A la espera de que gobierne la derecha para que el periodismo de élite redescubra la vocación de contrapoder (tan anacrónica ya como la de cartujo), los plumillas extramuros nos entretenemos con las piruetas sincronizadas entre Pedro y su servicio mediático. ¡Y cómo está el servicio! Por sostener el tren de vida del señorito calavera no hay charco que no se enjuague o polvo que no se barra. Y si no cabe bajo la alfombra, muy combada ya, se prende una fogata tuitera para confundirlo con el humo.
El sanchismo es un presentismo: desprecia el futuro e ignora el pasado cuando no puede manipularlo para justificar su presente, que es todo lo que tiene. Por eso Franco constituye una amenaza contemporánea en el cuento antifa de Moncloa mientras que ETA solo existe en las hipérboles prehistóricas de la derecha. «Nada se seca tan rápido como la sangre», le contestó De Gaulle -y era De Gaulle- a un asesor que invocaba los atentados del independentismo argelino para afearle a su jefe la apertura de negociaciones con los terroristas. Pedro, ágrafo de bulto redondo, lo expresaría de un modo más pedestre: sangre pasada no mueve molino. El muerto al hoyo y el vivo a la alcaldía. Para Bildu la perra gorda y para mí la perrera.
Queridos españoles y españolas. Este año os pedí que clarificaseis en las urnas de parte de quién estabais: del fascismo o del progresismo. Os felicito por haber elegido lo segundo. El pueblo español ha vuelto a dar al planeta una lección de democracia al permitirme seguir gobernando. Los malos perdedores de la derechaylaultraderecha odian el progreso y por eso me insultan, ponen boca abajo mi libro -compradlo, copón- y se regalan cestas de fruta. Pero yo no me voy a poner a su nivel: bastante tienen con ser nazis, como tuve que recordarle a Manfred Weber.
Bajo el liderazgo espiritual de don Puente, los devotos operarios del muro están alcanzado sus últimos objetivos de blanqueamiento batasuno. Ya no son caretas las que están cayendo sino capuchas. Nos dicen que Bildu es la purita expresión del progresismo vasco; que su compromiso con la Constitución está fuera de duda desde que invistieron a Sánchez, aunque sea para planear juntos el troceamiento de la nación; que a los verdugos impenitentes que reciben homenajes y puestos de salida en listas no solo no les falta ningún tramo ético por recorrer sino que han ido más lejos en la defensa de la democracia que sus víctimas del PP. Nada como haber integrado un comando para demostrar tu hombría de paz.
La mente de Sánchez, fuente inagotable de estímulo para el columnista con alguna vocación de perito forense, empieza a dar señales de una interesante mutación. No me refiero sin más a la ordinaria pérdida de pie en la realidad que conocemos como síndrome de Moncloa y que suele apoderarse de los presidentes a partir de su segundo mandato: de Sánchez se apoderó a los pocos días de mudarse a palacio, cuando una imagen de sus viriles manos nervudas fue ofrecida al pueblo como ejemplo de determinación a través de la cuenta oficial. Me refiero a que la reválida del cargo parece haber inoculado en él un providencialismo de alcance planetario. Es verdad que él nunca se vio a sí mismo como lo vemos los demás: un pícaro amoral que debe la inopinada prórroga de su poder a la quiebra de todas sus promesas y al sabotaje de la separación de poderes. Pero ahora el síndrome está tan avanzado que España se le queda pequeña para la misión de la que se cree depositario (decisivamente influido por Zapatero): la batalla final entre el fascismo y el progresismo. Empieza a sentir el peso del mundo sobre sus altos hombros y se pregunta si Occidente merece el esfuerzo de su liderazgo.
Cuando se trata de dialéctica, Alfonso Guerra (Sevilla, 1940) no pierde la forma. En vísperas del 45 aniversario de la Constitución defiende el legado al que él contribuyó decisivamente sin renunciar ni a la crítica ni al optimismo. Recibe a EL MUNDO en el barrio sevillano de Santa Clara, rodeado de vecinos que de vez en cuando se paran a saludarle con respeto. Es uno de los suyos.
La última vez que lo entrevisté, en mayo del 2021, el Gobierno de su partido no había indultado a los condenados del procés ni abaratado el Código Penal registrado la amnistía. Si en dos años vuelvo a entrevistarle, ¿qué España imagina que tendremos?
Hombre, yo espero que las aguas se calmen. La contestación a estos desafíos institucionales es tan fuerte que se tendrá que dar marcha atrás. Los jueces, los abogados, los inspectores de Trabajo y de Hacienda, el poder autonómico y municipal que ahora está claramente de parte del PP, lo que pueda venir de Europa, los periódicos nacionales y extranjeros coinciden en señalar una degradación de la calidad de la democracia. El Poder Judicial y el Supremo revocan nombramientos por inválidos. Esto tiene que amainar, porque si no amaina vamos camino del Caribe.
Querido militante, querido votante. Estarás escuchando muchas críticas a nuestro partido y a nuestro secretario general, que acaba de ser investido. Que ya ha ganado. No te pedimos que te molestes en rebatir a los perdedores: no necesitamos tus esfuerzos. Nada más ridículo que ver a los nuestros invocando sinceramente el interés general o el miedo a la alternativa. ¿Vas a enseñar a tus padres a tener hijos? ¿Aún crees que el poder necesita justificación? Lo que te pedimos es que madures de una vez y entiendas que la política va de ellos o nosotros, de hoy y ahora. Haznos el favor de dejar a España en paz: España lo aguanta todo, a nosotros y a ellos también, pero evítanos los cánticos a la diversidad y a la extensión de derechos. Mentir es nuestro trabajo y nosotros no nos llevamos el trabajo a casa. No nos tomes por imbéciles.
Nace el tiempo de la excepción, arranca el mandato del muro sobre los escombros del 78. La historia de España nos sale al reencuentro con el gesto torvo de antaño. Vuelven las carreras delante de las porras y hasta retorna el protagonismo de los cantautores. A cambio, por fin podremos bañarnos en ese río incesante que es el cine español sobre la guerra civil sin aquella gélida sensación de anacronismo. Anoche revisé La vaquilla y hoy empiezo el segundo tomo de los diarios de Morla Lynch, que ilustran bien las ventajas del asilo diplomático. Quizá también repase los editoriales de Camus en Combat.