Archivo de la etiqueta: Rajoy at work

Qué fue de la renovación en el PP

2016041019313919371.jpg

El abuelo, los hijos, los nietos.

Si las elecciones de diciembre se plantearon en buena medida como la lucha generacional entre el viejo bipartidismo y los dos partidos emergentes, la presente campaña discurre por los cauces clásicos de la ideología machadiana, según la cual una de las dos españas ha de helarnos el corazón, aunque sea junio. De ello tiene mucha culpa el vertiginoso envejecimiento de Podemos y Ciudadanos, cuya frescura se escurre por el sumidero de la sobreexposición mediática y acusa la frustración por el bloqueo institucional en que consistió la XI legislatura.

El desprestigio de la nueva política parece relajar aquellas exigencias de renovación en el PP que hasta hace no mucho copaban la opinión pública. Lógico: si el discurso de los demás envejece, la imagen de Mariano Rajoy no es que rejuvenezca (por mucho merengue que se aplique al himno) pero ya no canta tanto como antes. Sin embargo, el comprensible cierre de filas hasta el 26-J no significa que la necesidad de una renovación haya quedado definitivamente sofocada.

«Mi experiencia es que el trabajo conjunto entre generaciones distintas ha ayudado a cambiar puntos de vista de unos y otros», explica Andrea Levy, que junto con sus tres compañeros cumple un año en la directiva nacional. «Nosotros quisimos hacer ver al presidente la necesidad de introducir un discurso más social y de multiplicar la presencia en los medios, y creo que en buena medida el presidente nos ha hecho caso. Se hace más calle y menos mitin, y el partido exhibe mayor desenfado mediático». A cambio, se benefician de la experiencia. Levy reconoce cierto desconcierto en la noche electoral de diciembre: no sabía qué iba a pasar. «Rajoy nos reunió y nos explicó su escenario, razonándolo con datos. Y se ha cumplido punto por punto. Eso tranquiliza».

¿Suponen Levy, Casado, Maillo y Maroto una renovación real del partido o aportan, como afirman numerosos analistas, un mero barniz de juventud sobre una maquinaria anquilosada? «El presidente sí confía en nosotros. Tampoco hemos cometido ningún error garrafal en este año como para que deje de hacerlo. Él no quiere que nos mimeticemos con lo que había, sino que espera que propongamos formas distintas de hacer», comenta Levy. Darle una vuelta a las formas sin cambiar el fondo: esto es lo que les pidió Jorge Moragas, quien a menudo ejerce de correa de transmisión entre los vicesecretarios y Moncloa, y es considerado casi un vicesecretario más, sobre todo en la gestión de temas sectoriales. ¿Envidias? «Toda novedad crea una cierta alteración, pero más que enfrentamientos yo hablaría de fricciones. Nosotros no estamos en la lucha por la sucesión», zanja la vicesecretaria de Estudios.

Leer más…

Reportaje de escritores que escriben sobre escritores que amaron el fútbol, en donde a uno le tocó Fontanarrosa

Deja un comentario

19 junio, 2016 · 13:32

La dieta de la alcachofa

campana-Rajoy-alcachofas-Sanchez-espetos_926319193_107547628_667x375

Un hombre feliz.

Parece que a los españoles no les emociona que a don Mariano le emocione un campo de alcachofas. En cambio debería emocionarles la carta a sus padres de una bióloga molecular cuya pupila desaguaba orinocos al cierre de cada capítulo de Espinete, lo cual no le impide integrar la generación más preparada de la historia, lo cual no le impide votar a Unidos Podemos. Desde luego cada quien se emociona con lo que puede, pero entre las moléculas populistas y las alcachofas tudelanas uno considera más noble conmoverse ante las segundas. La química sentimental del gabinete del doctor Iglesias de momento ha deparado un revival de Llach y un documental de Aranoa, mientras que la agricultura mediterránea inspiró las Geórgicas de Virgilio y las odas al beatus ille de Fray Luis, a quien sin sospecharlo cita don Mariano cuando confiesa: ‘Ya me gustaría a mí vivir en el campo’. Para combatir el sobrepeso telecrático don Mariano nos propone la dieta de la alcachofa.

La diferencia entre la emoción podémica y la emoción marianista es que la primera está sostenida por la expectativa y la segunda se apoya en la realidad. En Rajoy habita ese instinto materialista de la provincia que desconfía de los ideales abstractos. Algo se ablanda dentro de él cuando acaricia la tierna cabeza de una alcachofa española que terminará en la boca de un comensal neoyorquino, viaje fabuloso que la globalización ha despojado de misterio. La bióloga podemita, en cambio, cuando sale del laboratorio se entrega a platonismos tan vagos como ‘valores’, ‘principios’, ‘ola de cambio’, ‘ilusión’ y un improbable sorpasso que la ‘I+D+i’ le va a infligir a ‘la juerga’ en España. Semejante fe en la política revela una simpleza dramática como la que ha descubierto Richard Ford en los votantes de Trump: ‘Intentaría hacer sus vidas más llevaderas, si pudiera. Les falta el consuelo de la imaginación. Y las novelas pueden aportar eso’. Claro que pueden: un adulto es precisamente alguien que distingue una novela de un programa electoral.

