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La rebelión de los fulares

Este año acude uno a las sesiones de control en expectativa alegre de cataratas o de tetas, o de ambas cosas, pero esta vez solo hubo parlamentarismo, es decir, aplausos y abucheos. Qué se le va a hacer, no siempre el Parlamento puede escapar a la representación sociológica del pueblo.

La principal novedad ha sido la presencia de Duran Lleida, el tercer hombre, quien en los últimos tiempos resulta especialmente difícil de situar en un punto fijo, en una posición estable. Duran viene a ser como esos gases de la tabla periódica que solo existen en el laboratorio, emiten un efímero parpadeo y se esfuman dejando al químico sumido en la melancolía, razón sentimental por la que el químico acaba bautizándolos con su apellido: el durón, por ejemplo. Pero ahí, en aparente estado sólido comparecía Duran, inequívocamente en pie, preguntando a Rajoy nada menos que por su “agenda política en Cataluña” como si Rajoy tuviera agenda en general. “Agenda” es un participio de futuro pasivo que en latín significa “lo que debe ser hecho”, pero Rajoy no es un tipo que deje que le digan lo que tiene que hacer. Lo había intentado primero Aitor Esteban, del PNV, inquiriendo al presidente si iba a acatar la decisión de Estrasburgo (presumiblemente contraria) sobre la doctrina Parot, y en la formulación de la pregunta solo faltaba añadir este principio: “Hará el favor usted de…”. Pero Rajoy repuso, con una de esas frases marianísimas que tanto nos divierten:

–No tiene sentido especular sobre futuribles.

He anotado la frase para cuando me pregunten en Facebook por mi asistencia a eventos indeseables. Pero lo cierto es que luego a Rajoy no le faltó claridad al definir la doctrina Parot como “justa, correcta y necesaria”, a la espera de lo que opine el santo oficio de Estrasburgo. El caso es que Duran, que se conoce el paño, acotó la pregunta como un guionista celoso:

–Le pregunto por su agenda política en Cataluña, y no me responda usted con la lucha contra la crisis que le conozco y en eso estamos todos…

En bandeja para Rajoy, haciéndose el ofendido:

–Oiga, solo le ha faltado decirme lo que tengo que responder…

Y a continuación le responde con la lucha colectiva contra la crisis, efectivamente. Duran se ha enfadado y ha incurrido en paralipsis, clásico recurso de la oratoria que consiste en negar que se vaya a decir lo que efectivamente se está diciendo:

–No es una amenaza, pero si sigue usted sin hacer nada, algunos declararán unilateralmente la independencia en el Parlament.

Entonces Rajoy ha pedido un poquito de pedagogía, ha impartido una lección básica de constitucionalismo y cuando empezaba a gustarse y estaba declarando que “España no es un invento sino una realidad de siglos que…” de pronto le ha cortado el micro Posada, que aplica los turnos de intervención con la exactitud de una célula fotoeléctrica en la foto-finish de los cien metros lisos. Para una vez que el presidente de España constata la existencia del país que gobierna, podrían haberle dejado terminar la frase.

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16 octubre, 2013 · 17:21

Dos lágrimas por la Cataluña ‘kitsch’

En La insoportable levedad del ser, que es un título muy parafraseado por columnistas que no han leído el libro, Milan Kundera explica la siniestra semántica del kitsch con esa precisión de relámpago que confieren a pachas el talento analítico y una biografía bajo el telón de acero. Ese tipo de precisión que obliga a la cita, y a la cita larga:

“El ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch. Es una palabra alemana que nació a mediados del sentimental siglo XIX y se extendió después a todos los idiomas. Pero la frecuencia de su uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable.

(…)

»Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón. Por supuesto el sentimiento que despierta el kitsch debe poder ser compartido por gran cantidad de gente. Por eso el kitsch no puede basarse en una situación inhabitual, sino en imágenes básicas que deben grabarse en la memoria de la gente: la hija ingrata, el padre abandonado, los niños que corren por el césped, la patria traicionada, el recuerdo del primer amor.

