Archivo de la etiqueta: Roma eterna

Las llaves de la gran belleza

En el cielo sin nubes se ha declarado un final de abril con pujos de ferragosto, y los peregrinos que no tomaran ayer la precaución de untarse los brazos con crema solar experimentarían alivio al ingresar por la puerta santa en la suave penumbra de Santa María la Mayor. Tampoco es que tuvieran que esperar demasiado bajo el sol. Al menos el Esquilino -una de la siete colinas romanas- no registra todavía la congestión de visitantes que se le pronostica a esta primavera de excepción en que un jubileo se funde con un cónclave, y por fortuna los carabinieri han decidido no extremar el celo inquisitivo en los controles de acceso. Será una paradoja, pero un policía que nos sonríe da más seguridad que uno que nos cachea.

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23 abril, 2025 · 9:48

Los verdaderos periodistas desayunan con prosecco

Cuando este miércoles vi a Antonio Pelayo bajando por via Frattina, con su traje de raya diplomática y dos periódicos bajo el brazo -el Corriere y La Repubblica-, me sorprendió que no llegara acompañado de Audrey Hepburn y Gregory Peck. Me había citado a las once y media en la terraza de su cafetería favorita, no lejos de la majestuosa escalinata de la plaza de España. Yo pedí un capuchino. Él fue directamente a la barra y regresó con un plato de canapés y una generosa copa de prosecco. El desayuno de los maestros.

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3 marzo, 2025 · 8:20

Borromini y Bernini luchan a muerte en Roma

Un documental de A Contracorriente Films relata la lucha a muerte entre los dos últimos gladiadores de Roma. La pelea enfrentó a un napolitano con un suizo hasta que uno logró acabar con el otro sin necesidad de tocarlo. Durante cinco décadas del siglo XVII los romanos asistieron sobrecogidos al progreso de su odio, que iba cristalizando en las calles y plazas de toda la ciudad. Sus armas no fueron el tridente o la red sino el escoplo o el lápiz. Al rastro sublime y feroz de su contienda se le llamó barroco.

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20 octubre, 2024 · 11:09

Cuando España dominaba Roma

Hubo un tiempo, desde los Reyes Católicos hasta el último de los Austrias, en que la hegemonía cultural del mundo se disputaba en las plazas barrocas de Roma. Esa competición política a través de la belleza la ganó España durante tres siglos, para frustración de Francia, la otra gran potencia católica. La huella española en la Ciudad Eterna es profunda y bien conocida: desde la majestuosa escalinata que conecta la iglesia de Trinitá dei Monti con la embajada ante la Santa Sede hasta la Academia Española en Roma, con sus codiciadas becas para artistas, de la que este año se cumple siglo y medio. Entre otras muchas improntas debidas a la Monarquía hispánica, que no en vano asumió el liderazgo imperial de la Contrarreforma, con Ignacio de Loyola a la cabeza.

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23 octubre, 2023 · 8:15

Roma desordenada

Un diplomático busca en Roma a Roma y a Roma misma en Roma va y la encuentra. Parafraseando a Quevedo, con este libro Juan Claudio de Ramón (Madrid, 1982) cumple a la vez con la modestia y con la temeridad de su propósito. Solo desde la modestia puede escribirse sobre la única ciudad del mundo que no es un espacio sino un tiempo, que nos da «todas las épocas posibles». Y solo un temerario, reconoce el autor, añade otro intento a una nómina de romanólogos que incluye a Goethe, Stendhal o Henry James. De Ramón asume el reto con la autoridad que le otorga su desempeño laboral de cinco años en el Palazzo Borghese y lo salva con la inteligencia de quien opta decididamente por el tono clásico.

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9 junio, 2022 · 9:37

‘Delenda est Madrid’

Querido Tulio. En las provincias levantiscas del norte el dictamen es unánime: Madrid debe ser destruida. Los jefes de las tribus bárbaras aliadas con el emperador no ocultan ya su rencor por la pujanza de esta capital indómita. Aquí la libertad es honrada y los ídolos tribales reciben un desprecio sacrílego. Si a la apostasía se le uniera la miseria, nadie protestaría demasiado; pero no se tolera que Madrid viva tanto mejor cuanto mayor es su desafío a la religión oficial. Esa impiedad, teme el emperador, invita a la emulación y debe ser castigada.

