Archivo de la etiqueta: madridismo

Milán puede esperar

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A un paso ya.

Un partido entre el City y el Madrid, en plena fiebre de los papeles de Panamá, tiene algo de provocación. Ambas plantillas acumulan obscenidad financiera como para desaconsejar su visionado sin consultar primero a las bases. Venciendo la repulsa que nos inspira ver a niños posando tan cerca de capitalistas depravados a medio vestir, nos sentamos a tolerar el espectáculo con una decepción previa: la baja de Cristiano. Lo suyo no se entiende como no se trate de la más audaz de las estrategias publicitarias, que es la del dandi: si un esnob es el primero al que invitan a una fiesta, un dandi es el primero al que echan de ella. El dandismo de Cristiano, en todo caso, nos parece una temeridad, aunque ejerció sobre Benzema tal magnetismo que el francés se quedó también fuera en el descanso. La facturación sobre el césped se volvía más terrenal: así se gana el cariño del Vaticano, que el color ya lo tenemos.

A cambio estaba Casemiro, que en el medio del campo protagoniza relaciones reguladas por el uso alternativo del derecho, cuando no por el tablón de anuncios del Patio Maravillas. Modric y Kroos se quedaron vigilando las esquinas de la zona para cegar las salidas celestes (esto parece un verso de Blake), normalmente ejecutadas por De Bruyne, un albino endemoniado como los que persiguen en las tribus africanas. Tanta preocupación defensiva alejaba a los mediapuntas de la zona erógena y reducía el partido a un tacticismo mineral, una prudencia marianista: todo se fiaba a la vuelta. Solo Lucas representaba a veces lo imprevisible; al contrario que Ramos, de quien esperamos una falta a destiempo como de mayo la alergia y de junio los escotes.

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27 abril, 2016 · 11:39

ZZ contra los narcisos

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«Cómo no voy a sonreír, si soy Zidane».

Le preguntan a Zidane si se arrepiente de poner tanto a Cristiano, o de reservarle tan poco. Ante semejante cuestionamiento de su criterio cualquier entrenador -qué tiempos aquellos en que sólo lo hacía Mourinho– como mínimo habría inquirido por el nombre del periodista, estilo Pablemos, pero Zidane va y contesta que sí, que qué quieres que te diga. Si el riesgo comporta que se te lesione el crack pues me arrepiento a veces, claro.

Se lo vuelven a preguntar en la siguiente rueda de prensa, que si está seguro. Y responde que Cristiano es intocable porque sus números cantan, pero que debe dar banquillo a su ansia estadística porque si fuera por el interesado jugaría desde el hospital. Entre medias ha mediado un razonamiento impecable y un parte médico de leve sobrecarga. Matemáticas, razón, ciencia: he aquí las armas limpias con las que Zidane se enfrenta a la prensa.

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23 abril, 2016 · 13:47

Conversación en la catedral

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Obra cumplida.

El martes descubrimos obreros millonarios con ganas de trabajar. Se levantaron cantando porque iban a trabajar. Esos obreros no sirvieron: trabajaron. Con un honor absoluto, como le corresponde al honor. No había que hacerlo bien por el sueldo, o por el jefe. Ni siquiera por la afición. Su obra tenía que estar bien hecha por sí misma, por su mismo ser. Edificaron su partido como un acontecimiento sagrado: como se levantaron las catedrales.

El trabajo del Madrid en Europa consiste periódicamente en remontar, y esa tarifa caprichosa que pone por peaje la leyenda se pagó en los primeros 20 minutos. Fue Cristiano el capataz de la obra, amasada con el cemento palpitante de su voluntad, el grito nietzscheano del superhombre. Benzema, en su acostumbrado papel europeo -¡los papeles de Benzema!- abría vías de investigación cayendo a banda. Draxler abandonó cualquier parangón y el partido por vergüenza torera mientras Keylor guardaba las llaves del monumento con celo patrimonial.

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15 abril, 2016 · 18:40

Morir en supermartes

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Plegaria.

Era fácil poner a Carvajal en lugar de Danilo, pero más fácil es decirlo ahora. Si al pobre Danilo le dijeran ahora que sale con Forlán y Messi en los papeles de Panamá le harían un favor, del mismo modo que cuando nos pillamos los testículos con la tapa del piano se nos olvida la jaqueca. Pero Danilo no fue el problema, o no solo; ni el penalti de Casemiro inventado por el árbitro fue el problema, o no solo. Al equipo se le apagó la luz por completo, se pasó 80 minutos a oscuras, y eso es un fraude en una plantilla constelada de estrellas, que se supone que son caras porque, como su nombre indica, incorporan su propio generador de energía -de ocasiones- por si los cortes eléctricos. Benzema falló la suya y luego se borró de mala manera. Y Marcelo no fue el pirómano del Camp Nou sino un hombre neolítico chasqueando pedernales.

No es preciso recurrir a invocaciones paranormales para creer. Meterle tres o cuatro al Wolfsburgo en el Bernabéu, con esa grada hirviendo como solo es capaz de caldearla un imposible europeo -el europeísmo apasionado del Madrid debería premiarse en Bruselas, frente a tanto euroescéptico-, no es ningún disparate. El primer gol hará temblar la fábrica de Volkswagen; el segundo abrirá directamente la espita de los gases tóxicos. Y luego, a usar la cabeza para algo distinto que maquinar renovaciones. Por ejemplo, para secar a ese Draxler.

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9 abril, 2016 · 20:04

Gracias, Johan

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Del réquiem a la boda.