»El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lágrima dice: “¡Qué hermoso, los niños corren por el césped!”. La segunda lágrima dice: “¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped!”. Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch. La hermandad de todos los hombres del mundo sólo podrá edificarse sobre el kitsch.

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29 septiembre, 2013 · 18:04

Ministros que juegan al contragolpe

En mañanas parlamentarias como la de hoy se echa de menos la gotera. Se precipitó Posada al taparla si de lo que se trata es de fomentar algún interés por lo que sucede en el hemiciclo. Hubo una interpelación a Fátima Báñez sobre las pensiones resuelta con tal prolijidad que gustosamente uno habría sacrificado la suya con tal de que aquel turno de palabra terminara abruptamente. Báñez parece una bellísima persona pero Dios no la llamó para la vocación de Demóstenes, aparte de que hacer entretenida una disertación sobre el cálculo de las pensiones exigiría a Les Luthiers como ponentes.

Cómo sería la cosa que Rajoy prefirió quedarse en Nueva York y Rubalcaba tampoco apareció, en simétrica consecuencia. En estos tiempos cainitas yo de Rubalcaba no abandonaría el escaño ni para ducharme porque luego pasa lo que pasa: que su sillón lo ha terminado ocupando un señor calvo con pajarita, el cual encima ha tenido la osadía de dirigirle una pregunta a Cristóbal Montoro. Preguntar a Montoro es jugarse un aumento de impuestos allí mismo en represalia. El señor con pajarita se llama Antonio Hurtado, milita en el PSOE y le indigna que a los emigrantes retornados les haya multado la Agencia Tributaria por no declarar las prestaciones disfrutadas:

–Se les trata con puño de acero mientras que con la amnistía fiscal hay guante blanco, o guante de seda, para los defraudadores. ¡Es una injusticia!

A continuación Montoro se levanta, abre el micro y durante un segundo silencioso mira a Hurtado como los príncipes transilvanos a las vírgenes, antes de murmurar, negando con la cabeza:

–Vaya discurso que se ha marcado, señoría…

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25 septiembre, 2013 · 19:41

Martín de Riquer, que buen caballero era

Solo el más grande cervantista vivo podía morir dejando a su último auditorio estas palabras:

–Me extraña que les interese que hablen de mí.

“Llaneza, Sancho, que toda afectación es mala”, aconsejaba el de la Triste Figura a su infatigable escudero en una de esas ocasiones del libro en que Cervantes habla directamente por boca de su loco personaje. Y por eso el mejor lector que Cervantes tuvo en el siglo XX español y que era Martín de Riquer –Martí en la intimidad–, con la verdadera modestia del sabio, no se explicaba que la presentación de su biografía concitase alguna expectación.

Uno tuvo la suerte de cursar una asignatura semestral en Filología que se llamaba, sencillamente: “Cervantes”. Seis meses hablando exclusivamente de Cervantes, y en concreto del Quijote, en el año además del cuarto centenario de su publicación. Me hice con la edición canónica de Martín de Riquer, cuyo aparato crítico estaba sabiamente dosificado para instruir sin abrumar, y leí entera la novela de novelas en 15 días. Se habla tanto del Quijote que no se lee ya, y sin embargo cuando se lee enseguida se explica uno lo mucho que se habla de él, y todavía le parece muy poco. El Quijote justifica una vida dedicada a su estudio como la de Riquer, a quien ahora se entierra en su Barcelona natal con 99 años cumplidos y en medio de la bárbara ignorancia –cuando no premeditado desprecio– que la figura del gran filólogo catalán merece a la intelligentsia catalana, parece que irreparablemente entregada a la construcción mítica de una nación. ¿Por qué no presumir de que el mayor cervantista del mundo fuera catalán? Porque no era nacionalista, claro. Había leído demasiado como para eso.

