Archivo de la etiqueta: madridismo

La mano invisible de Zidane

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El librillo de Zidane.

Lleva mucha razón Orfeo Suárez cuando advierte que Zidane no persigue un equipo de autor. Zidane es un entrenador sin sello propio, lo cual es un ejemplo de modestia desconcertante en un tiempo en que la filosofía se abarata hasta confundirse con la frase de galleta china. Hoy basta cierta afición a emborronar pizarras y un deje de logorrea porteña para engrosar el panteón del idealismo trascendental, entre Kant y Fichte. El sonriente Zidane no tiene filosofía, y lo reconoce. Pero tiene otra cosa, que también señalaba Orfeo: la coartada de una timidez que distiende tanto un vestuario superpoblado de dioses como una sala de prensa erizada de demonios. Con esa virtud y la plantilla del Real Madrid se puede ganar no una, sino varias copas de Europa.

El contrapunto es una de las reglas más eficaces del arte. A un club convulso por naturaleza y por historia le conviene un entrenador hipotenso, lo que no significa manejable. La autoridad de Zidane ya se ha probado en los casos de Cristiano, James o Isco, y mantiene con Florentino (mayúscula) un equilibrio florentino (minúscula) entre comunicación y autonomía que solo al francés se le permite. Cuando se equivoca no sólo lo reconoce en el micrófono sino a menudo en el descanso. Entonces saca a Lucas Vázquez.

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En el tiroteo semanal de La Linterna de COPE el bueno es Méndez de Vigo, los feos son Margallo y Fernández Díaz y el malo es Ramón Espinar

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6 noviembre, 2016 · 17:24

Líderes por abstención propia

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Cuando está mal, tres goles.

La tarde estaba de abstenciones. El PSOE se abstuvo para investir a Rajoy y el Real Madrid se abstuvo de jugar bien al fútbol para ganar al Alavés: en ocasiones el camino más directo para llegar al liderato es la abstención. El fútbol, nos tememos, no regresará al Madrid hasta que no se cure Luka Modric, pero eso no significa que el líder conceda a los rivales otra salida que el llanto sobre la oportunidad desperdiciada. Llora como Sánchez lo que no supiste defender a domicilio.

No es que Kovacic, cuya frontalidad temeraria delata su origen balcánico, hiciera un mal partido: su talento aflora con cierto nerviosismo, porque jugar sin Casemiro es confiar demasiado el balón a la geometría variable. Para colmo se lesionó Pepe. El equipo se va quedando sin carácter. ¿Un guiño a la era del consenso? A cambio nos queda Isco, que venía jugando bien, aunque sigue sin distinguir entre control y avaricia.

La blandura daliniana de la zaga madridista, culminada por la salida en vendimia de Keylor, propició el gol de Deyverson. El penalti que a continuación establecería el empate fue muy discutido, como a veces en las tertulias discutimos sobre el capitalismo o la democracia representativa, como si existieran alternativas legales. Fue penal y fue gol, y aun marcaría Cristiano el segundo con fortuna. Mientras CR siga siendo ese jugador al que se reprocha marcar solo tres goles para lo que pudo hacer, el madridismo debería conservar la paz de espíritu. Todavía fallaría otro penalti, lo cual no es grave mientras Morata haya salido al campo entretanto. Morata es el vaso comunicante que recibe la pegada perdida de la BBC: lo importante es que nada se derroche. Pero Cristiano quería el triplete y lo encontró, porque quien busca encuentra y quien dimite pierde la titularidad en favor de la gestora.

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30 octubre, 2016 · 11:31

Comprender al madridista

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Aborígenes madridistas avistados en España.

La madridista es una identidad en conflicto, casi clandestina, que conviene difundir aprovechando el día del Dormund. Tratar de comprender el fenómeno del madridismo es una causa minoritaria pero tan noble como la que ha abrazado Mary Beard explicando Roma a sus contemporáneos. Madridistas hay bastantes, pero aficionados al fútbol que entiendan al madridista ya hay menos. Al buen aficionado al fútbol no le cabe en la cabeza que el madridismo celebre el set al Betis o el 5-1 al Legia. No se explica qué puede haber de meritorio en tales victorias y condena el júbilo merengón como si celebrara con cada gol la muerte de un niño sirio.

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23 octubre, 2016 · 10:57

Fenomenología de Kroos

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La voz de la razón.

Una de las mejores ideas que puede tener un club de fútbol es darle el centro del campo a un alemán. Que esa idea se le haya ocurrido al Real Madrid, cuyo centro del campo se conoce como Macondo en los ámbitos académicos, es algo que todos los madridistas celebramos al hilo de la renovación de Toni Kroos. Desde el momento en que salió vestido de blanco, ocupó la zona y dio su primer pase correcto, Kroos se convirtió en un anuncio de coches, en un sinónimo de fiabilidad germánica. Husserl era capaz de pasarse seis horas seguidas pensando, sin hacer nada más salvo afilar una navajita que al final quedó reducida al mango; Kroos podría tirarse seis horas pasando, que es su forma de pensar, y nosotros mirándole esperando el fallo. Pero Kroos no falla, y en vez de una navaja gasta cartabón de geómetra. Incluso mete de vez en cuando uno de esos goles trigonométricos cuyas parábolas perfectas se usan luego en las pizarras escolares de Prusia.

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16 octubre, 2016 · 19:52

El bíblico Ramos

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Ramos entrenándonos la paciencia.

Si tuviéramos que comparar a Sergio Ramos con un personaje bíblico -un ejercicio que ya podrían prescribir los influencers-, no elegiríamos a Sansón, y ni siquiera a Dalila, sino al santo Job. Para los niños que no conocen la Biblia porque la Play no les deja tiempo, apuntaremos que el Libro de Job es un texto consolatorio que a juicio de Bloom toca la cumbre de la literatura sapiencial, es decir, ayuda a superar la muerte de un ser querido o la perspectiva de la propia. O una cagada bíblica de Ramos.

