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Rajoy ya nota el calor

Con el índice nombra barones, con el pulgar recupera la economía.

Con el índice nombra barones, con el pulgar recupera la economía.

Para ser ese país demoscópicamente harto de políticos y periodistas, el jaleo como de primer día de rebajas que se monta en el Congreso por el debate del estado de la nación está de lo más conseguido. ¿No sería una teatralización para afianzar el crédito dañado del sistema parlamentario? En vano busqué entre el gentío la barba de Garci o las gafas endiabladas de Évole. Pero lo cierto es que si las elecciones son la fiesta de la democracia, el patio de las Cortes se antojaba a mediodía un after-hours con derecho de admisión reservadísimo. Desde luego disimulamos bastante bien la famosa desafección hacia la política.

Un reportero logra acomodar el culo en la tribuna de prensa solo después de soportar la cola de acreditaciones, persuadir al departamento de prensa de que no trabaja para Manikkalingam, acreditar un buen juego de codos con los colegas para avanzar por los pasillos abarrotados, pasar el escáner de rayos X y probablemente otro de rayos UVA, reptar bajo la alambrada de espino y dirigir una caída de ojos reverencial a don Jesús Posada. Superados todos los filtros, accede uno al hemiciclo en el momento justo en que Mariano Rajoy está constatando que se ha invertido la dirección de la economía nacional.

Rajoy venía al debate a señalarse la espalda, porque un año después puede presentar datos para ello. Repasaba el jardín en que estamos metidos como el jardinero al final del invierno, cauto ante los restos del granizo pero optimista por la llegada de la primavera. Exponía con cuidado cada brote verde y depositaba luego la maceta en el suelo matizando que con cinco millones y medio de parados aún es pronto para decretar una semana de circo, naumaquia, cuentacuentos y juegos florales. Pero vamos, que el orgullo se le escapaba por las cinchas del traje. En la tribuna de invitados, un cortejo de barones o alfiles varios no tan pendientes de reparar en el jefe como de que el jefe reparara en ellos: Pío, Rudi, Monago, Fabra, Pedro Sanz, Herrera, los de Ceuta y Melilla e incluso Cospedal, que estaba tan guapa que no me atreví a saludarla en el patio y cuyo broche lila emitía destellos cegadores cada vez que Rubalcaba la llamaba cacique durante su réplica vespertina. Por la mañana, sin embargo, la oposición escuchó a Rajoy sin patalear, como si de verdad rigiera un protocolo diferente al de las sesiones de control de los miércoles. Esa formalidad duraría poco, como veremos ahora.

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26 febrero, 2014 · 0:01

Pasión bíblica y aborto pasionario

De entre los muchos tipos de democracia que existen, la parlamentaria no es de las que menos me gustan. Ciertamente no es tan eficaz como la democracia gamonalera, pero a cambio es más aseada y se pasa menos frío ejerciéndola. Uno ocupa su sitio en la tribuna de prensa y contempla a los diputaos, que dice Rajoy, y puede entretener el fárrago de 16 folios que ocupó su balance del Consejo Europeo decidiendo qué señoría le representa mejor.

¿Quizá Rosa Díez, cruzada de piernas en su escaño, los tacones color cereza apuntando peligrosamente a la escalera? ¿Y aquellas diputadas populares del fondo que han pasado las navidades consumidas en la impaciencia de pasear el nuevo modelito por la sede de la soberanía nacional? Desde luego no nos representa el montaraz jersey de cuello vuelto de Errekondo, como tampoco la maraña húmeda que corona el cráneo de aquella otra diputada de Esquerra. ¿Qué puede haber de monárquico en un secador? Luego pasa lo que pasa, que el hemiciclo era hoy un mar de gripe A agitado por olas de pañuelos blancos, sonoros, sacudidos violentamente por las narices congestionadas de nuestros representantes. Y uno, que arrastra un catarro reglamentario, se siente al fin perfectamente representado por los mocos de sus señorías. «¡La democracia gripada!», me señaló un ágil tuitero.