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19 septiembre, 2013 · 14:36

Sorayomaquia barcenológica

En una bodega de la ciudad de Rostov del Don, al sur de Rusia, un hombre recibió el pasado lunes un disparo en el decurso de una acalorada discusión sobre la filosofía de Immanuel Kant. Uno estaría argumentando que los juicios sintéticos a priori representan la única vía hacia un conocimiento científico, es decir, necesario y universal, y el otro debió de responderle –con total desfachatez– que el acuerdo epistemológico entablado por las peculiaridades estructurales del objeto con las condiciones perceptivas del sujeto no prueba apodícticamente el deslinde entre fenómeno y noúmeno. Ante semejante lenguaje tabernario, como es lógico, cualquiera se lía a tiros.

Esta escalofriante noticia, completamente verídica, demuestra que el interés de un debate no depende del tema de la discusión sino de la pasión de los contendientes. El caso Bárcenas, por ejemplo, cuenta a priori con muchos más alicientes para el disfrute parlamentario que la Crítica de la razón pura, y sin embargo puesto en boca de Soraya Rodríguez empieza ya a provocar unas cabezadas indisimulables entre los cronistas, y sospecho que también entre los votantes. Del mismo modo que Artur Mas es un cadáver político, Bárcenas es un cadáver dialéctico como mínimo hasta que Pedro J no enseñe más SMS, a poder ser con fotos para competir con las grabaciones carcelarias de La Sexta.

Pese a todo el PSOE se agarra a Bárcenas con tanta fuerza como a las cuotas de Susana Díaz, con más aplicación que a su propia propuesta de reforma constitucional y desde luego con mayor fe que al liderazgo de Rubalcaba. El líder socialista delegó esta vez en su Soraya la asignatura de Barcenología y prefirió preguntar por la “pasividad temeraria” del Gobierno tras la Diada. A Rubalcaba, como a muchos votantes del PP, no le basta la correspondencia epistolar Mas-Rajoy como enérgico compendio de política territorial, pero comete un error. No sólo porque pedir acción a Rajoy es como pedírsela a una peli de Eric Rohmer, sino porque en el desván de Ferraz se custodia a cal y canto el retrato wildeano del PSC, al que se le ha borrado el angelical rostro del federalismo y en cuyo lugar aparece el feo particularismo del derecho a decidir. Rajoy solo tuvo que sacar el espejo y ponérselo delante:

–Diga de una vez si apoyan o no el derecho a la autodeterminación de Cataluña.

Rajoy sabe que el concurso del socialismo hispano ayudaría a levantar un dique de constitucionalismo en el levantisco nordeste peninsular como lo hizo en Euskadi, pero los artríticos danzantes del Bocaccio y otros acomplejados restos de la gauche divine no quieren ni oír hablar de España y mucho menos de pactos de Estado unionistas con el PP, no digamos ya de Corcuera. El presidente ha convertido así el tabarrón catalán en una oportunidad dorada para invocar la razón de Estado y la oposición responsable, y luego ha vuelto a sentarse en el escaño bajo una ovación partidista a mi juicio excesivamente favorable. Con tanta música de palmas se corre el riesgo de reabrir las grietas del techo. Celia Villalobos, orgullosa presidenta sustituta de la Cámara –suponemos que Posada habría salido a por balas para reponer los disparos tapiados–, tuvo que cortar tajantemente el concierto de aplausos para hacerse perdonar su condición pepera ante Julia Otero. (Luego llamaría “Señor Pérez” a Rubalcaba para compensar por el otro lado.)

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18 septiembre, 2013 · 17:05

Carta de Rajoy a Mas en primicia

[La buena sintonía que este columnista mantiene con algunos de los más estrechos colaboradores del presidente del Gobierno ha permitido a ZoomNews acceder a un borrador de la carta que el propio Mariano Rajoy ha redactado de su puño y letra, dirigida a Artur Mas en respuesta a la suya de julio, en la que el presidente de la Generalitat emplazaba a Rajoy a escuchar el clamor libertario de todo un pueblo, o eso se nos ha contado. Este columnista, que ha cubierto ya un buen número de discursos de Mariano Rajoy, puede verificar el inconfundible estilo galaico del presidente en la prosa del borrador, lo que avala su autenticidad]

