sapiens sapiens como el XXI.

Sin embargo, yo os pregunto: ¿de dónde procede el prestigio de lo natural? Y sobre todo: ¿está justificado? Recuerdo que un verano, encontrándome por trabajo en la playa nudista de Sopelana, escribí contra el nudismo una columna de contraportada que provocó enconadísimas –silvestres, ciertamente– reacciones en mi blog. Todas las críticas participaban del mismo argumento pueril: ir en pelotas es lo más natural del mundo. Mi opinión, revolucionaria si queréis, carecía de cualquier escrúpulo moralista y se limitaba a alzar los ojos fuera de Sopelana y a señalar que lo natural parece más bien vestirse, al menos desde el episodio de la serpiente y la manzana del Génesis, y desde luego por el bien de la Mercedes Fashion Week, Amancio Ortega y toda una pujante industria del trapo.

¿Es natural que un equipo como el Bilbao se componga exclusivamente de jugadores vascos? No importa si son ocho apellidos o dieciséis: si sigues remontándote en la genealogía acabarás topando con un López. ¿Es bueno pretender lo natural? No está nada claro. En los nidos de búho en que cohabitan dos crías suele ocurrir que la más fuerte acapare todo el alimento aun cuando sepa que así condena a su hermano débil a morir de hambre, todo bajo la mirada neutral de los padres; lo peor es que en esos casos la cría más fuerte suele morir literalmente atragantada, ahogada por el bolo alimenticio que no pudo ingerir con tal de no verlo en el pico lánguido de su hermano hambriento. Las arañas de cierta especie segregan al nacer una droga que atonta a la madre, la cual de otro modo no podría soportar la tentación de devorar a sus propias recién nacidas. La naturaleza, lo natural puro (el liberalismo sin regulación, diríamos con los tertulianos de progreso), está inconcebiblemente lleno de estos ejemplos atroces que nos hacen desear la técnica, la urbe, el artificio con la rotundidad de Baudelaire en su Elogio del maquillaje (1863): “Todo lo bello y noble es el resultado de la razón y el cálculo. Lo que da la naturaleza es horrible”.

Leer más…

Deja un comentario

7 abril, 2014 · 12:31

Venganza bajo la lluvia

Chupar también es un arte.

Chupar también es un arte.

Tenía que quedarse ahí el marcador, en el exacto 3-0 que colocó con clase Ronaldo tras asistencia traviesa de Modric. Porque ese era el resultado que el Madrid necesitó el año pasado en el Bernabéu y no consiguió, y el que debía ofrendar a la memoria blanca para consumar su venganza con aguacero, canon climático de la venganza desde William Munny. El Real en semis salvo avance de Putin o cosa similar. Hay vuelta en el temible Westfalenstadion, Florida Park o como se llame ahora, pero este Borussia ya no mete el mismo miedo.

Y eso es exactamente lo que repetirán viudas de toda índole y robinsones de toda isla para desmerecer la contundente imagen ofrecida por un Madrid con la enfermería a rebosar de cojos, tullidos y un argentino con dolor de panza. La enfermería del Madrid es hoy por hoy un cuadro de Ribera y yo creo que va siendo hora de inventar otra enfermedad-pantalla que la socorrida y gastada gastroenteritis. Lo importante es que el Madrid sacó la actitud, subió la temperatura competitiva al alto grado que marcan las ingles de Pepe y mandó en el partido de principio a fin.

Isco debía dar el paso y lo dio. De hecho dio demasiados por momentos, la bola sorbida codiciosamente como queriendo resarcirse de muchas suplencias en una sola conducción, pero todos sabemos que el panteón de la fama está lleno de chupones. Lanzó ataques constantes, enlazó con Luka por detrás y por delante con una BBC que planeaba permutándose las posiciones y se fabricó el hueco preciso para trazar un disparo inteligente desde la frontal hasta el palo más lejano a Weidenfeller. Fue el segundo del Madrid: el primero lo había marcado Bale en el minuto tres a pase de un meritorio Carvajal, que jugó el mismo buen partido que la entera línea de zaga, con mención especial a Coentrao aparte de Pepe. ¿Deberemos agradecer también la rotura de los isquiotibiales de Marcelo? Eso es pasarse, pero desde luego con el lateral luso no hay lugar a las puertas herméticamente abiertas que a veces deja la alegría brasileña.

Lo que no vale es decir cuando la paliza al Rayo que esos huevos hay que tenerlos contra el Borussia y ahora destapar que los chicos de Klopp son una recua de mataos y que aquellos que no se ha llevado Pep ahora fuman en los baños. No, no. El Madrid anuló cualquier peligro alemán –ahí es nada, anular el peligro alemán– hasta muy avanzado el partido, y los dos disparos que no paró Pepe con alguna extremidad legítima los paró Casillas para riego de su propia maceta, llena de flores europeas.

Leer más…

Deja un comentario

3 abril, 2014 · 1:31

La homilía performativa de don Rouco

Acto performativo del lenguaje.

Acto performativo del lenguaje.