Leer más…

Los cuatro machos alfa de la literatura mundial -Pynchon, McCarthy, Roth, DeLillo- a examen en el Parnasillo de COPE

Deja un comentario

17 junio, 2016 · 16:35

Y don Mariano llegó al fútbol

mariano-rajoy-pedro-sanchez-pablo-iglesias-albert-rivera-plato-del-debate-cuatro-1465851111888

«Ya me habéis jodido el Italia-Bélgica».

Aunque del debate dependía el reposo eterno de los huesos de Pericles, apetecía pasarse al Italia-Bélgica por aquello que exclamó Aleixandre una mañana nevada: «¡Qué gran día para escribir un poema al verano!». Porque la poesía, como la política española, es una invitación a la melancolía.

El debate presentaba una novedad clamorosa: se llama Mariano Rajoy, un político no demasiado joven pero con un prometedor recorrido en televisión. Apareció en plató con las manos detrás de la espalda y oteó el horizonte, buscando niños. Cuando descubrió que en su lugar había tres periodistas, solicitó a los presentes que hiciesen el favor de respetar la lista más votada, de modo que llegáramos todos a tiempo de ver la repetición de los goles. Llevaba corbata, claro, al igual que Sánchez y a diferencia de Iglesias y Rivera, que reivindicaban una de las esencias más consistentes de la nueva política: el sincorbatismo.

Enseguida se metieron en la harina del empleo, y Rajoy trazó la autocomplaciente parábola que va de la herencia zapateril a la recuperación marianista. Fue una intervención más sólida de lo que quizá sus adversarios esperaban, y se desató entonces el previsto tres contra uno; previsto en primer lugar por Rajoy, a quien el Congreso le tiene bastante habituado a la acometida plural. Por momentos recordó al orador irónico de la tribuna en la réplica: fue eficaz desmontando el catastrofismo y hasta se revolvió cuando le echaron encima la corrupción. Se crearon ejes de animadversión reveladores: el de Rivera contra Iglesias, el de Iglesias contra Rajoy -a Sánchez solo le dirigía murmullos bíblicos-, el de Sánchez contra la pinza.

Leer más…

Deja un comentario

14 junio, 2016 · 11:40

Iglesias, jinete de las contradicciones

14487371303747.jpg

Caricatura de Ricardo.

Algún desván de Vallecas guarda el retrato del hombre que será Pablo Iglesias dentro de muchos años, cuando -como le advirtió Zapatero– la democracia le haya cambiado más de lo que él haya podido cambiar la democracia. Bastante más. Lo único que espera Iglesias para entonces es que, al descorrer el velo que protege el lienzo de miradas inocentes, no aparezca la imagen bronceada y próspera de Felipe González. Ese «decrépito moral», en palabras del propio aspirante a líder hegemónico de la izquierda española. Un Dorian Gray cuyo carisma de luchador por el cambio, piensa Iglesias, ha quedado desfigurado en el mareo suntuoso de las puertas giratorias.

Y sin embargo los analistas, en su previsible ejercicio de analogía, no se cansan de señalar las semejanzas que Albert Rivera pretende con Suárez y que Pablo Iglesias guarda con Felipe. A quien sus padres votaron con el entusiasmo del 82: el mismo que desmiente que le bautizaran por casualidad con el nombre del fundador del PSOE, ya que el apellido lo tenía. La historia es tan recurrente como los lemas electorales, y el líder de Podemos no sólo desea abanderar el cambio en España, sino que cambia él mismo por el camino. De blandir el mazo con que hacer saltar el «candado de la Constitución» a pedir un retorno al «espíritu de la Transición»; de la Unión de Juventudes Comunistas de España, donde entró con 14 años,a la socialdemocracia fetén que ahora reivindica ante empresarios en Sitges, tras la imposible defensa del desastre bolivariano; de los escraches que cimentaron su predicamento en la izquierda callejera al cuero brillante del escaño que ocupó tras el 20-D; de la ruptura a la reforma; del asalto al timbre. De Juego de Tronos a Borgen (o Ikea). Y sobre todo: de echar pestes contra los viejos camaradas de las banderas rojas a fagocitarlos a besos para alumbrar el sorpasso al PSOE bajo la santa bendición del patriarca Anguita. Mutaciones meteóricas que va registrando el cuadro simbólico del desván vallecano.