Querido Artur:

Os quedó realmente bonita la cadena del otro día. Qué bárbaro. El CNI me ha mandado vídeos de numerosos tramos que no salieron en la tele y aquello tenía más calvas que el occipucio de Guardiola, pero vamos, como demostración de folclore la cosa quedó notable. Si en Galicia intentamos eso no encadenamos ni siquiera a tres, porque los dos de los extremos no se decidirían sobre qué mano darse y el de en medio lo manda todo al carallo en cuanto se entere de que el recorrido cruza por su sembrado. Encima el día acompañó, mientras que en el Congreso nos empapábamos por una gotera insidiosa que gracias a Dios vertía principalmente sobre Gaspar Llamazares. “Son sólo unos hilillos”, iba murmurando el muy mamón. A quien ya veo poco por el hemiciclo es a Duran; me dicen que ahora va defendiendo una cosa llamada confederalismo, y con esa excusa tan rimbombante se cree que no nos vamos a dar cuenta tú y yo de que se pasó la Diada en Panamá, el muy golfo. Siento decirte, Artur, que en esta ardua disciplina del doble discurso en la que ahora te empleas desesperadamente no pasas de principiante al lado de Josep Antoni. Cuando acabes –con suerte– en el consejo de administración de Aguas de Barcelona, tu socio el democristiano seguirá desayunando cruasanes de nata en el Palace. Con unas gafas nuevas.

Me pides que te eche un cable, Artur, pero es que me lo pones complicado. Tienes que elegir: o Junqueras o yo. No necesito decirte quién es el que más te conviene, porque tu carta primero y la reunión en mi salón después no dejaban lugar a dudas. ¡Por Dios, Artur, que Viri se me pone celosa! Tienes suerte de que la prensa me importe lo mismo que el deshielo del Perito Moreno, porque si filtro nuestra reunión íntegra no llegas a la Diada.

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15 septiembre, 2013 · 22:00

Mas y Junqueras: la quijada contra el párpado

Hace mucho que no escribimos de Artur Mas y al hombre se le nota. ¡Un año ya desde aquella entrada triunfal en el desayuno informativo del Ritz, cuando anunció que le cabía el Estado propio en la cabeza –en la quijada, concretamente– y el todo Madrid le abrió paso entre murmullos de plebe deslumbrada mientras los plumillas aprovechábamos para engullir cruasanes! Aquel Mas era verdaderamente un caballero de saga artúrica que había roto el tópico catayufo del me voy pero me quedo para dejarlo llanamente en el me voy, inaugurando una claridad secesionista desconocida en CiU que no quedó sin la respuesta admirativa de Madrid, porque en Madrid se admiran siempre los cojones, sean de torero o de césar visionario. Y sin embargo la testiculina patriótica de Mas ha venido a menos, su propietario ha perdido pelo, a sus gafas afloran manchas ahumadas como de poeta místico pobretón –un José Ángel Valente subtitulado– y su otrora poderosa quijada apenas acierta a descolgarse en sonrisas de pergamino ante la cercanía intimidatoria de Oriol Junqueras.

El guerrero cuatribarrado comparece exhausto antes de que empiece la batalla. Incluso el patriarca Pujol parece más animoso que el delfín, desatando en sus apariciones un chisporroteo de visajes, una epilepsia facial, un balbuceo acalambrado que nadie entiende y todos le aplauden. Se ha sabido que, ojeroso, viajó Artur recientemente a Madrid en carromato incógnito para pactar una tregua con el señor feudal que según el mito oprime sus tierras y según los hechos las presupuesta y financia. Volvería meditabundo a Cataluña el president, revolviendo en su cerebro esquizoide la manera de postergar la dichosa consulta a cambio de seguir cobrando el dinero del opresor, que será del opresor pero sigue sirviendo para comprar cosas. Y fue llegar, musitar que ya si eso en 2016 y cerrarse la ruda mano de mesonero de Oriol en torno a su entrepierna secuestrada.

