Archivo de la etiqueta: Roma eterna

Dos papas y un imán

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Un humanista.

El Papa regresa de El Cairo después de recordarle al gran imán que la caridad es «el único extremismo que se permite a los creyentes». Lo dijo en Al Azhar, lugar al que llaman universidad, más bien la catedral del islam suní. No presumo: tampoco es que en Políticas de la Complu se use mucho la razón. Yo celebro las palabras de Francisco; el problema es que las celebre también el imán Al Tayeb, en vez de comprometerse a desautorizar la intransigencia de algunas fatuas dictadas desde Al Azhar.

Que no todos los musulmanes son terroristas es una obviedad insuficiente; falta secar la fuente textual de la herejía terrorista. Falta que los propios imanes condenen la literalidad de los versos violentos del Corán, igual que los papas han ido reinterpretando en un sentido espiritual los pasajes más incendiarios de la Biblia. Falta que el islam retorne a Averroes, donde se detuvo su ilustración y de donde partió la de Tomás de Aquino.

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2 mayo, 2017 · 12:43

Roma vs Cantabria

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Monumento a Corocotta, caudillo cántabro.

Pedro, el hospedero de la casona cántabra donde me alojé unos días, tiene enmarcado un mapa romano de la Península Ibérica. Cuando señala a los huéspedes la provincia de los cántabros, que por entonces abarcaba buena parte del norte peninsular, no reprime el orgullo montañés:

-A veces viene un vasco, o un catalán, y yo le digo: busca, busca aquí tu Euskadi. O tu Cataluña. ¿A que no aparecen por ningún lado? En cambio ahí pone ‘Cantabria’.

Razón lleva. Por entonces ni siquiera estaban inventadas las piedras que levantarían los hijos de los vascones, y faltaban varias centurias para que a los fenicios de la Tarraconense se les conociera como catalanes. A Pedro le tiembla la voz cuando rememora el coraje de los guerreros cántabros, que preferían engullir las venenosas hojas del tejo antes que caer prisioneros de las legiones. Y no disimula la tristeza que le causa la inutilidad de tan heroica resistencia: “Al final nos conquistaron”. Nos, dice.

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17 abril, 2017 · 11:45

Los que van a empatar nos saludan

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Gladiadores posmodernos.

No vamos a discutir ahora que el fútbol sea la más importante de las cosas sin importancia, pero vistos desde el Coliseo, que es donde eché la mañana, los derbis pierden un poco de su dramática seriedad. Roma sirve para calibrar el verdadero tamaño de tu vida tanto como el del fútbol: en el marco de la eternidad cualquier delantero se vuelve ridículamente relativo, con la caprichosa excepción de Benzema, que nos parece más insustituible a medida que se invierten más recursos en reivindicar a Isco. El malagueño salió por Kroos en el 76 y el partido empezó a empatarse en ese momento, Júpiter nos libre de las causalidades estrictas. Dio la impresión de que el estético Isco saltaba al campo para legitimar popularmente una victoria debida a su contrafigura Pepe, que lucha ya solo para sí mismo como un liberto sin amo.

Simeone celebró el empate como cualquier gladiador agraciado por el indulto imperial. Hollywood cree que el césar indultaba con el pulgar hacia arriba, los historiadores saben que se limitaba a levantar el puño y el Real Madrid lo hizo cuando abandonó la formación de batalla y se confió al gol de Pepe con credulidad pagana. Nadie esperaba el pase de Correa a Griezmann salvo el propio Griezmann: alguien con una fe semejante merece jugar en el Madrid de Ramos.

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11 abril, 2017 · 19:49

Bergoglio se confiesa

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No parece el Anticristo.

Entre los católicos españoles más ortodoxos corre un malicioso chascarrillo según el cual ya no urge rezar por la conversión de Rusia y las intenciones del Papa, como fue costumbre durante el siglo XX, sino por las intenciones de Putin y la conversión del Papa. Un pellizco de humor de sacristía por lo demás revelador de la inversión categorial con que va desenvolviéndose el siglo XXI. Hoy tenemos una China aperturista, unos EEUU en trance de aislamiento, una Rusia que llama a la cruzada y un Vaticano de izquierdas. El personal anda despistado, claro.

