Cualquiera diría que España no ha dejado de ser católica, y eso que el diagnóstico de Azaña va para un siglo. No se me ocurre otro líder capaz de concitar el respeto de las instituciones y el entusiasmo de las calles a la manera desarmada y desarmante de León XIV. Se le escucha por la cima de siglos desde la que habla, custodio de un mensaje sabido que enunciado por otro no llenaría un teleclub. Es el misterio al que se rinde Sorrentino y al que permanecen impermeables nuestros entrañables racionalistas.
Lo primero que llama la atención de Auschwitz-Birkenau es el orden. La llanura rasa, el cielo bajo, la rectitud de las alambradas, la perfecta geometría de los barracones. Hasta ese momento el terror había sido producto del caos. La orgía revolucionaria, el fuego arrasador, el torbellino de la artillería, la carne trinchada por las bayonetas, los terrones destripados por las bombas.
Queridos alumnos y alumnas. Me han dicho que grabe este vídeo para empatizar con el cansancio, los nervios y el agobio que os está provocando la prueba de acceso a la universidad. Yo no empatizo fácilmente ni siquiera con los que empatizan difícilmente, y tampoco soy de los que se ponen nerviosos ni cuando perpetran un pucherazo en un comité; ahora bien, yo también hice la Selectividad, y mirad adonde he llegado. Reconozco que una cosa no tuvo nada que ver con la otra, porque mis calificaciones fueron discretas y no tuve más remedio que refugiarme en la privada. Pero recordad que solo los fascistas creen en la selección de las élites a través del mérito. Yo valoro más otra clase de habilidades que siempre han adornado a mis colaboradores más estrechos. Lo malo es que los jueces y los fiscales no las valoran tanto como yo.
Pedro Sánchez presionó mucho -mucho- para que León XIV lo recibiera en el Vaticano antes de visitar España. En principio solo estaba prevista la reunión en la nunciatura española. Al final lo logra, pero no le sale como esperaba. Se veía compartiendo telediario con la primera autoridad moral del planeta, luciendo lado correcto de la Historia, pero esa mañana la Guardia Civil entra en la sede central de su partido para llevarse documentación de cuando allí operaban Cerdán y Leire, siempre a sus órdenes. Los agentes buscan información de una trama de facturas falsas con las que la anterior cúpula de Ferraz, segunda de la era Sánchez, financiaba a una gestapillo montada a raíz de los cinco días de reflexión del hombre profundamente enamorado. Aquello no fue teatro: fue la señal de hacer dirigida a los que podían hacer, pero no con la retórica voluntarista del expresidente Aznar sino con todo el poder de un presidente en ejercicio resuelto al contraataque. El cometido de los destinatarios de ese mensaje era ilegal, y por eso lo es también la financiación: debían desactivar con amenazas, promesas o extorsiones las investigaciones que podían hacer daño al jefe. Y aquellos fontaneros se pusieron manos a la obra, como bien saben el fiscal Grinda y el teniente coronel Balas.
Claro que todo puede ser lo de siempre: la clásica conjura de la derechona. Ese sentido patrimonial del poder. Esa tendencia histórica al golpismo que no pueden reprimir. Ese odio al progreso que les corroe cuando ven cómo hacemos avanzar la diversidad y la igualdad del Estado plurinacional. Porque ellos van de patriotas, siempre con la banderita y el himno, pero el patriotismo es un hospital donde nadie te haga huelga, y unos sindicatos alineados con la ministra de Trabajo para blindar la paz social, y unos fiscales que se atienen al orden jerárquico del Ministerio Público, que depende de quien depende. Pero la derecha política, mediática y judicial ha decidido secundar la orden de Aznar: «El que pueda hacer que haga». El mensaje está clarísimo y no deja margen a la interpretación. Ha dado una orden taxativa al deep state franquista que aún manda en España. Esas palabras son una meridiana invitación al golpe de Estado, y están atendiéndola. El ruido de togas de hoy equivale al ruido de sables de ayer.
En aquel tiempo se publicó un auto de un juez que imputaba varios delitos a un expresidente socialista, célebre por su buena voluntad, su corazón puro, su vida sencilla y sus ansias infinitas de paz. La noticia se divulgó por toda Judea y por las regiones vecinas, y llegó a oídos de fariseos, saduceos y zelotes. Al principio se negaron a creerlo, porque aquel expresidente había sido grande en obras y palabras. Así que enviaron emisarios (vulgarmente conocidos como asesores) para atestiguar la credibilidad del auto.
Albert Rivera solo se equivocó en el número: no había una banda sino dos. Como para seguir añorando la oportunidad perdida de un pacto viable y honroso con semejante material humano. El día en que el profeta ignorado de Cs pronunció su diatriba en el Congreso todavía mandaba la camorra de la Chistorra: Koldo y Ábalos. Les quedaban aún dos años de tríos, mordidas, tangas voladores, amaños de obra pública y volquetes de condones sufragados con el sobrecoste de las mascarillas.
Antes de llamar traidor a Juanma Moreno por pactar con Vox para ser investido, sacrificando así su aclamada centralidad en el ara bárbara de la prioridad nacional, yo me esperaría al balance de esta tercera legislatura. Más que nada porque Moreno ya fue presidente gracias a Vox en 2018, en coalición con Cs, y el resultado de aquel gobierno fue el título nacional de barón moderado. Ni Guardiola ni Azcón ni Mañueco se van a radicalizar por gobernar con Vox: más bien Vox asume el riesgo de moderarse al contacto con la criptonita de todo populista, que es la responsabilidad adulta, el derecho administrativo y la tabla de Excel.