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Comprender al madridista

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Aborígenes madridistas avistados en España.

La madridista es una identidad en conflicto, casi clandestina, que conviene difundir aprovechando el día del Dormund. Tratar de comprender el fenómeno del madridismo es una causa minoritaria pero tan noble como la que ha abrazado Mary Beard explicando Roma a sus contemporáneos. Madridistas hay bastantes, pero aficionados al fútbol que entiendan al madridista ya hay menos. Al buen aficionado al fútbol no le cabe en la cabeza que el madridismo celebre el set al Betis o el 5-1 al Legia. No se explica qué puede haber de meritorio en tales victorias y condena el júbilo merengón como si celebrara con cada gol la muerte de un niño sirio.

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23 octubre, 2016 · 10:57

Fenomenología de Kroos

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La voz de la razón.

Una de las mejores ideas que puede tener un club de fútbol es darle el centro del campo a un alemán. Que esa idea se le haya ocurrido al Real Madrid, cuyo centro del campo se conoce como Macondo en los ámbitos académicos, es algo que todos los madridistas celebramos al hilo de la renovación de Toni Kroos. Desde el momento en que salió vestido de blanco, ocupó la zona y dio su primer pase correcto, Kroos se convirtió en un anuncio de coches, en un sinónimo de fiabilidad germánica. Husserl era capaz de pasarse seis horas seguidas pensando, sin hacer nada más salvo afilar una navajita que al final quedó reducida al mango; Kroos podría tirarse seis horas pasando, que es su forma de pensar, y nosotros mirándole esperando el fallo. Pero Kroos no falla, y en vez de una navaja gasta cartabón de geómetra. Incluso mete de vez en cuando uno de esos goles trigonométricos cuyas parábolas perfectas se usan luego en las pizarras escolares de Prusia.

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16 octubre, 2016 · 19:52

El bíblico Ramos

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Ramos entrenándonos la paciencia.

Si tuviéramos que comparar a Sergio Ramos con un personaje bíblico -un ejercicio que ya podrían prescribir los influencers-, no elegiríamos a Sansón, y ni siquiera a Dalila, sino al santo Job. Para los niños que no conocen la Biblia porque la Play no les deja tiempo, apuntaremos que el Libro de Job es un texto consolatorio que a juicio de Bloom toca la cumbre de la literatura sapiencial, es decir, ayuda a superar la muerte de un ser querido o la perspectiva de la propia. O una cagada bíblica de Ramos.

Job es un hombre próspero, sano, padre de una familia feliz y piadoso. Pero Satanás, que para eso es Satanás, malmete a Yahvé: «Ese Job te adora porque lo has colmado de bienes; arrebátaselos y verás lo que sale de su corazón». Y Yahvé, para probar la fidelidad de su siervo -en lenguaje futbolero diríamos «para cerrar bocas»-, accede. Deja que Satanás lo putee con vesania veterotestamentaria. Le manda enfermedades tan humillantes como la sarna, acicatea a la tribu de los caldeos para que ataque a sus criados, extiende la muerte entre sus rebaños, lo sume en la miseria, instiga el repudio de su mujer y por último, apurando el cáliz de la máxima amargura, lo somete a la muerte de sus hijos. Sin embargo, ni siquiera entonces Job maldice al cielo, sino que desde el lecho del dolor absoluto murmura: «El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó. ¡Bendito sea el nombre del Señor». Impresionante. Ese día Satanás debió presentar su dimisión.

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El bueno (Javier Fernández), la fea (Carmena) y la mala (Forcadell) en La Linterna de COPE

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9 octubre, 2016 · 11:24

El síndrome de David

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Quique Setién, visto por Bernini.

Va quedando claro que Quique Setién es el nuevo Paco Jémez del sanedrín futbolero. Su sucesor en el trono del Buen Fútbol, frente al cual toda victoria de equipos ricos será considerada bastarda, aunque quien venza acredite sangre tan azul como el Real Madrid, o justo por eso. Setién es un entrenador notable, y plantea un juego de posesión tan desinhibido como el de aquel Rayo, lo cual basta para ameritar lo que definiríamos como síndrome de David: su honda tumbará o no al gigante, pero en el relato moral sale siempre ganador.

Sin embargo, los rabinos del toque -el tiquitaca es otra forma de la cábala- olvidan que para que existan los matagigantes deben existir antes los gigantes. Y el Madrid es el más alto de ellos porque está subido encima de una montaña de trofeos, no de estilos.

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Videocomentario en COPE sobre las vascas y gallegas

Nueva entrega (más violenta) de El bueno, el feo y el malo en La Linterna, a partir del minuto 18

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25 septiembre, 2016 · 13:55

Noventa ‘minuti’

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Albert Einstein explicando el espíritu de Juanito.

No sabemos si Einstein era hincha del Madrid, pero podemos demostrar científicamente que el Madrid es el equipo que mejor aplica la teoría de la relatividad. Desde que Einstein vinculó la percepción temporal a la posición en el espacio, los partidos de fútbol en el Bernabéu dejaron de durar los 90 minutos reglamentarios más el descuento y se alargan lo que haga falta hasta que el equipo de casa marque un gol. O dos. Y esto ocurre no por culpa de un árbitro poco preciso, como alegan los resentidos con osadía absolutamente anticientífica, sino en función de las dos variables descritas por la ortodoxia einsteniana: velocidad y gravitación.