Pero a despecho de tanta atribución política como pesa sobre él, quizá este Papa -qué decepción- no sea más que un cristiano común, y un hombre más común todavía pese a su credencial divina por cuanto nada es tan humano como la contradicción. Hay varias en la entrevista de Bergoglio. Condena el liberalismo pero acepta que los intermediarios comerciales se ganen la vida con las comisiones propias de su oficio. Abusa del calor retórico de La Gente, pero rechaza la premisa fundamental con que opera el populismo: frente al conflicto abstracto entre pueblo y élite, Bergoglio prescribe diálogo y concreción, y además no ve la tele, que es el primer mandamiento de las tablas populistas. Es depositario de un mensaje secular de salvación, pero alerta contra los salvapatrias que florecen en las crisis. Y la contradicción mayor: es argentino pero hace autocrítica.

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23 enero, 2017 · 14:15

Reivindicación del pecado

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Sacramento del teleperdón.

Un párroco español ha lanzado una aplicación móvil llamada Confesor Go que permite localizar al cura más próximo al penitente para administrarle la confesión. A partir de ahora cualquier político atormentado por su última mentira no tendrá que esperar cuatro años a ser indultado por las urnas, sino que podrá aliviar su conciencia citándose con un sacerdote en un parque o una plaza, o a la salida misma del lupanar o del Parlamento, por mencionar las dos sedes tradicionales del pecado.

Confesor Go ha superado ya las 4.300 descargas y su desarrollador, el padre Latorre, espera que pronto se internacionalice su uso, que para eso católico quiere decir universal y en todas partes se peca con análoga fruición. Se deduce que los emprendedores ya no se conforman con comerse este mundo sino que aspiran a explotar el más allá con un Über no de cuerpos sino de espíritus que habría enloquecido a Gógol, cuyo personaje más famoso viaja por la estepa rusa en su troika comprando almas muertas. Confesor Go es el reverso luminoso de Tinder: en la era digital uno se empecata y se limpia por internet.

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9 diciembre, 2016 · 11:20

¿Quién teme a Trump?

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Populismo yanqui.

Alguien que conoce a alguien que almorzó con Trump me contó esta semana el desconcierto privado con que el propio candidato asiste a la disparatada espiral de su éxito. A Trump, un mega-Pocero, le empieza a inquietar la victoria, cuando tanto le divertía esta campaña perpetua que de paso relanza la marca del emporio: la genuina razón de su entrada en política. En Europa, el éxito hay que esconderlo; en España, directamente, se recomienda vestir de arpillera y rogar al público perdón antes de regresar al chalet a hurtadillas. Pero en un país que adora a los triunfadores cuanto más alardean de su triunfo -porque cualquier caso práctico que prolongue la vigencia del sueño americano es recibido con esperanza y no con envidia-, que un supercuñado con posibles fuera catapultado a la disputa verosímil por la Casa Blanca sólo dependía ya de tres condiciones objetivas.

La primera es política. Trump se alza con la nominación porque sus rivales republicanos eran sencillamente peores que él. Rubio carecía de discurso y Cruz era un telepredicador de Salem a cuyo lado Trump parecía Tocqueville. Por no hablar del hartazgo respecto de la dinastía Bush.

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16 mayo, 2016 · 12:50

¡Qué escándalo, un Papa cristiano!

Estaba uno en San Pedro cuando el humo blanco emergió de la santa chimenea la tarde del pasado 13 de marzo. Llovía mientras la plaza ya oscura se iba abarrotando, y cuando el protodiácono anunció en latín a Bergoglio todos pensamos que era un italiano, incluidos los italianos. Pero aquel hombre era argentino y jesuita, y está ejerciendo de ambas condiciones como nadie se podía imaginar.