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10 septiembre, 2013 · 17:52

La exquisita alegría de ser Salvador Dalí

A Dalí (Figueres, 1904 – Figueres, 1989) le habría gustado mucho enterarse de que la completísima exposición a él dedicada en el Museo Reina Sofía está salvando del cierre a los locales de la zona. Aquel hijo rebelde del surrealismo, a quien el patriarca Breton –en perfecto anagrama de las letras que forman el nombre de Salvador Dalí­– rebautizó como “Ávida dollars”, nunca se avergonzó de su fortuna astutamente amasada, de su olfato fenicio, de su pionera encarnación del artista capitalista en la ya convencional tipología del escandaloso calculado. Dalí es otro de los nombres del éxito, y él hizo que el éxito y el narcisismo resultaran tan artísticos como el malditismo y la bohemia autodestructiva.

A Breton y a Orwell les cabreaba profundamente el individualismo irreductible de Dalí en tiempos de grandes causas colectivas, fueran éstas el marxismo o el socialismo (y más adelante la misma democracia, frente a la que el pintor de Figueres se declaraba anárquico-monárquico metafísico). Sus guiños manifiestos a Franco y su incalculable legado testado a favor del Estado español y no de la autonomía catalana terminan de convertirlo en un artista incómodo para la izquierda orejera y para el aldeanismo institucional que rige su tierra. Pero tratar de encorsetar a Dalí en las tumefactas taxonomías de la crítica engagé o pretender ahormarlo a los propósitos propagandísticos de la política de barretina no es menos disparate que subir el zapato de tu mujer a una balanza adornada y llamar a la ready made “Objeto objeto escatológico de funcionamiento simbólico”. Con Dalí ni se puede ni se podía contar para ningún empeño social que tratase de involucrar a más de dos personas: el genio y su musa, o sea, Gala. “La lucha contra el mundo moderno tiene que ser solitaria. Donde haya dos hay traición”, escribió Gómez Dávila, y Dalí, que presumía de no tener un solo amigo porque Gala colmaba toda la potencia afectiva de su corazón, no luchaba contra el mundo moderno sino que más bien ampliaba sus márgenes para hacer hueco en él a su disparatada egolatría. En estos tiempos de socialdemocracia espiritual –una forma de pacatería supletoria y simétrica del pietismo santurrón­– que glorifican la humildad de los que no pueden ser otra cosa que humildes, Dalí nos señala el santo camino de la autorreferencia:

–Cada mañana, cuando me levanto, experimento una exquisita alegría, la alegría de ser Salvador Dalí, y me pregunto entusiasmado: “¿Qué cosas maravillosas logrará hoy este Salvador Dalí?”

Claro que es un camino sólo transitable por algunos elegidos, y en la im-pres-cin-di-ble entrevista concedida a Soler Serrano el propio genio rizaba el rizo de la modestia vanidosa:

–A medida que me admiro más, encuentro que soy una real catástrofe. Si hubiera dos mil Picassos, treinta Dalís o cincuenta Einsteins, el mundo sería prácticamente in-ha-bi-ta-ble. Pero que nadie se espante: no los hay.

No los hay, y por eso veneramos a los pocos que afloran. ¿Pero por qué la modestia en Dalí habría sido pecado? ¿Por qué suspendió el examen de graduación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando –enojando mucho a su freudiano padre– al negarse a desarrollar el tema de Rafael ante un tribunal de tres catedráticos, alegando que él sabía más sobre Rafael que los tres miembros del tribunal juntos? Pues porque, efectivamente, sabía más. Todo el genial invento de la personalidad de Dalí se sustenta en un talento nato para el dibujo, una dolorosa hiperestesia, una técnica superdotada, un estudio obsesivo de los maestros del Renacimiento italiano y del Barroco español, una imaginación densísima, una formación intelectual de primer orden. Sin nada de eso, Dalí se habría quedado en Damien Hirst o en cualquier otro payaso del star system museístico posmoderno.

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14 agosto, 2013 · 12:23