Y entonces el cardenal decidió añadir el sintagma de la discordia: “… y que la pueden causar”. Se refería a la guerra civil, no como concepto discutido y discutible sino como realidad producida y reproducible, y en el torpe deslizamiento semántico hacia este segundo adjetivo todo el sermón se le despeñó por la pendiente vertiginosa de la hipérbole. Y los españoles, pastoreados por el nuevo mester de clerecía que integran teletipistas astutos y tertulianos de ancha vestidura, corrieron a cumplir la infalible sentencia de Foxá: “Los españoles están condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote”.

Si Foxá no exageraba en un sentido literal, quizá Rouco tampoco en un sentido figurado, a jugar por las inflamadas reacciones a su polémico sintagma. ¿Hipérbole? No tan rápido, españoles. El filósofo del lenguaje John Langshaw Austin tipificó en su conocida teoría de los actos del habla una modalidad lingüística a la que llamó performativa, y a la que definió por su fascinante poder de causar aquello que nombra en el momento mismo en que lo nombra. Si un cura católico, explicaba Austin, pronuncia en las circunstancias apropiadas la frase “Yo te bautizo”, no simplemente estará pronunciando una fórmula ritual sino que estará introduciendo a una nueva oveja en el rebaño de Dios. El lenguaje performativo es por tanto la modalidad adecuada a toda liturgia, pero no solo a la religiosa sino también a la judicial –yo, Pablo Ruz, condeno al Barça a pagar tanto dinero escamoteado a la caja pública, por ejemplo–, o incluso a la afectiva: “Te perdono, Palomita, pero no me los vuelvas a poner”. Desde ese mismo instante, el Barça sería (no más que) un club condenado y Paloma una casquivana novia redimida por obra y gracia del puro lenguaje.

Leer más…

Deja un comentario

2 abril, 2014 · 8:24

Palizas sin calorías

El coloso de Cardiff.

El coloso de Cardiff.

La reforma moral de la grada del Bernabéu es un proyecto hermoso porque es estrictamente irrealizable. Será una de los pocos alardes de genuino romanticismo al que pueda entregarse cualquier madridista tribal o en solitario. Es cierto que Byron cruzó a nado el Helesponto pese a la deformidad congénita de sus pies, pero su hazaña no sirvió a la independencia de Grecia. Hoy Grecia pertenece a Alemania y las gradas del Bernabéu –que hoy vieron un 5-0 y se vaciaron mucho antes de verlo entero y pitaron a Diego López, a Cristiano y a Benzema– pertenecen al alma mesocrática, ternurista e invencible del pipero español, categoría eterna contra la que ya se estrelló Alonso Quijano. ¿Pasó Rust Cohle por Chamartín? ¿Se le reveló allí el secreto de la misantropía? Ya que la reforma moral del Bernabéu no es posible, Florentino Pérez, con pragmatismo, impulsa la reforma urbanística.

El resultado, digámoslo todo, engaña. Apalizar al Rayo de Paco Jémez es como pegar al Dalai Lama y no sirve como termómetro de recuperación anímica, como el crecimiento de las exportaciones no vale para medir la recuperación económica. Hasta el segundo gol, de hecho, el equipo blanco exhibió las mismas dudas que ante Barcelona y Sevilla; la herida, a qué ocultarlo, ha sido profunda. El orgullo podría sanarla en un día, pero de momento el Madrid no lo encuentra dentro de sí y necesitará un pinchazo de sus rivales para enchufarse de veras a la esperanza. La persistencia de la épica culé –penalti y expulsión– no ayuda.

En todo caso se merodeó el área rayista desde el minuto cinco. Illarra quiso ser Modric por momentos pero sus pases al hueco resultan aún de una timidez enternecedora. Xabi recibió algunos gritos de don Carlo motivados supuse por su querencia a las tablas. Pero a cambio están Di María y Bale. Fuera de Suárez no hay otro hombre que simbolice mejor la transición que el galés: va del medio a la banda, de la banda al medio, de la carrera al frenazo, de la asistencia al gol, del poderío a la caricatura también. Ejecuta la pared y el disparo con la suficiencia con que Roddick hacía su tenis de saque y volea. Cambia de ritmo como Butragueño (como dos Butragueños, uno encima de otro). Metió un gol de rematador, otro de fondista para el que partió desde el punto en que Lasa vio al portero adelantado y asistió a Ronaldo con una pausa exquisita, incoherente casi con su potencia. También falló, claro, como falló Benzema, y esta es la parte que nos desespera al pensar en Dortmund.

Leer más…

Deja un comentario

30 marzo, 2014 · 14:03

Almas bellas vs. policía

El "Lorca" que le hicieron a Pasolini.

El «Lorca» que le hicieron a Pasolini.