El parón navideño y la envidia del relumbrón de que ha gozado la democracia real en Burgos preparaban el desquite de los portavoces, quienes no ahorraron ni un minuto de intervención al sufrido reporterismo. Fue servido sin pausas un engrudo retórico que se extendió uniformemente desde la nueve hasta las tres. Ahí queríamos ver nosotros al llorado Leguineche. Se oyó a Rajoy insistir en que los eurolíderes reunidos en Bruselas le ven mejor color a la orina del enfermo. Se oyó a Sánchez Llibre mentar a Schumann y a continuación oponer al tabarrón catalán «la política con mayúsculas» –qué será eso de la política con mayúsculas: ¿una teocracia?– para acabar quejándose de los procedimientos de limpieza de los cuarteles. Sic.

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22 enero, 2014 · 19:50

El cañón contra el mosquito

La oposición insiste en que España es el coche de Rajoy que avanza hacia el precipicio en Rebelde sin causa. Rajoy conduce su coche con don Tancredo de copiloto y parece inmune a todo vértigo. Con él pretende emparejarse Artur Mas, la persona, que lleva de copiloto a Artur Mas, el político, y entre ambos se entabla un diálogo artúrico ininteligible, de hecho equivalente a la dicción de Luis Moya. Desde fuera, apostada en el borde mismo del barranco se halla Rosa Díez con la bandera de cuadros: su función consiste en levantar acta del momento justo en que descarrilará el Estado. Así por ejemplo a cuenta de la elección compadreada de vocales del CGPJ, que Díez explica con la teoría del pacto entre bomberos que no se pisan la manguera ante el incendio bipartidista de la corrupción:

–UPyD va a dar esta batalla hasta el final. Esto se ha hecho con obscenidad y alevosía.

Todos sospechamos que la vocación de partido antipartidos de UPyD durará lo que tarde en pisar moqueta, pero entretanto la voz cafeínica de la lideresa magenta zumbará en los oídos de Rajoy, a quien solo Rosa Díez logra enrabietar como ya le gustaría a Artur Mas.

–Deje de agredir a esta Cámara, que con el 93% de los votos sancionó el procedimiento vigente. Sea usted un poco más modesta.

Contestada Díez, el ademán impasible regresa al rostro de don Mariano y no se le crispa lo más mínimo cuando el tribuno Cayo le pide que tenga por Navidad un detalle con los españoles y dimita. Se relaja tanto el gallego cuando le mientan la dimisión que incurrió en un paralelismo sintáctico con aquella solemnidad funesta de Zapatero:

–España no es como usted la pinta, señor Lara. Hoy estamos mejor que el año pasado pero peor que el año que viene.

Cuidado con según qué vaticinios, presidente, que la última vez que un inquilino de la Moncloa construyó esa frase estalló la T-4. Lo cierto es que detecto en Rajoy un conato reprimido de triunfalismo económico que puede cursar con imprudencias y abusos retóricos muy alejados de su imbatible estilo tancredista, como cuando le ha reprochado al dirigente de IU que se encontrara en Cuba mientras él celebraba la Constitución. Cuando se cañonea al mosquito el público se pone siempre de parte del mosquito, fenómeno que resume la personalidad y el destino de Cristóbal Montoro. Al ministro de Hacienda le inquirió un diputado opositor por su afición al uso arrojadizo del secreto fiscal y Montoro respondió que cada vez que le habla un socialista recibe una lección de humildad y moderación. Es tan incurable el sarcasmo en Montoro como la afasia en Messi.

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18 diciembre, 2013 · 17:53

El Madrid, campeón de Brasil 2014

Mundialistas.

Mundialistas.

En el vestuario del Madrid está ahora mismo el próximo campeón del mundo, solo que no lo sabe. Ningún otro equipo puede garantizar con tanta certidumbre este pronóstico, porque ningún otro equipo encarna el ideal de la universalidad, del cosmopolitismo, de la modernidad, como el Real Madrid. Es cierto que el nacionalismo siempre ha casado bien con el fútbol, pues el deporte rey es precisamente una continuación simbólica de la guerra por medios lúdicos, y es inevitable que las aficiones profesen por los colores de su equipo un sentimiento muy cercano al patriotismo de antaño. Los hay incluso que van tan lejos en la identificación entre fútbol y política que se ven a sí mismos como ejército desarmado, o prestan sus instalaciones para aquelarres sectarios, o se sirven de puestos directivos para proyectar sus delirios de sigla y escaño.