Cruyff enseñó al Barça a dejar de quejarse, a renunciar a la épica del derrotado para construir otra más dulce aún: la del ganador. Anoche, en el día de su clásico, cuando hasta Florentino se tiró todo el minuto 14 aplaudiendo en pie la memoria del genio ido -una de esas liturgias bobas que preceptúan los clérigos de la religión deportiva-, el espíritu de Cruyff susurró al Barça su última lección: malo es ir de víctima de tanto perder, pero peor es ir de verdugo y perder igual. Porque el Real Madrid de Zidane fue víctima y verdugo al mismo tiempo.

Señorío es ganar con 10 y atracado a punta de silbato. El árbitro, preocupado por la deriva del Procés, trató en todo momento de no incurrir en provocaciones, evitando pitar fueras de juego a los delanteros del Barcelona y anulando goles legales a los del Madrid; pero acabó malogrando su escrúpulo constitucional dando por bueno un tardío gol de Cristiano que le daba la victoria al equipo de la capital. Dejé pasar unos segundos antes de celebrarlo. Me restregaba los ojos. No daba crédito: el gol seguía en el marcador, desafiante. Así es como se fabrican independentistas. Esta semana habrá que convocar a Margallo y a Junqueras en algún aeropuerto neutral para pacificar la previsible crisis diplomática.

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3 abril, 2016 · 15:23

Zidane contra Zidane

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«Presi, déjame hacer».

El primer reto de un entrenador es la credibilidad, pero a Zidane le acompaña una leyenda. Y no una de esas leyendas vulgares que uno se crea inventando amantes para durar en las tertulias, sino una forjada a base de ganar Mundiales y Eurocopas y meter voleas en finales de Champions. Si Zidane no hubiera cometido todas esas enormidades, ahora sería más creíble como entrenador. Pero las cometió: hay vídeos en YouTube que enseñan goles aparatosos y copas alzadas bajo lluvias de confeti. Así que hoy Zidane debe dedicar todas sus energías a desmontar el pedestal de su leyenda como jugador para poder ganar el cimiento de su autoridad como técnico.

Zidane ha identificado el camino para ser visto más como entrenador que como futbolista: marcar distancias con su divina plantilla. Allanar las desigualdades bajo la única ley de la meritocracia. Si Lucas Vázquez se aplica más que James, juega Lucas. Si Casemiro suple con compromiso la negativa a defender de los mediapuntas, juega Casemiro. Si hay que cambiar a Cristiano en el 80 -no mucho antes, que la falta de tacto mató a Benítez-, se le cambia. Son decisiones tan razonables que su misma pertinencia se impone al aficionado sensato, y en consecuencia a la propia directiva. A Florentino le disgusta que el James de los 80 millones no esté en forma, pero es de lerdos o biliosos creer que el presidente antepone una titularidad pintona al rendimiento del equipo. Por disparatado que parezca, a Flóper le gusta ganar títulos aparte de dinero. Si es que hay diferencia.

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13 marzo, 2016 · 13:21

Florentinismo de centro

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«¿Usted en un córner tendrá ventaja, ¿no?»

El florentinismo es una ciencia tan apasionante como el marianismo que, como él, versa sobre el poder y su conservación, asunto de casi todos los buenos relatos antes y después de El Padrino. España, país inclinado a la bipolaridad, puede dividirse hoy entre florentinistas y antiflorentinistas. Y los medios reflejan ese frentismo que a la postre atenaza al aficionado no alineado en una pinza de encono como la que ha colgado a Pedro Sánchez del tendedero de la ropa tibia. Sin embargo, como en el Parlamento, existe una posición intermedia que aspira a tender puentes entre los defensores graníticos del florentinismo y sus detractores más ciegos. Podríamos llamarlo florentinismo de centro. Esta posición, verdaderamente revolucionaria en un país capaz de trasnochar solo para odiarse y de madrugar para retomar el odio en el punto exacto donde lo dejó, aplaude los éxitos económicos y reputacionales que Florentino Pérez devolvió al Real Madrid salido de Mendoza, Sanz, Boluda, Martín y Calderón; y al mismo tiempo propugna una estructura similar a la que tanto rendimiento está sacando de la sección de baloncesto.

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5 marzo, 2016 · 18:01

Zidane no es Di Caprio

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La opinión pública y el florentinismo, tras el derbi.

No se puede acusar al Real Madrid de faltar a su representación del momento nacional. El equipo está como el país, duerme siestas largas de las que la ciudadanía despierta bruscamente para entregarse al vértigo derogatorio: que se vayan los que están, que quien venga es lo de menos. Eso ya lo hemos vivido, como diría el renacido Di Caprio.

El derbi escenificó el choque entre un equipo que no quería jugar y otro que no podía. Empezó el Madrid con la empanada de las sobremesas heroicas, ofreciendo una sucesión de pérdidas y bostezos, fútbol menopáusico, solidariamente correspondido en el error por los chicos de Simeone: gran coalición de la cagada. Pero al Atlético no se le exige construir, y aunque su idea numantina la plasmó a la perfección, y eso requiere esfuerzo, alguien tiene que decir que destruir siempre es más fácil y menos valioso. Un coñazo gordo que se vuelve estrategia fina en las voces oportunas de los carroñeros de guardia. A lo del Atleti ni siquiera se le puede llamar el autobús, porque los autobuses como mínimo tienen dos entradas y el Madrid no encontró ninguna, más allá de los cabezazos suspensorios de Cristiano y unos pocos remates de juanete. Con decir que Danilo fue el mejor atacante blanco se dicen muchas cosas, todas melancólicas.

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28 febrero, 2016 · 18:00