Job es un hombre próspero, sano, padre de una familia feliz y piadoso. Pero Satanás, que para eso es Satanás, malmete a Yahvé: «Ese Job te adora porque lo has colmado de bienes; arrebátaselos y verás lo que sale de su corazón». Y Yahvé, para probar la fidelidad de su siervo -en lenguaje futbolero diríamos «para cerrar bocas»-, accede. Deja que Satanás lo putee con vesania veterotestamentaria. Le manda enfermedades tan humillantes como la sarna, acicatea a la tribu de los caldeos para que ataque a sus criados, extiende la muerte entre sus rebaños, lo sume en la miseria, instiga el repudio de su mujer y por último, apurando el cáliz de la máxima amargura, lo somete a la muerte de sus hijos. Sin embargo, ni siquiera entonces Job maldice al cielo, sino que desde el lecho del dolor absoluto murmura: «El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó. ¡Bendito sea el nombre del Señor». Impresionante. Ese día Satanás debió presentar su dimisión.

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El bueno (Javier Fernández), la fea (Carmena) y la mala (Forcadell) en La Linterna de COPE

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9 octubre, 2016 · 11:24

El síndrome de David

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Quique Setién, visto por Bernini.

Va quedando claro que Quique Setién es el nuevo Paco Jémez del sanedrín futbolero. Su sucesor en el trono del Buen Fútbol, frente al cual toda victoria de equipos ricos será considerada bastarda, aunque quien venza acredite sangre tan azul como el Real Madrid, o justo por eso. Setién es un entrenador notable, y plantea un juego de posesión tan desinhibido como el de aquel Rayo, lo cual basta para ameritar lo que definiríamos como síndrome de David: su honda tumbará o no al gigante, pero en el relato moral sale siempre ganador.

Sin embargo, los rabinos del toque -el tiquitaca es otra forma de la cábala- olvidan que para que existan los matagigantes deben existir antes los gigantes. Y el Madrid es el más alto de ellos porque está subido encima de una montaña de trofeos, no de estilos.

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Videocomentario en COPE sobre las vascas y gallegas

Nueva entrega (más violenta) de El bueno, el feo y el malo en La Linterna, a partir del minuto 18

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25 septiembre, 2016 · 13:55

Noventa ‘minuti’

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Albert Einstein explicando el espíritu de Juanito.

No sabemos si Einstein era hincha del Madrid, pero podemos demostrar científicamente que el Madrid es el equipo que mejor aplica la teoría de la relatividad. Desde que Einstein vinculó la percepción temporal a la posición en el espacio, los partidos de fútbol en el Bernabéu dejaron de durar los 90 minutos reglamentarios más el descuento y se alargan lo que haga falta hasta que el equipo de casa marque un gol. O dos. Y esto ocurre no por culpa de un árbitro poco preciso, como alegan los resentidos con osadía absolutamente anticientífica, sino en función de las dos variables descritas por la ortodoxia einsteniana: velocidad y gravitación.

La dilatación por velocidad se produce cuando los jugadores del Madrid, viendo que se les escapa el partido en presencia de su afición, se ponen a correr todo lo que no habían corrido durante la hora ya transcurrida. Si eso no basta, Zidane interviene desde fuera mediante cambios de refresco que aceleren la ecuación ganadora. En cuanto a la dilatación temporal por gravitación, esta depende más del talento concreto que algunos futbolistas despliegan sobre el terreno: la fuerza gravitacional de Cristiano o Modric suele ser determinante en estos trances.

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DEBUT de mi nueva sección en La Linterna de COPE: cada viernes a las 22.15 ajustamos las cuentas políticas de la semana en El bueno, el feo y el malo

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18 septiembre, 2016 · 11:55

Pax Zidania

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El yin y el yang.

Confieso que me senté a ver el derbi de Manchester con espíritu olímpico, o sea, creyéndome por encima de la rivalidad MouPep que tanta satisfacción me dio en los días felices de la trinchera. Pero fue verlos saludarse y una pulsión reptiliana que creía extinguida comenzó a moverse desde lo hondo de su cueva primordial. A los 15 minutos ya estaba agarrado a la botella, y para cuando el maldito árbitro pitó el descanso me había partido tres uñas contra el reposabrazos y proyectado un par de denuncias ante el TC.

Mi yo racional diría que Pep impuso su juego el tiempo suficiente para que la reacción honorable y visceral de los de Mou equilibrase el partido. Pero un juicio tan ecuménico palidece frente al apasionamiento que todavía desencadena el choque entre estos dos profetas de nuestra era. Con toda humildad, dejo consignada la involuntaria terquedad de mi mourinhismo, solo aliviada por una simétrica prevalencia del antimourinhismo que ni los comentaristas de Movistar acertaban a reprimir. En alguna capa profunda de la psique colectiva nos seguimos rigiendo por la dialéctica Guardiola-Mourinho, quizá por la misma razón por la que los niños recuerdan mejor los crímenes del Antiguo Testamento que los perdones del Nuevo.

Vayamos con la Pax Zidania, esos 15 partidos consecutivos que el Madrid no ganaba en Liga desde Muñoz. Cristiano salió, recibió y marcó. Y fue sustituido en el 65 por Karim, que aprovechó para entrenar disparos al larguero. ¿Muestra Zidane intenciones de dosificar a CR o solo se preocupa de su lesión? La bolsa de hielo sobre la santa rodilla argüía lo segundo.

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11 septiembre, 2016 · 13:08