Podemos citar a Churchill hasta que su noble cráneo se revuelva en la tumba, pero no hay en Putin acertijo ni misterio ni enigma. Putin es un psicópata dentro de un nacionalista envuelto en un nostálgico de la URSS. Separar sus tres capas mentales importa poco y no aclara nada, porque sus hechos hablan a gritos por todas y cada una.
El votante de derechas random, pongamos que se llama Paco, hace tres años que asume, aprueba, desea y hoy hasta suspira -en este orden cronológico- por un entendimiento natural entrePP y Vox, porque al nivel de la calle solo se percibe una semejanza fundamental entre ambos: no son sanchistas. Paco no trata con políticos ni tiene por qué conocer el hábitat caníbal en que se desarrolla la vida cotidiana de un partido, de un Parlamento, no digamos ya de un gobierno de coalición. Si se asomara por una mirilla -como hacemos a diario los periodistas- y les oyera hablar como hablan cuando saben que sus votantes no les ven, Paco no saldría ya nunca de la abstención, como tampoco Manolo, el votante de izquierdas random. Estafarsa estructural es el gran secreto de las democracias representativas, pero en latitudes menos defectuosas está paliada por una cuota vocacional de servidores públicos decentes.
El pintor se casó con una mujer cuya sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir. Aquella señora de rojo sobre fondo gris fue el nombre que dio Delibes a su inspiración. Y como supo que no la recuperaría se puso a escribir sobre la pérdida, que era lo único que conservaba. Sin señora de rojo solo queda el fondo gris.
Con las derrotas políticas no se hace casi nunca buena literatura, y ni la sabia Castilla es una excepción. De estas urnas salen tantos fracasos que nos faltan colores para pintarlos. Fracasa el bipartidismo, fracasa la nueva política y triunfa el populismo, que siempre es un fracaso retardado, una promesa que incorpora necesariamente la espoleta de la traición.
La violencia se ha apoderado de las calles de Madrid, nos aseguran en vísperas electorales, y a juicio de Vox la razón es tan evidente como el color de la piel. Estamos con una votante de ese partido para que nos explique la relación causal entre inmigración y violencia. Se llama Pilar Cortés Pizarro.
-Un nombre indudablemente patriótico el suyo.
-Así es. La Patrona y la Conquista. Soy un testimonio andante de la grandeza de España.
-Una grandeza basada en el mestizaje.
-Por supuesto. No como los ingleses y los holandeses. ¿Dónde están los indios norteamericanos? Muertos o en reservas. Nosotros nos mezclamos.
Hace años escribimos que Sánchez es un significante vacío en el que todo es mentira salvo la ambición. Si le palmeas le espalda suena como una caja de flamenco o como un ninot de Valencia: hueco, acartonado y fungible. La mejor expresión de esa impostura estructural nace de su voz de barítono de parque temático. Pero para localizar su verdad hay que fijarse en la mandíbula, allí donde el bruxismo concentra la voluntad de poder. Es como si estuviera masticando a sus enemigos. No solo enemigos: también hay restos de sus socios entre los dientes.
Se veía venir la guerra por pura coherencia narrativa: para completar la serie de catastróficas desdichas que van de la pandemia al volcán pasando por los temporales y la subida de las cotizaciones sociales. Pero sobre todo porque Putin lleva años poniendo un empeño verdaderamente imperial en que se le vean las intenciones. Como cualquier nacionalista, Putin cree ciegamente en la prerrogativa superior del origen: Rusia tiene derecho al territorio que Rusia sienta como propio. Y como cualquier comunista, piensa que cualquier medio es válido para cumplir el designio histórico del que se declara portador, empezando por el embuste, siguiendo por el crimen y terminando por la combinación de ambos: la guerra.
Hay gente a favor de la vacunación y hay gente en contra, y cada cual tiene sus razones. Yo, por ejemplo, estoy a favor porque no quiero perder suscriptores, y sin vacuna quizá usted ya estuviera muerto. Seguir con vida facilita mucho la lectura, incluso permite entregarse a debates apasionados sobre la conveniencia misma de mantenerse vivo, aunque solo sea para poder ciscarse un año más en Bill Gates y en las leyes australianas. Para ser un buen antivacunas primero hay que ser, a secas, pues la vida preexiste a la militancia. Un antivacunas muerto por covid ya no sirve para luchar contra el globalismo inmunológico, de modo quela manera más segura de seguir siendo antivacunas es vacunarse.
Los canetenses son una tribu homínida de cazadores recolectores que habita la comarca del Maresme, en el nordeste peninsular. Cazan castellanohablantes y recolectan subvenciones desde tiempos ancestrales. Sus orígenes son confusos, si bien las sagas míticas de los hechiceros nativos se remontan a edades previas a la visita de los fenicios. Para entonces en Canet ya regía una democracia plena, que a juicio de los canetenses es aquella en la que todo el mundo está de acuerdo. Y si alguien no lo está, eventualidad peregrina, los canetenses al unísono le señalarán la puerta. Que para eso viven en democracia, como recordó recientemente un consejero de Educación a la puerta de un colegio.