Ser argentino es tener viveza y ser jesuita es disposición al debate. Los jesuitas han sido capaces de morir martirizados evangelizando a los indios guaraníes y a los samuráis del Japón, coronar el corpus teológico con las sutilezas que configuraron el cerebro de James Joyce, manejar la política imperial de Europa, ser disueltos por pánico a la permeabilidad de la inteligencia o de la radicalidad evangélica de sus predicadores y pasarse a la empanada guevariana de la teología de la liberación. Por todo ello se merecen respeto. También por predicar con idéntica capacidad persuasiva la pobreza franciscana y la exuberancia que irradia en cascada el altar del San Ignacio en el Gesú, todo mármol, oro, plata, gemas, lapislázuli y gloria mineral en definitiva. Los jesuitas patrocinaron la invención de la arquitectura barroca, que es el cielo en la tierra.

Pero no teniendo a Bernini para recrear el cielo en la tierra, el Papa Francisco ha optado con argentina viveza y escándalo jesuita por acercar la tierra al Cielo. Oscar Wilde escribió que el cristianismo era la religión verdadera y que por eso era una lástima que después de Cristo se hubieran extinguido los cristianos, a excepción de uno: San Francisco de Asís. La revolución franciscana sólo fue una de las muchas que de siglo en siglo sacuden el aburguesamiento de la religión organizada –burocratizada– para devolverla a la originalidad práctica del Evangelio, documento que para Gandhi seguía inédito en buena medida, sin duda por lo arduo de su aplicación. El Papa Francisco quiere volver a hacerlo, y en su valiente afán está devolviendo el liderazgo moral del planeta al Vaticano, después de quedar acreditado que al papa negro, Obama, le van más los drones que las oraciones.

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23 septiembre, 2013 · 16:13

Giulio Andreotti: el obispo isósceles

Giulio Andreotti, il Divo que llena la escena de la política italiana desde la posguerra hasta ese guadianesco avatar de sí mismo que es Berlusconi, fue en todo caso un caballero, por lo que decidió ceder el paso postrero a Margaret Thatcher para que la Dama de Hierro fuera la primera de los dos en llamar a las puertas del cielo. Ahora don Giulio, que como político de longevidad mitológica llamó a todas las puertas incluidas las del infierno, habrá de armarse de paciencia ante la aldaba celestial. “No tengo vicios menores”, confesó él mismo, porque tenía el único que los engloba a todos: el poder, el poder en estado puro, sin condicionantes onerosos por culpa de los malditos principios, ese poder que sólo desgasta a los que no lo tienen, como dejó esculpido en cita memorable.

Andreotti fue el inveterado líder de una cosa que llaman Democracia Cristiana, sintagma inconciliable que a Unamuno, si no me falla la memoria, le suscitó una analogía genial: “Decir democracia cristiana es como decir obispo isósceles”. Y así es, porque el cristianismo es una respuesta unívoca a la búsqueda de la Verdad, mientras que la democracia no es más que un concierto aritmético de opiniones coyunturales. Y aunque todo partido democrático reproduce en la práctica un funcionamiento tan jerarquizado como el de la Iglesia, un político con convicciones demasiado definidas se revela pronto una rémora para el mercadeo partitocrático. En términos radicales o se es cristiano, o se es demócrata. El propio Andreotti –y en esto no hacía sino preconizar el comportamiento de las futuras derechas europeas, que equivale al presente relativista de nuestra época y país- no perdió demasiado tiempo tratando de justificar la ideología de su partido, y si a alguno se le ocurría pedirle un poquito de coherencia no tenía empacho en invocar las mismísimas Escrituras como fuente de su pragmatismo: “Lo leímos en los Evangelios: cuando a Jesucristo se le preguntaba qué es la verdad, nunca respondía”. Uno de sus más brillantes fustigadores, el inmortal Indro Montanelli, resumía plásticamente la inspiración maquiavélica de su proceder político: “De Gasperi y Andreotti iban siempre juntos a misa; De Gasperi para hablar con Dios y Andreotti para hablar con los curas”. Que a Dios no se le pueden hacer ofertas irrechazables. Y sin embargo, rara vez a lo largo de su vida faltó a misa de siete de la mañana. Algo tendría pactado con Él; quizá la gratitud por salir adelante como hijo huérfano de familia modesta en la Italia devastada por la guerra.

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7 mayo, 2013 · 12:57