Los madrileños son abiertos, pero también orgullosos. Entre la Escila de su hospitalidad y la Caribdis de su chulería naufragan los intentos de los augures por imponerles el culto demoscópico al primus inter pares de Moncloa. Los madrileños han levantado su edén mestizo sobre una meseta que no conoce el mar ni riega más agua que la de un famélico regato donde no se bañan las ninfas por falta de calado. Los acaudilla una mujer que no hace tanto servía para inspirar a los epigramistas. Cuando la peste asoló la ciudad, todos creyeron que su estrella declinaría pronto. Pero probó un coraje insospechado y su fortuna viró. Ya no solo domina su territorio sino que otras regiones peninsulares la acogen con júbilo y escuchan sus consejos de gobierno.

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1 diciembre, 2020 · 9:32

La Roma de Bernini

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El rapto de Proserpina, de Bernini.

De todas las Romas que caben en Roma, la culpa de que uno prefiera la barroca es toda de Bernini. Otros viajan a la Urbe en busca de césares y foros, atentos al eco de una lucha a muerte en el Coliseo o siguiendo las huellas de las legiones que dominaron el mundo durante mil años. Es la Roma de Mary Beard y la de Gibbon, la de nuestros manuales de latín, la que proclama la vigencia de una civilización que no es ajena ni remota, vestigios marmóreos o estatuas mutiladas. No, no: los romanos somos nosotros. A poco que leamos descubrimos que nuestro derecho, nuestro mapa de carreteras, nuestras campañas electorales son romanas, si acaso con menos sangre pero con las mismas mentiras, escándalos y traiciones. Esa Roma eterna, por tanto, no nos interesa ahora porque la visitamos a diario en los periódicos.

La que nos interesa la labraron hombres que no creían en los dioses sino en Dios, hasta el punto de asumir su voz en la tierra. Es la Roma de los papas, los mecenas del más ambicioso programa electoral de todos los tiempos, al cual se llamó Contrarreforma, y cuya realización consagró el triunfo artístico del catolicismo sobre sus competidores protestantes hasta el día de hoy. Esplendor frente a austeridad, imaginación frente a normativismo, carnalidad frente a represión: ésta fue la campaña monumental con que los grandes papas posteriores a Trento ganaron las legislaturas de la posteridad. Necesitaban para ello a los mejores, y los contrataron a todos. Citar los apellidos de los genios que hicieron de Roma lo que es nos llevaría demasiadas páginas. Pero si tuviéramos que elegir un solo nombre al cual se debe la fisonomía más reconocible de la sede de la cristiandad, ése es sin duda el de Gian Lorenzo Bernini.

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19 marzo, 2019 · 12:04

Viaje al comienzo del día

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[Donde debuto como analista de moda en Marie Claire, y descubro lo mucho que hablar del Parlamento facilita hablar de la pasarela]

La colección de Céline para esta temporada está inspirada en el barroco italiano. Más concretamente en los drapeados pujantes que emergían del cincel de Gian Lorenzo Bernini. El diseñador ha tenido que pasar muchos horas debajo de la tumba de Alejandro VII, en la Basílica de San Pedro, para poder alumbrar esos chalecos insensatos que tocan la punta del zapato de la modelo; esas mangas rozagantes, vueltas sobre sí mismas, que se sujetan mágicamente sobre el pecho o la cadera; esa ropa talar que reniega de su fe para abrazar la carnalidad más sofisticada, del mismo modo que el genio napolitano creaba en la piedra inerte, fría y sensual de Carrara una ilusión de movimiento.

Yo miro fascinado el desfile de estas telas sin cuerpo, ambulantes y huecas, como soportadas por un chorro de aire que naciera del suelo y abultara sus lujosos volúmenes. Me parece que estoy descubriendo nuevos éxtasis laicos como el de Teresa en Santa María de la Victoria. Si acaso un poquito más mohínos, pero eso es por el careto de las maniquíes, que no saben poner cara de orgasmo como la santa, quizá porque nunca han tenido uno.

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1 marzo, 2018 · 18:42