Leer más…

Deja un comentario

11 junio, 2016 · 15:27

Catalonia way

urna_votacionesx

Urna ¿funeraria?

Cuando Wert habló de españolizar a los niños catalanes no sospechaba que acabaría pasando lo contrario. Que España, representada en el Congreso, devenido guardería, se catalanizaría hasta lo ingobernable. Porque el 26-J Podemos será segundo, forzando la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy, quien tras leoninas negociaciones logrará el apoyo de C’s. Leeremos entonces admirativas glosas a la inteligencia paciente de don Mariano, que ganó resistiendo y venció dividiendo. Sin embargo, al cabo de pocas semanas la legislatura se revelará inviable, porque la mayoría parlamentaria de izquierdas bloqueará cualquier proyecto de ley de cuño popular, al margen de su pertinencia y a mayor gloria del sectarismo carpetovetónico. Y entonces Rajoy, como antaño Mas y pronto Puigdemont, se verá obligado a convocar elecciones. Y se convocarán varias más porque nadie consentirá que la razón se imponga a la ambición.

Leer más…

Deja un comentario

7 junio, 2016 · 11:35

Las odiosas Once

IMG_5984

Un Lannister en el palco de San Siro, tras la decapitación.

Resulta tentador buscarle un significado a la vida. El Atlético encontró el de la suya y convierte la disputa de un torneo en una epifanía. Nadie le encomendó la misión de redimir a los hombres de buena voluntad a través del fútbol, pero así es como su parroquia afronta cada partido. Lo prueba el tifo que desplegó en la grada de San Siro: «Tus valores nos hacen creer». Es el equipo de las personas piadosas, de los mensajeros de la paz.

El Real Madrid, en cambio, carece de ambiciones trascendentes: es un club existencialista que piensa que ha sido arrojado a este mundo para ganar Copas de Europa. Y a ello se aplica con insidiosa regularidad, partiendo de un lema lacónico: «Hasta el final, ¡vamos Real!». Son los funcionarios de la victoria, y dejan los lujos morales para quien se los pueda permitir. Por qué filosofar si puedes ganar títulos. Para qué reivindicar la justicia si puedes imponer tu dictadura. Por eso las once orejonas del Madrid pasan por ser odiosas al juicio de los moralistas. Que no tienen nada que ver con los madridistas.

Lo curioso es que Madrid y Atleti contradicen en la práctica sus respectivos discursos. El fundador del orgullo colchonero, Luis Aragonés, nunca pidió vocaciones sacerdotales sino solo ganar, ganar y volver a ganar, aunque a la hora de la verdad no lo logra. En tanto que el Madrid ha perdido mucho el tiempo reivindicando señoríos mientras ganaba copas a traición.

Pensé en todo esto cuando descubrí a Jaime Lannister en la sala vip del estadio al filo de las ocho de la tarde. Cuando vi que su intérprete, Nikolaj Coster-Waldau, conservaba ambas manos -una cerveza en cada una- me extrañé, pero no avisé a nadie por no incurrir en spoiler. En lugar de eso recordé el mensaje que me mandó un amigo madridista en mayo de 2014, recién terminada la final de Lisboa: «¡Somos los Lannister!». Y en efecto, el Madrid siempre paga sus deudas. Lo que ocurre es que las tiene contraídas únicamente con su propia historia. Y no ha nacido todavía el matarreyes que lo apee del trono europeo.

Había muchas otras manos ilustres sosteniendo cerveza o champán en la sala vip de San Siro. Al principio impresiona coincidir en la captura del canapé con Lothar Matthäus, con Fabio Capello, incluso con Pier Luigi Collina; pero a todo se acostumbra uno, al champán con bastante rapidez. Ya el autobús que en la tarde del sábado nos conducía al estadio era todo un poema: te encajonan entre Richard Gere, Pedja Mijatovic, Raúl González y Plácido Domingo y tienes que arreglártelas. Pedja me explicó que a dos horas de la final la tensión echa raíces en los nervios del jugador. Más en un año donde no se ha ganado otro título que pueda justificar la temporada. «Me recuerda mucho al 98», se ponía unamuniano el héroe de la Séptima. El más aclamado por los aficionados que esperaban a la comitiva blanca a la puerta de San Siro fue sin embargo Raúl, al que acompañaba su mujer, que grababa con el móvil las manifestaciones del fervor popular. Gritar «¡Raúl, Raúl!» antes de una final de Champions tiene mucho de impetración.