El Real Madrid, sin embargo, es una excepción insólita a esta norma emocional en todos los rincones del planeta fútbol. El club blanco es demasiado grande para servir a una idea política o pastorear mentalidades uniformes. Cierto: es el equipo de la mayoría de los madrileños. Pero su historia gloriosa, su presente pujante, su futuro esperanzador han logrado trascender el vínculo con el terruño: el Madrid se define antes por el tiempo –su leyenda en marcha– que por el espacio: la capital de España. Tan madridista es el filipino que ahorra durante meses para pagarse el vuelo al Bernabéu en una noche de Champions como el viejo peñista de Chamartín. Incluso puede que más. Y esto, señores, es un valor incalculable, y de hecho profético en la era de la globalización.

Que otros presuman de custodiar las esencias de la aldea. El Madrid presume de tener a los mejores allí donde hayan nacido, de cobijar a los emblemas de las selecciones mundialistas que el domingo analizaron juntos el sorteo del Mundial de Brasil, en una foto que otro equipo enmarcaría para los restos y aquí no es más que la rutina feliz de la excelencia. Algunos madridistas están tan acostumbrados a esta capitalidad deportiva universal que no comprenden que la grandeza del Madrid no está asegurada a terceros como una póliza, sino que se sostiene contra el viento del resentimiento de burócratas o plumillas y la marea de los nuevos ricos, rusos o árabes, que tratan de hacer en cinco años lo que costó cien. Ciertos aficionados del Liverpool o del Benfica también pensaron que su hegemonía duraría para siempre. Pero Stradivarius solo hubo uno, y el secreto perenne de sus violines exige un cuidado constante.

Volvamos a la foto. “Va a ser un placer jugar contra Lukita”, declaró allí Marcelo. “Tienen el derecho a decir lo que quieran, pero yo nunca subestimaría a Croacia”, advirtió el propio Modric, que a mi juicio será la primera gran estrella que debute en Brasil. Casillas pidió prudencia, Cristiano repitió que daría lo mejor –como si supiera hacer otra cosa–, Benzema aún se felicitaba por la clasificación y Di María oculta a duras penas la conciencia nacional de favorita, condición que Argentina, por otro lado, se arroga por defecto.

Podemos decir que la mejor selección del mundo ya lleva tiempo jugando junta. Veremos este verano cómo lo hace por separado.

(La Lupa, Real Madrid TV, miércoles 11 de diciembre de 2011)

La emisión, algo defectuosa pero inteligible, aquí.

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Las Navidades de Cristóbal ‘Scrooge’

Llegué tarde a la sesión y no pude comprobar si Posada concedía el minuto madibo de silencio, que yo creo que hay que meter pronto en la Constitución a poco que se reforme para precipitar en el hemiciclo un tránsito abrupto de la somnolencia burocrática a la toma de conciencia política. También me perdí la sorayomaquia, pero luego, en el patio, pudimos charlar informalmente con Sáenz de Santamaría, que anda cojeando por efecto de un resbalón que ella se apresuraba a despojar de metáforas. Prometió un paquete de medidas para el Consejo de Ministros y todos nos llevamos instintivamente las manos a los bolsillos, aunque ella asegura que tendrán que ver con los bolsillos de los políticos. Veremos.

Hubo alguna gresca porque en términos dialécticos la Navidad todavía no ha llegado al Congreso aunque cuelguen del escaño tantos diputados de adorno, según me indicó un colega. En el christmas parlamentario identificamos a un Papá Noel, que por unanimidad encarnaría Arias Cañete –solo le faltan los renos– y a un míster Scrooge, cuyo papel no puede interpretar otro que Cristóbal Montoro. A Montoro le preguntó UPyD por la purga o desaceleración de la cúpula de la Agencia Tributaria y don Cristóbal, con ese silabeo serpentino que le nace de una finísima pared en la garganta, repuso:

–He ocupado este ministerio durante seis años y puedo garantizar que jamás se han producido injerencias políticas en la Agencia Tributaria. Y además nunca he dicho que los cesados fueran socialistas.