Pier Paolo Pasolini nació de teniente y campesina, combatió a los nazis y fue capturado en campaña, se afilió al Partido Comunista y le expulsaron bajo acusación de una homosexualidad incontinente que pervertía a los cándidos cachorros de Gramsci. Todo ello sin dejar de declararse cristiano. Dando tumbos siempre personalísimos acabó en el cine, donde continuó haciendo travesuras. Era un tipo difícil de alinear. Por eso volvió a sorprender a la intelligentsia la postura antigregaria, insobornable, de una coherencia ofensiva, que Pasolini adoptó durante los disturbios del mayo del 68:

–Todo el mundo se pone de parte de los estudiantes, pero yo voy con los policías, porque yo siempre estaré del lado del proletariado.

A los guevaritas de bate y cantazo que salieron a cazar maderos el sábado por la noche no se les podrá gritar, ciertamente, lo que Ionesco a los pijiprogres del mayo francés:

–¿Adónde vais, insensatos? ¡Mañana seréis todos notarios!

Lamentablemente, para llegar a notario y disfrutar de los placeres bien ganados de la condición burguesa se precisa una porción fértil de cerebro que no encontrarán las ondas P300 del escáner neuronal en las mentes vírgenes de los pobres milicianos que le pusieron al 22-M el consabido broche de la violencia criminal con coartada política.

Leer más…

1 comentario

28 marzo, 2014 · 12:38

El rock de la cárcel

Parar a Rakitic: una bonita utopía.

Parar a Rakitic: una bonita utopía.

La tentación obvia para un madridista esta noche es vender a Cristiano y a Bale, echar a Ancelotti, raptar a Florentino por todo su dinero y donarlo (su dinero, no a Florentino) a la Fundación Vicente Ferrer que opera en la India; y, de paso que estamos allí, reclutar de entre los basureros de la casta intocable a un selecto ramillete de jóvenes humildes y sanos que quieran integrar la primera plantilla del Real Madrid Club de Fútbol, a poder ser con pinta de tener pegada.

La santa pegada, hay que joderse. Porque la pura verdad de la crónica de este partido, más allá de una gestión miope desde el banquillo, de una cachaza inquietante en la defensa, de una lentitud lacerante en el medio, de una puntería regional en la delantera, la pura verdad, señores, es que el Madrid tiró 26 veces a puerta y el Sevilla dos. Resultado: 2-1.

Leer más…

Deja un comentario

27 marzo, 2014 · 13:14

Debate postclásico

El cartel.

El cartel.

Los amigos de Periodista Digital tuvieron a bien invitarme a participar este lunes con (que no contra) Lobo Carrasco en un debate Madrid-Barça, él representando al culé, yo representando al merengue. Lo que más me costó de debatir con Lobo, dentro del probo espíritu de concordia que presidió nuestro coloquio, es susatrer la mirada al dibujo hipnótico que emanaba de la camisa florida de Lobo.

 

Deja un comentario

25 marzo, 2014 · 12:12

Dejad algo de Suárez para nosotros

Pudo prometer y prometió.

Pudo prometer y prometió.

Yo, perdonadme, nací en 1982 y todo mi vínculo con Adolfo Suárez se reduce a mis libros de historia de España, mi fidelidad a la imprescindible serie documental de Victoria Prego y un padre que votó a la UCD, aunque ahora dice que se arrepiente. Avanzo estas cosas para que quede claro el lejano ángulo del salón desde el que observo el retrato del prócer ido, colgante ya del muro de la eternidad, pinacoteca de la historia, galería de padres de la patria. Puedo prometer y prometo que escribo en consecuencia desde la resuelta falta de conocimiento personal, desde la limpia ausencia de testimonio coetáneo, desde la exclusiva impresión –si aún resulta perceptible– de su huella sobre la memoria cívica de mi generación, que es a la que corresponderá poco a poco asumir la dirección de este país, si es que nos dejan. Porque sí, caballeros: el tiempo pasa y ahora nos toca a nosotros.

¿Y qué interés puede tener lo que sobre Suárez opine un debutante en la treintena que ni estuvo allí, ni de la Transición escribió un mal teletipo, y ni siquiera oyó zumbar las balas sobre su democrática cabeza un excitante 23 de febrero que los ancianos del lugar recuerdan con puntualidad de club de veteranos de Omaha? Se lo preguntarán despectivamente los tertulianos de la Santa Transición, todos ellos en activo, todos ellos eternamente hegemónicos, todos ellos dispuestos a morir con la voz en el micrófono y la pluma en la columna como si ello entrañara alguna gloria y no el dudoso mérito de obstruir la reposición generacional del periodismo español, descarrilada de la ley de vida por la tormenta perfecta, el sabotaje conjunto en el que conspiran crisis económica, debacle industrial, rigidez sindical, cobardía empresarial y cainismo profesional. En su epicentro boquea mi generación cuando va y se le muere Suárez, el hombre que citó a Machado ante nuestros padres el día de junio de 1976 en el que ofició el bautismo de los partidos políticos: «Está el hoy abierto al mañana. / Mañana, al infinito. / Hombres de España: ni el pasado ha muerto / ni está el mañana / ni el ayer escrito».

Leer más…

1 comentario

24 marzo, 2014 · 14:45