La dilatación por velocidad se produce cuando los jugadores del Madrid, viendo que se les escapa el partido en presencia de su afición, se ponen a correr todo lo que no habían corrido durante la hora ya transcurrida. Si eso no basta, Zidane interviene desde fuera mediante cambios de refresco que aceleren la ecuación ganadora. En cuanto a la dilatación temporal por gravitación, esta depende más del talento concreto que algunos futbolistas despliegan sobre el terreno: la fuerza gravitacional de Cristiano o Modric suele ser determinante en estos trances.

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DEBUT de mi nueva sección en La Linterna de COPE: cada viernes a las 22.15 ajustamos las cuentas políticas de la semana en El bueno, el feo y el malo

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18 septiembre, 2016 · 11:55

Pax Zidania

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El yin y el yang.

Confieso que me senté a ver el derbi de Manchester con espíritu olímpico, o sea, creyéndome por encima de la rivalidad Mou–Pep que tanta satisfacción me dio en los días felices de la trinchera. Pero fue verlos saludarse y una pulsión reptiliana que creía extinguida comenzó a moverse desde lo hondo de su cueva primordial. A los 15 minutos ya estaba agarrado a la botella, y para cuando el maldito árbitro pitó el descanso me había partido tres uñas contra el reposabrazos y proyectado un par de denuncias ante el TC.

Mi yo racional diría que Pep impuso su juego el tiempo suficiente para que la reacción honorable y visceral de los de Mou equilibrase el partido. Pero un juicio tan ecuménico palidece frente al apasionamiento que todavía desencadena el choque entre estos dos profetas de nuestra era. Con toda humildad, dejo consignada la involuntaria terquedad de mi mourinhismo, solo aliviada por una simétrica prevalencia del antimourinhismo que ni los comentaristas de Movistar acertaban a reprimir. En alguna capa profunda de la psique colectiva nos seguimos rigiendo por la dialéctica Guardiola-Mourinho, quizá por la misma razón por la que los niños recuerdan mejor los crímenes del Antiguo Testamento que los perdones del Nuevo.

Vayamos con la Pax Zidania, esos 15 partidos consecutivos que el Madrid no ganaba en Liga desde Muñoz. Cristiano salió, recibió y marcó. Y fue sustituido en el 65 por Karim, que aprovechó para entrenar disparos al larguero. ¿Muestra Zidane intenciones de dosificar a CR o solo se preocupa de su lesión? La bolsa de hielo sobre la santa rodilla argüía lo segundo.

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11 septiembre, 2016 · 13:08

El lopeteguismo va a llegar

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«No soy yo, eres tú».

El lopeteguismo es un movimiento que todavía no ha nacido pero que quizá deberíamos ayudar a parir. Antes hemos de reconocernos como uno más entre los millones de españoles en bañador que el pasado julio chasqueó la lengua con desaprobación cuando salió su nombre del cónclave sucesorio del Marqués. ¿Lopetegui? ¿Pero qué ha hecho Lopetegui salvo trabajarse a Villar?, exclamamos todos apresuradamente. Como si hacerse amigo de Villar fuera tan sencillo o tan irrelevante. Y sin embargo don Julen, a la paciencia de acumular trienios en la Federación, añade ya dos méritos extraordinarios por opuestos: hospedar a Casillas en el Oporto y desalojar a Casillas de la Selección.

Ustedes saben que el debate sobre Casillas, esa Casillomaquia que duró lo que una legislatura estándar (2012-2016), no fue sino el preludio del bloqueo institucional que tiene congelado el Parlamento pero ardiendo Twitter. Discutiendo sobre Casillas entrenamos los músculos linguales que necesitábamos para poder pedalear ahora en las tertulias sobre el no de Sánchez y el aguante de Rajoy. La controversia casillil acabó formando un coágulo en la portería de la nación que don Vicente no se atrevió a sajar, pese a haber optado ya por De Gea. Pero en cuanto Lopetegui accedió al cargo apartó a Casillas como quien saca las tropas de Irak. El armisticio dio fruto, los litigantes confesaron su agotamiento y de momento parece que al fin ha estallado la paz, reforzada por la buena impresión que dejó el juego del equipo contra Bélgica. El lopeteguismo, por tanto, va a llegar, lo que en España no significa en absoluto que vaya a durar, sino que engendrará su contrario, el antilopeteguismo, y en esa nueva guerra entretendremos el rato hasta el Mundial de Rusia.

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4 septiembre, 2016 · 13:11

Y París fue una fiesta

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Historia.

Las finales nunca son bonitas ni falta que les hace, porque a menudo son el feudo de la suerte, y ya se sabe que la suerte de la fea la bonita la desea. Francia ponía el músculo negro y Portugal una melancolía mal peinada que todo lo fiaba a su comandante. Payet, que lo sabía, aplicó el manual de las finales feas y taló el muslo de Cristiano, ese que creíamos blindado como los pernos del puente de Brooklyn. Lo que no calculó Payet es que Portugal es la tierra de la saudade, y con su entrada criminal acababa de abastecer al adversario del combustible de la nostalgia: debían ganar por su héroe caído, como aquella final de basket que España ganó sin Gasol y por Gasol.

Francia, sobrada de fuerzas, no supo capitalizar la baja de la estrella lusa. Sí, reincidió en el duelo tribal entre Sissoko y Rui Patrício, pero nunca se mascó el gol con verdadera fatalidad, y el principito permanecía escondido en el lado sombrío de su planeta. En cambio Portugal se ahormó sin CR como tropa de resistencia, aunque no parecía capaz de meter un gol ni jugando hasta la tercera venida de Obama a España.

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