Y ofreció un pacto a los grupos para la redacción de un nuevo y cristalino estatuto de la Agencia. Ya saben ustedes: cuando quieres que algo no se haga creas una comisión, y cuando quieres devolver el dentífrico al tubo, redactas un estatuto. Luego, en los corrillos, el ministro Scrooge volvió al tono siciliano para pedir a los medios de comunicación que, ya que no están al día con el fisco, al menos hagan el favor de reproducir con fidelidad sus palabras en los corrillos, como por ejemplo que no están al día con el fisco, y que cualquier día puede suceder un accidente. Esto último reconozco que no es literal.

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11 diciembre, 2013 · 18:39

Esperando a Demóstenes

Matinal desangelada en Cortes, simétrica del frío como de concertina que bate los soportales y entumece a los pobres mendigos velazqueños. El presidente Posada inauguró la sesión dando la bienvenida al presidente de Macedonia, guest star en la tribuna de invitados, que se levantó muy ceremonioso para agradecer la mención. La sesión se preparaba así más propiamente que nunca para la pronunciación de filípicas, pero estamos a mil jodidas millas de tener a un Demóstenes en el Congreso.

De hecho abrió fuego Errekondo (Amaiur), y dejemos la expresión en metafórica. Errekondo es un jugador de balonmano, y se nota. Le exigió a Rajoy un balance de su gestión en el País Vasco con esa dicción silabeante y atropellada, ansiosa de acabar cuanto antes el enunciado que le pasan desde la mafia del norte, que incluía la alusión a las ansias infinitas de paz vasca de cantamañanas tan conspicuos como Tony Blair, Kofi Annan o Jimmy Carter. Amárrame los pavos. Incluso pegó un papelito a su botella de agua que aludía a una presunta situación guantanamera de los presos etarras en una cárcel de Sevilla. Pero lo hacía todo como con cierto bochorno de recadero servil, de becario de la cejijuntez criminal. Yo creo que en el subconsciente de esta gente pugna por salir un confuso sueño de respetabilidad institucional que no tienen manera de merecer. Rajoy le respondió con la retahíla previsible y pendiente: condena de la historia de ETA, demanda de disolución incondicional, petición de perdón a las víctimas. Sobre el medio centenar de asesinos que ya brindan con fino o txacolí no dijo nada porque no tiene nada que decir o porque no puede.

Estaba Duran en su escaño, presencia que siempre celebramos. No adivinan ustedes lo que hizo: ¡quejarse del poco dinero que el Estado invierte en Cataluña! Unos su paz, otros su pasta: la matinal no podía discurrir por cauces más canónicos. El presidente del Gobierno recordó a Duran que el Gobierno ya ha pagado 934.097 facturas a los catalanes, y que estaba mirando juegos de sábanas para poner además la cama. De todos modos detecto una rebaja declarativa del tabarrón independentista, suflé a la baja aplastado por las taumatúrgicas apelaciones a la pela de Linde entre otros. Me contestó el otro día en la tertulia de RNE el director de La Vanguardia, Josep Antich, que esas advertencias monetarias calan solo en los menos soñadores, pero yo sospecho que el volkgeist fenicio acabará imponiéndose. Ya entreveíamos todos, los primeros nuestros pragmáticos amigos catalanes, que todas las fiestas se terminan enseñando la cuenta.

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27 noviembre, 2013 · 16:19

Un clásico sin relato

Al clásico le faltó relato, que es lo que sucede cuando lo viejo (Xavi Hernández) no acaba de morir y lo nuevo (el Madrid de Ancelotti) no acaba de nacer. El resultado es un partido que no tiene otra vibración que su nombre, su propaganda fatigosa, su exceso retórico sin fundamentación en el juego. Del Barça dominador solo quedan el canto de cisne de Valdés, los coros y danzas de Neymar, el rondo contestatario en torno al árbitro y el cariño fiel de los narradores del Plus. Del Madrid que tomó el Camp Nou con la agresividad perdida del Innombrable no quedó hoy más que el contraataque que culminó Jesé y un cierto orden táctico desde la salida de Illarra.