Leer más…

Deja un comentario

30 mayo, 2016 · 11:18

Por qué un pobre vota al PP

Elecciones_20D-PP-moteros-video_electoral_MDSVID20151216_0133_38

El vídeo pepero de los moteros: el primero bueno que hicieron.

Nuestra democracia ha devenido un tapete del que participan crédulos y tahúres, pero donde nadie es inocente. No lo son los jefes de partido, pero tampoco sus votantes. Un análisis honesto de lo que el ‘Times’ llama «circo» no prescindirá de un reparto de culpas bien calibradas. Es el ejercicio que plantea ‘El jurado’, adaptación teatral de ‘Doce hombres sin piedad’ que se representa en Matadero. Nueve ciudadanos que cubren los estereotipos más cuajados de nuestra sociedad se reúnen para emitir un veredicto sobre la culpabilidad de un presidente autonómico procesado por corrupción. En el cohecho propio que se le imputa adivinamos muchos titulares de estos años, combustible de la indignación que prendió plazas, alumbró siglas y dinamitó el turnismo bipartidista. O eso parecía. Porque esta revolución comprada en los chinos -la nueva política ha durado lo que tardó el primer alcalde del cambio en colocar a su cuñada- ha completado su giro hasta devolver el juego a la casilla original: con Rajoy como aspirante más sólido a presidente.

Las mesas de la tele diseccionan amorosamente las corruptelas del PP, con los tertulianos más incisivos en el papel de anatomistas de Rembrandt. Cuando a mí me sientan a una de esas mesas, últimamente me da por pensar -una vez incluso lo pensé en voz alta- por qué el contribuyente, pese a tanta podredumbre a la vista, sigue prefiriendo la corrupción al populismo. Pues es un hecho que lo hacen, y la demoscopia dice que lo harán más. Esta pregunta se redondea con otra, ya clásica: ¿por qué hay obreros que votan a la derecha? Perplejidad que a su vez se resuelve con ese gracejo divino que brinda la superioridad moral: eres más tonto que un obrero de derechas. Y sin embargo no hay siete millones y medio de pijos en España. Y si los hay, buena parte vota a la izquierda, sea por tradición sentimental o por esnobismo, como quien causa sensación en el ‘lounge-bar’ con su foulard morado. Se entiende mejor el voto de los ricos a Podemos -un rico se habitúa con mayor facilidad al despilfarro- que el descubrimiento de que un pobre vota al PP. Y no basta, a estas alturas, con esgrimir el catecismo comunista, epígrafe cuatro versículo siete, según el cual les falta formación para despertar su conciencia de clase, porque los vídeos catequéticos de Hispan TV se ofrecen gratis por YouTube.

Leer más…

Literatura y política en el Parnasillo: el bloqueo actual a ojos de Cervantes y Shakespeare

Deja un comentario

29 abril, 2016 · 10:56

Otro quijote en Moncloa

14611736384290

Quijotillo (izquierda) contra molino (derecha).

Hasta don Mariano, retén analógico de Eurasia, ha terminado por rendirse a la política de gestos, cuyo último estadio consiste en el obsequio con mensaje, preferiblemente un libro o una serie de televisión. Tampoco debemos ser muy críticos con su modernidad súbita: si Isabel II, que ha cumplido 90 años y supera el medio siglo de reinado, puede inaugurar unas Olimpiadas tirándose en paracaídas desde el avión de James Bond, no creemos que la Civilización se tambalee por el hecho de que Rajoy reciba al presidente Puigdemont con el correspondiente regalo para la galería. Y menos si el libro elegido es el Quijote, ya saben, ese título polvoriento que dio nombre en España a una exitosa marca de membrillos.

Que el volumen escogido no sea la novela completa sino solo la segunda parte es una genialidad que habría merecido culminarse con otra: entregarle el libro, saludar a las cámaras, darse la vuelta y perderse en el interior de La Moncloa dejando al presidente de la Generalitat en el umbral -ese umbral metafórico de la ley que Puigdemont no sabe si traspasar-, con toda la tarde para sumergirse en tan provechosa lectura. Porque el Quijote II encierra lecciones no mejorables por una conversación protocolaria. Porque el Quijote II escribe entre tantas otras la historia misma del Procés, con su principio demencial y su final cantado de cordura recobrada. Si Alonso el Bueno descubre en esas páginas los límites de su sinrazón al ser derrotado en la playa de Barcelona, la gran quijotada que supone el independentismo catalán retornará a la senda constitucional en cuanto Europa, las urnas, la división interna o el mero desgaste que produce el ridículo desmonten del todo el tinglado de la cansina farsa. Esto es lo que habría querido decirle don Mariano al presidente de la Generalitat si don Mariano conociera la facundia de la nueva política, que no es el caso.

Leer más…

Deja un comentario

21 abril, 2016 · 15:53