Se rumoreaba un ataque de entrenador de Carletto y se acabó constatando: Ramos de medio centro y la primera parte regalada al Barça más flojo del lustro, un gesto de cesión desidiosa como de aristócrata cansado de sus riquezas. Iker saludaba afectuoso a sus amigos azulgrana en el túnel de vestuarios, que es su forma pueril de aplicar el discurso del Príncipe en Oviedo. Se veía un 4-3-3 claro, pero no se veía a Cristiano, que es lo que yo quiero ver antes, durante y después de cualquier alarde de pizarra. Bale en punta puso voluntad, arrancadas herbívoras y disparos de zapatones. Di María no encontraba yesca sobre la que prender su chispa y solo Modric demostraba algo de criterio, de ganas de ganar, en medio del respeto beato que el Madrid en general parecía profesarle al Barcelona después de habérselo perdido gloriosamente en las últimas visitas a domicilio.

A un gripado Iniesta, triste por lo suyo, le bastó un primer y único acelerón para habilitar a Neymar, que marcó con fortuna por roce de Carvajal. Pero ni siquiera el graderío que más cerrilmente se calaba la boina de la estelada daba al Madrid por muerto tras el 1-0, no porque el Madrid llevara peligro, sino porque el equipo del Tata estaba lejos de exhibir una ambición ofensiva medianamente precisa y constante. Por momentos tiquitaqueaba el Real y contragolpeaba el Barça, pero ambos profesaban ese credo sin ninguna convicción, como cuando le aceptamos un folleto al testigo de Jehová que nos timbra la puerta.

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27 octubre, 2013 · 11:55

Estamos todos un poco trufados

Eso declaró hoy, en la última intervención del insufrible debate de los Presupuestos, Cristóbal Montoro tras confundir a Carlos Salvador con un Sebastián, supongo que Miguel Sebastián, o bien el cangrejo de La sirenita, o el mayordomo de Clara, la amiga de Heidi. No se nos ocurren muchos más.

–Estamos todos ya un poco trufados.

Pero olvidó usted el suplemento del verbo, don Cristóbal, que es lo que conferiría algún sentido a la frase: ¿trufados de qué? ¿Trufados de dinero, como asegura Botín, suponemos que por experiencia? ¿Trufados de cifras a favor y de realidades en contra? Hemos superado la recesión, dice el Banco de España, pero quizá lo que quiere decir es que estamos trufados de recuperación económica, que es una fórmula más compasiva con los hechos, menos pretenciosa que declarar con entusiasmo la inauguración de la prosperidad.

Por eso, a falta de suplemento don Cristóbal enunciaba esta mañana una verdad espontánea con su frase a medio construir. Estaban sus señorías tan trufadas por día y medio de debate presupuestario que tras la frase de Montoro se procedió a la votación a fin de evitar que la trufa nacional se desbordase definitivamente.

A las nueve de la mañana se reanudaba la sesión abierta en la tarde del martes y el hemiciclo comparecía desértico como pedía la ocasión, porque eso de que la Ley de Presupuestos es la cita más importante del año legislativo no pasa de fanfarronada administrativa, de postureo de funcionario. En términos políticos se trata de una sesión amortizadísima por la mayoría gubernamental, y en términos retóricos lo mismo porque los portavoces llegan vaciados al escaño después de pasar semanas criticando las cuentas en las radios y en las teles.

Los pocos diputados montaraces que no tenían otra cosa mejor que hacer que asistir al debate parlamentario de los Presupuestos Generales del Estado estaban mentalmente muy lejos de allí, deslizando el dedo por el iPad, leyendo El País o hablando por el móvil como Casillas en el banquillo: tapándose la boca. Toni Cantó (o Cantuvo) consultaba (¿incendiaba?) Twitter, otros escribían en su portátil, Sánchez Llibre tomaba notas, Irene Lozano llegaba tarde embutida en una bata galáctica, el diputado popular Javier Puente –así apellidado porque colinda con el Mordor parlamentario que empieza en Amaiur– le preguntaba cosas al portavoz abertzale Larreina, Soraya Rodríguez se acercaba al escaño de Rosa Díez y esta le elogiaba la falda, una diputada de vaqueros burdeos se cambiaba de asiento para poder tener a alguien con quien charlar y el resto sesteaba con los ojos abiertos. Y tampoco estamos seguros de que no llevasen gafas con pupilas pintadas.

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23 octubre, 2013 · 16:35